DESDE MI COMARCA AL NUEVO MUNDO

Ayer se grabó en el Paseo Temático del Cine el programa infantil “Desde mi comarca” (Televisión Camagüey). Hasta ese momento los niños que hacen el programa no sabían que en ese lugar hay una Wifi gratis, con un Portal que contiene muchísimos recursos educativos, los cuales pueden ser descargados sin costo alguno. Lo interesante es que, una vez más, los niños se conectaron en cinco minutos y ayudaron a algunos adultos presentes a navegar por esa red local.

Esto pone de manifiesto par de cosas: no basta con que tengamos la infraestructura creada; se necesita promover una formación de usuarios que permita poner en manos de los estudiantes y profesores no solo los dispositivos móviles, sino también los conocimientos básicos que los empuje a insertar en sus vidas, de un modo natural, el uso creativo de la tecnología.

Por eso es que resultaría tan importante que, además de la interacción de los niños y niñas entre sí, pueda apreciarse la presencia activa de los adultos (los padres y maestros). El trabajo con esos niños y niñas solo será efectivo si conseguimos garantizar un escenario donde el aprendizaje no tenga un perfil unidireccional, sino que se haga sólida la impresión de que todos estamos aprendiendo.

Quiero conectar esta idea con lo que ocurrirá el próximo sábado 28 de julio, a las once de la mañana, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo con la peña Cinema Payadiso, que conducirán los payasos Florecita y Cebollita. Para Denia Rodríguez León y Adiel Morales Rodríguez (que son los artistas que encarnan a Florecita y Cebollita) lo importante es motivar a los niños y niñas a que descubran el mágico mundo del cine a través del juego y la risa.

Por eso es que en esta primera ocasión estaremos presentándoles a los inolvidables protagonistas de esa extraordinaria película que es Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore. Como ya se ha apuntado en diversas investigaciones, más allá de los cambios tecnológicos y el tamaño de las pantallas que nos permiten apreciar las más insospechadas historias, las necesidades humanas que nos impulsan a consumir cine o audiovisual siguen siendo las mismas de antaño: necesidades cognitivas, afectivas, de integración personal y también social.

Pero eso sí: para que los nativos digitales se sientan motivados a hacer suyo el legado del cine (producto que responde por entero a la subjetividad analógica), necesitamos transformar nuestras antiguas metodologías en cuanto a comunicación. Tenemos que ser tan atrevidos e inocentes como esos niños y niñas a los que ahora mismo les guía eso que, como adultos, muchas veces ponemos en un segundo plano: la curiosidad intelectual ante lo nuevo.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el julio 21, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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