DE GARCÍA BORRERO A PEDRO NOA (4)

Querido amigo:

Si por mí fuera, dejara este tipo de intercambios entre nosotros como una sección permanente dentro del blog. Quizás me equivoque, pero creo que es la primera vez que en Cuba dos investigadores de cine dedican parte de su tiempo a pensar críticamente el uso de la tecnología en la enseñanza audiovisual.

Por lo general, los críticos de cine hablan del cine como arte, olvidando que si una expresión artística ha dependido y sigue dependiendo del desarrollo de la tecnología, es precisamente el cine. Pero, a diferencia de algunas de las investigaciones que ya se han desplegado en la televisión y la radio, acá todavía estamos esperando la Historia de las tecnologías que han condicionado las estéticas cinematográficas.

Esto ha traído como consecuencia que, en términos académicos, muchas veces nuestro conocimiento del cine descanse más en el enfoque idealista que en la visión material y pragmática que propiciaría una narrativa centrada en lo fáctico, en lo tecnológico.

Es sublime elaborar Historias del cine donde solo se encumbre lo que ostenta “grandes valores estéticos”, pero una Historia así apenas está tomando en cuenta la porción de realidad que le interesa al experto, encarnado casi siempre en un cinéfilo apasionado que sacrifica todo lo que huela a consumo vulgar con tal de proteger su Parnaso fílmico. Digamos que por allí anda el paradójico rechazo que en el fondo siente nuestra crítica de cine a la hora de examinar a fondo los cambios que las tecnologías emergentes están provocando en la producción, distribución y consumo del audiovisual.

Y mientras tanto, sin importar los silencios de los expertos, la gente sigue cambiando a diario su modo de ver cine. Y esto es lo que, en términos de Políticas Públicas, más nos debería inquietar. Porque podremos organizar todos los encuentros que se quieran para hablar del cine, el espectador, las grandes películas, que si no conseguimos articular una agenda práctica con acciones mínimas que contribuyan a impulsar dentro de la comunidad un cambio efectivo, entonces todo se quedará en el campo de la retórica.

Con nuestro Proyecto El Callejón de los Milagros lo que estamos intentando construir, precisamente, es una agenda práctica acompañada de un cuerpo de ideas que se discuten y actualizan en la misma medida en que se hacen las cosas. Ya son varias las acciones emprendidas. Te enumero algunas:

1) Implementación de un wifi que permite la conexión gratis en todo el Paseo Temático del Cine.

2) Portal “El Callejón de los Milagros”, con recursos que pueden ser descargados gratuitamente por la comunidad.

3) Mediateca construida con tecnología Omeka

4) Instalación de la plataforma Moodle para impartir cursos online

5) Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales (frecuencia anual)

6) Cibertertulias (frecuencia mensual)

7) Espacios temáticos (Pasando revista; El jueves de la Liga; Psicocine; Garaje sonoro) donde intentamos extender y poner en práctica la informatización de la gestión cultural.

Estas acciones han permitido construir en ese entorno una suerte de hábitat digital (todavía muy precario, lo admito) donde sería posible proponer la enseñanza audiovisual desde perspectivas múltiples. ¿Por qué, si están creadas todas las condiciones, no se avanza como se podría esperar?, ¿por qué las alianzas con Educación y la Universidad no han conseguido consolidarse? Pues por lo mismo que te decía con anterioridad: que aún no hemos formado usuarios creativos, por lo que la resistencia analógica sigue siendo hegemónica.

Por otro lado, esa formación jamás logrará concretarse por un encargo estatal. Si las personas no están motivadas, sencillamente no asumirán la ciberalfabetización como algo que les puede beneficiar en el plano personal. Sin motivación, sencillamente, nada camina, pero allí es donde comienza el círculo vicioso, porque, ¿cómo puede motivarse a un individuo que se niega a conocer los posibles beneficios?

Para mí la solución tiene que llegar con los Programas Públicos que nos enseñe a pensar en red, y con una perspectiva transversal, todos esos problemas de la sociedad en la cual la educación sería la base del desarrollo posterior.

Pero esa educación no se puede delegar por entero en las instituciones escolares, porque sabemos que hoy la escuela compite con una multitud de saberes informales que marcan a los niños y niñas de modo enérgico, incluso antes de entrar por primera vez al colegio. De allí que aquello que señalaba Mañach en el ya lejano 1959, siga gozando de una vigencia increíble:

Hay muchos padres y madres para quienes la casa no es sino un ámbito de más o menos cariñosa licencia, una pequeña selva, o una especie de vacación de la disciplina escolar. De ahí que haya de pesar tanto sobre las instituciones docentes la tarea suplementaria de formar moralmente a los cubanos”.

Es por eso que sería tan importante diseñar una Política Pública que piense la ciberalfabetización desde las humanidades digitales. Es decir, no solo atendiendo a la capacitación técnica que puede aportar un centro docente, sino como parte natural de un conjunto de vidas que, incluso sin tener idea de lo que significa el término informatización, ya está afectado por este, nuestro nuevo espíritu de época.

Un abrazo grande,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el septiembre 29, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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