CONVOCATORIA 3er. ENCUENTRO DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA

3er. Encuentro de la Crítica Cinematográfica

La Habana, 1 al 3 de noviembre de 2018

PERSPECTIVAS TEMÁTICAS:

1. 1968 y el cine mundial

El año 1968 es un año clave para el mundo occidental. Forma parte de un periodo que sigue suscitando preguntas, por lo cual hay que revisitarlo una y otra vez.

En distintos lugares del planeta son reprimidos movimientos estudiantiles progresistas como los sucesos del mayo parisino, la masacre de la Plaza de Tlatelolco en México, las represiones en universidades norteamericanas, los asesinatos de Martin Luther King Jr. y Robert Kennedy. Es Vietnam, la llamada Primavera de Praga, concluida con la entrada de los tanques soviéticos, por solo mencionar algunos acontecimientos imprescindibles.

El cine internacional estrena títulos antológicos que dialogan con los cambios que se están produciendo en el orbe y en la producción cinematográfica: “2001: Odisea del espacio” (Stanley Kubrick), Teorema (Pier Paolo Pasolini), “El bebé de Rose Mary” (Roman Polanski), “If…” (Lindsay Anderson), “Érase una vez en el oeste” (Sergio Leone), “Flesh” (Andy Warhol), “One plus one” (Jean Luc Godard), Mandabi (Ousmane Sembene), “Profundo deseo de los dioses” (Shohei Imamura), “Kôshikei” (Nagisha Oshima), “El color de la granada” (Sergei Parajanov), “Golden Swallow” (Chang Cheh), “La Vergüenza” (Igmar Bergman), “Silencio y grito” (Miklos Jancsó) entre otros muchos.

En América Latina se está comenzando a consolidar el movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano en un contexto extra cinematográfico también turbulento. En ese año se produce el estreno de clásicos como “La Hora de los Hornos” (Fernando Solanas y Octavio Getino); pero también de cintas imprescindibles y no reconocidas por este movimiento: “Fando y Lis” (Alexandro Jodorovski), “El bandido de la luz roja” (Rogério Sganzerla), “Tres tristes tigres” (Raúl Ruiz) o el documental “El Grito” (Leobardo López Arretche).

La incitación en esta temática está dirigida a revisitar este periodo tanto desde el estudio de los filmes estrenados y que hoy se pueden considerar antológicos, como a analizar los procesos operados en los países y sus zonas geográficas desde su incidencia en las industrias cinematográficas, así como la radicalización de algunos movimientos, dígase el Grupo Dziga Vertov en Francia o el propio Nuevo Cine Latinoamericano.

2. 1968 y el cine cubano

Este año para el cine cubano marca un punto culminante en los primeros esfuerzos de estructurar una industria bajo el apoyo estatal. Coincide con el estreno de varios largometrajes y documentales demostradores de una madurez en las formas de contar y dialogar con el entorno extra cinematográfico: “Memorias del subdesarrollo” (Tomás Gutiérrez Alea), “Lucía” (Humberto Solás), “Coffea arábiga” (Nicolás Guillén Landrián), “Hombres de Mal Tiempo” (Alejandro Saderman), “En la otra isla” (Sara Gómez), “LBJ” (Santiago Álvarez), “Salón de Mayo” (Bernabé Hernández).

Proponemos que este periodo sea analizado desde una posición que –como escribió Juan Antonio García Borrero en su blog “Cine cubano, la pupila insomne”- deje de lado los lugares comunes y revisite cada uno de los textos estrenados ese año con nuevos enfoques teóricos, en los cuales esté presente el país en su evolución dentro del proceso revolucionario y como parte del mundo cambiante que nos rodeaba. Acercarnos al año 1968 cubano y su cine como un punto colocado dentro de una etapa iniciada antes y extendida al próximo decenio.

3. Institucionalidad, modelos de producción y el futuro del cine cubano

La institucionalidad cubana está sometida, en estos momentos, a debate con el objetivo de perfeccionarla. La institución cine no escapa a ese sentimiento nacional. Ella se encuentra inmersa en importantes cambios que se han venido produciendo en el artemundo cinematográfico desde hace varios años no solo en nuestro país, sino en el resto del planeta.

Las instituciones se conforman como estructuras más o menos cristalizadas o estables de procesos sociales e histórico-culturales por lo cual dichas instituciones poseen también sus determinaciones y correlaciones necesarias. No viven en la pura actualidad, arbitrariedad y subjetividad.

La institución arte en Cuba hoy está constituida por grupos de personas organizadas o no por las dependencias estatales, pero relacionadas entre sí. Dichos colectivos o entes individuales incluyen no solo a las personas designadas para funciones administrativas y/o organizativas, sino también a artistas, productores, curadores, visitantes, público, reporteros, críticos, teóricos, filósofos, historiadores del arte; así como cualquier otro que se considere a sí mismo parte del artemundo. Todos aspiran a tener los mismos derechos de expresión y representación jurídica ante lo institucional que, si bien no determina todas las singularidades de los signos, las estructuras sígnicas y los modelos imaginales, obra a obra, creador a creador, receptor a receptor, sí decide las funciones sociales y generales del arte, como conjunto, e incluso en cada campo o clase de arte: funciones comunicativas, funciones creativas o productivas, funciones lúdicas, funciones valorativas, entre otras.

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Publicado el agosto 28, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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