DE PEDRO NOA A GARCÍA BORRERO (4)

Estimado amigo:

Lo primero que quiero confesarte es que me gustaría mucho poder visitar “El Callejón de los Milagros”. A pesar de los problemas e insuficiencias tecnológicas que aún pueda tener, creo que es un intento muy útil y poco común en las ciudades cubanas, incluida la capital. Claro, hay que reconocer que detrás de eso existe una tradición de cinefilia camagüeyana probada y comprobada con los años.

Recuerdo que cuando se puso de moda los cursos a través de Universidad para todos, uno de los primeros fue el de cine. En aquel momento, me molestaba que solo se enfocara la estética cinematográfica desde cómo hacerlo y no cómo analizarlo. La explicación radicaba en un enfoque mantenido por el Icaic, más urgido –en sus inicios- de formar nuevos técnicos y especialistas, a partir de la política “parteaguas” implementada por Alfredo Guevara, de solo traer a su lado a los jóvenes inexpertos y algunos técnicos relacionados principalmente con Cine Revista, y dejar fuera a todos los que habían colaborado con la industria pre 1959, ya fuera aquí o en México.

Previo aquel curso, con sus limitaciones, y cuyo folleto debo tener guardado en algún lugar de mi casa, la enseñanza del cine era muy limitada. El Icaic editaba libros mimeografiados, de los cuales casi nunca declaraba la fuente bibliográfica original y llegaba a unos pocos. Afortunados éramos los que conseguíamos un ejemplar. Esta edición iba paralela a lo que, en los primeros años, hizo por introducir algunas teorías cercanas y de alguna forma convergentes con las teorías marxistas leninistas.

Otra fuente de aprendizaje estaba en la Universidad de La Habana con su establecido cine club y el Departamento de Medios de enseñanza, fundado desde la década de los sesenta, donde se empezó a producir materiales cinematográficos para la enseñanza universitaria. Ellos eran otra fuente de bibliografía para los que deseaban traspasar la cinefilia de salas de proyección y deseaban aventurarse en la creación, muchas veces mediante el movimiento de cine clubes.

La década de los ochenta trajo a todas las universidades del país los cursos de apreciación artística, y uno de ellos era el de apreciación cinematográfica. Recuerdo que las herramientas con que contábamos los profesores que enfrentamos esas clases, impartidas lo mismo en la Universidad de La Habana a todas sus Facultades como en el Instituto de Ciencias Agropecuarias de La Habana (ISCAH), donde yo laboraba, eran una mezcla entre tecnología rudimentaria y explicación de un lenguaje común para un técnico o un crítico. Por alguna biblioteca se puede todavía encontrar los dos tomos del libro Apreciación cinematográfica, coordinado y escrito por Norge Marrero, entre otros profesores.

Los principales cambios vinieron con la llegada del video recorder en esa misma década. El cambio tecnológico acercó a todo el mundo a la realización, pero empezó a cambiar el lenguaje. Ya no se decía filmar, sino grabar. Y apareció un nuevo producto que era la película grabada en video, a la cual simplemente le decíamos “video”.

Este nuevo habitante de la galaxia audiovisual imponía para la realidad creativa y docente cubana nuevos retos. Primero, porque los equipos no estaban al alcance de todo el mundo. Sin embargo, hubo una intención estatal de que se pusiera en función de la educación con la creación de los grupos de video.

Para los profesores, nos llegaba con retraso una nueva forma de llevar el cine al aula. No dependíamos de los proyectores y las “marcas” (selección y alquiler de las películas) en los centros provinciales de cine, y podíamos conseguir mejores títulos y verlos en un televisor con una cassetera, con las ventajas de detenerlas, rebobinarlas o conservarlas de un curso para otro. Primero en beta, después en VHS.

Este nuevo medio nos fue alejando de ese otro que era el cine. Lo que parecía una liberación de sus limitaciones, se convertía en utilizarlo ya procesado, y quedó atrás su terminología técnica y su disfrute en las condiciones genésicas. Al punto que apareció la política de sustituir la proyección de filmes por la exhibición a través de casseteras en todos los lugares, incluidos las propias salas cinematográficas.

Paradójicamente, la última década del siglo trajo un renacimiento de la teoría sobre el séptimo arte. Quizás porque la academia se iba zafando de las ataduras marxismo leninismo como única teoría válida. A lo mejor porque comenzaron a llegar (muchas veces de forma caótica) otros enfoques, el análisis cinematográfico fue penetrando en la crítica. Pero entonces se fijó la atención en el texto audiovisual y su desconstrucción, no en su producción.

El arribo de lo digital y su “democratización”, al permitir el acceso cada vez mayor a cualquier tecnología de alta profesionalidad, por los usuarios más variopintos, “le puso la tapa al pomo”.

Lo anterior lo complementó una mala y descontrolada política por parte de los responsables, léase ICAIC, ICRT, y las organizaciones que pudieron influir en los cambios como la UNEAC, que fomentaron el caos de exhibición y abandonaron las salas de cine a su buena fortuna.

Hoy existen muchas personas interesadas en conocer sobre el audiovisual, cierto, pero su interés se centra, por lo general, en el “know how” que le permita convertirse en un intruso con cierta capacitación en el mercado de los video- clips, los cumpleaños, las bodas, etc.

La cinefilia aparenta ser creciente; pero sin base. Es parte del consumismo voraz, facilitado por las capacidades de almacenamiento de los artefactos. En el interés del consumidor espectador solo está lo último lanzado por “el paquete”. Su memoria apenas se remonta a tres películas o series vistas esa misma semana.

Las aplicaciones que desea tener en su teléfono inteligente son las que le permitan subir fotos personales a Facebook, y conseguir “likes” de la aldea global, y, por supuesto, que tenga cámara para fotografiar todo lo que los profesores escriben en la pizarra o exhiben en Power point, para no perder tiempo copiando a mano.

¿Sueno apocalíptico? Puede ser. Por eso continúo este diálogo contigo, que me remueve muchos demonios acumulados en más de treinta años de enseñanza del audiovisual, donde tampoco he sido perfecto.

No sé si me fui de tema y de extensión

Un abrazo

Pedro Noa

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Publicado el octubre 2, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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