Archivos Mensuales: mayo 2018

DEL CARDUMEN Y OTROS DEBATES EN LA JIRIBILLA

Este texto pude haberlo escrito y publicado directamente en el blog. Pero me pareció más interesante enviarlo primero a La Jiribilla, toda vez que el motivo de su redacción está vinculado directamente a lo publicado allí, y a mí me interesa fomentar el diálogo crítico desde la institución.

Agradezco, pues, a La Jiribilla la publicación, y ojalá la revista siga acogiendo en su seno voces aún más diversas, y sobre todo acogiendo las voces de los cineastas, toda vez que lo que ahora mismo está en discusión es la suerte futura del cine cubano. Y este, en primer lugar lo hacen los cineastas.

JAGB

DEL CARDUMEN Y OTROS DEBATES

Hace unos días La Jiribilla publicó un artículo donde el intelectual Jorge Ángel Hernández critica el apoyo que el escritor Arturo Arango y yo, le hemos concedido a la Declaración que han hecho pública los jóvenes cineastas cubanos.

En su momento decidí no responder ese texto que, desde el inicio, advierte al lector que ha llegado por “carambola” y tarde a lo que se está discutiendo. Más bien agradecí la sinceridad del autor que confiesa que lo suyo es la simple opinión, esa que a modo de chisme uno emite cuando pasa por una esquina, ve alguna riña, y en lo adelante pone a circular habladurías que nunca describen la esencia de lo visto, sino solo la superficie.

Es obvio que a Jorge Ángel Hernández no le interesa promover un debate profundo de ideas donde él mismo se sienta parte del aprendizaje. ¿Para qué, si los que no piensan como él solo formulan disparates? Ese egocentrismo galopante es la causa de que en sus comentarios a posteriori todo se reduzca a defender su derecho a su “propia interpretación”, aun cuando la calidad de lo interpretado se vea seriamente deteriorada por la carencia de un conocimiento básico de lo que es el cine y sus dinámicas. ¿Qué sentido tiene debatir con alguien que confunde su opinión particular con la Verdad que entre todos estamos buscando, y se divorcia de manera tan radical de lo que ha estado sucediendo en los últimos quince años del audiovisual cubano?

Está claro que como individuo Jorge Ángel Hernández tiene todo el derecho del mundo a manifestar su enérgico rechazo al documento y a quienes lo apoyan: esa es una opinión que habría que respetar como mismo él tendría que respetar la de sus oponentes. En cambio, como revista cultural en la cual yo también he colaborado, La Jiribilla estaría obligada a tomar en cuenta las complejidades de lo que se expresa en el escrito de los jóvenes, que no es el resultado de una catarsis puntual, sino de muchas discusiones protagonizadas por los cineastas cubanos en los últimos quince años.

Esto quiere decir que, a diferencia de lo que sugiere la lectura simplificadora de Hernández (centrada en tomar como blanco de su ataque apenas la reacción emocional de dos “tembas”), para mí lo importante no estaría en el texto puntual suscrito por los jóvenes, sino en lo que sintomáticamente este revela como parte de un conjunto mayor de inquietudes que están argumentando la necesidad de actualizar nuestro modelo de gestión audiovisual. (Para seguir leyendo, pinchar aquí)

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KIKI ÁLVAREZ SOBRE EL SENTIDO DEL RELATO Y LA TRAGEDIA DEL CENSOR

Este texto me lo envió hace algún tiempo el cineasta Kiki Álvarez, con el fin de compartirlo con los lectores del blog. Pero por razones involuntarias no lo colgué en su momento. Por suerte, está escrito de un modo que no pierde vigencia, sobre todo porque el tema de la “censura”, por desgracia, no pierde vigencia.

El sentido del relato y la tragedia del censor

PorEnrique Álvarez

En la tragedia un sujeto recibe un mensaje que le está dirigido, lo interpreta mal, y la tragedia es el recorrido de esa interpretación.

Ricardo Piglia.

Había una vez… la mayoría de los cuentos infantiles comienzan con esta frase que incita la curiosidad por saber lo que pasó y el recorrido del relato está encaminado a satisfacer esa necesidad de conocer a alguien y acompañarlo en sus peripecias hasta lograr saber quién es. Por eso lo que más nos importa de una historia es su protagonista y sus vicisitudes. Por eso hacemos, escuchamos, leemos y vemos ficciones.

Cuando uno es niño y escucha la versión de los cuentos de la boca de sus padres siempre pedimos una vez más. Volver a escuchar un relato hasta aprenderlo de memoria es la única manera que tenemos de conocer y comprender al mundo. El sentido del relato, de cualquier relato, es ponernos frente a un espejo; el sentido de leer, de percibir una historia, es viajar hacia nosotros mismos.

Por eso enfrentar una historia, disponerse a la sucesión de unos acontecimientos, requiere de la inocencia de un niño que no ha perdido la capacidad de identificarse con un personaje, ni el gozo de asombrarse ante el misterio de la existencia. Por eso Sancho Panza es el mejor lector de un Quijote que se enfrenta a un mundo que se ha vuelto relativo, incierto y que ya no puede comprender y atravesar sino es desatando su fantasía y su individualidad.

¿Qué es la verdad? ¿Hay una verdad absoluta? Hoy la verdad es una conjunción polifónica, promiscua, de puntos de vista, construcciones ideológicas, prejuicios morales y un sinfín de mensajes que pretenden modelar, condicionar y programar nuestra capacidad de interacción con otros sujetos y con la realidad.

En un mundo empobrecido por tantas mediaciones, los individuos quedamos sometidos a formas de relatarnos la vida que, además de normativas, no sirven para explicarnos la complejidad del entramado social en el que nos movemos. Lee el resto de esta entrada

PRESENTACIÓN DE “TRES REINAS” (2017), de Ivexy Arencibia

El próximo 31 de mayo (último jueves del mes), estaremos presentando en la Cibertertulia correspondiente a mayo, el documental Tres reinas (2017), de Ivexy Arencibia. El documental brinda el testimonio de tres mujeres que fueron Reinas del San Juan camagüeyano en tres épocas diferentes.

Además de la directora tendremos como invitado a Reinaldo Echemendía, director del Ballet Folklórico de Camagüey, y gran conocedor de las tradiciones del San Juan camagüeyano.

LA MADRE EN EL CINE CUBANO

Mis amigas feministas, con Danae Diéguez a la cabeza, me han enseñado que al cine hay que entrar cargado de sospechas. Mientras más clara la moraleja fílmica, mientras más explícita la interpretación que propongan los realizadores, más motivos hay para no desdeñar una lectura sintomática que indague en el trasfondo de ese conjunto de imágenes y sonidos.

La realización del cine por lo general ha estado en las manos de los hombres. Han sido ellos los que, desde lo patriarcal, siguen naturalizando el orden de las cosas que vemos representadas en pantalla. Y ha sido tan eficaz esa estrategia, que cuando algunas veces las mujeres toman la cámara, reproducen la forma falocéntrica de mirar.

Pensemos ahora en la representación que ha tenido en el cine cubano la figura de la Madre, ese gran misterio que para José Lezama Lima:

(…) es una bahía en el naufragio. Es la mano que acaricia nuestra frente y nos refresca como el agua del más sumergido manantial. La única cosa eterna en esta vida es la madre. Cuando decimos la madre de un río aludimos a su soporte, su secreto, lo que aumenta su caudal. Siempre en la vida nos acompaña nuestra madre”.

En La pared de las palabras (2014), Fernando Pérez consigue construir una imagen muy cercana a la descripción lezamiana. Gracias a los excelentes trabajos interpretativos de Isabel Santos y Jorge Perugorría, uno como espectador asiste a una relación llena de sutilezas, donde no es solo la vocación por el sacrificio y la entrega incondicional al cuidado del hijo lo que se pone de manifiesto, sino también las paradojas que entraña el ejercicio de esa responsabilidad.

Lo decía Simone de Beauvoir en aquel famoso ensayo (“El segundo sexo”) escrito en 1949: “No se nace mujer: llega una a serlo”. Pero, ¿qué pasa cuando el nacimiento social de la mujer (con todos esos imperativos de género que dicta la sociedad patriarcal) comienza a interferir en el papel natural de la madre, que es algo que tendríamos que asociar a su esencia, a lo ontológico, y en muchos casos, a la Nación (la Matria) misma?

En un excelente artículo publicado en “La Gaceta de Cuba” Nro. 5 del 2001, el crítico Pedro Noa nos habla de la representación de la madre en el cine cubano, a partir de los filmes Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega, Los pájaros tirándole a la escopeta (1984), de Rolando Díaz, y Madagascar (1994), de Fernando Pérez. La mirada del experto nos revela las carencias que aún tiene nuestro audiovisual a la hora de imaginar universos donde la mujer cubana adquiera su emancipación total.

Pues no basta con reflejar los logros sociales alcanzados, esos que nos permiten apreciar la cada vez más creciente incursión de las mujeres en áreas importantísimas del desarrollo nacional: como espectadores y espectadoras todavía tenemos un mundo enorme de complejidades por descubrir.

La buena noticia es que cada vez hay más mujeres accediendo a la dirección cinematográfica. Y lo mejor es que acceden con la conciencia de que ningún encuadre es inocente: que lo que se deja de mirar es tan, o más importante, que aquello que no se ofrece a los ojos de los espectadores.

Por lo pronto están allí todas esas películas donde la madre cubana se nos revela de las más disímiles maneras, pero con un denominador común que las asocia a la cercanía que nos protege, aún en sus flaquezas: la madre que Verónica Lynn asume en Lejanía (1985), de Jesús Díaz, está hecha de la misma madera aglutinante que sostiene a la que ella también nos regala en Video de familia (2001), de Humberto Padrón. O la Adela de Aurora Basnuevo que guarda luto permanente en el corto de Humberto Solás enseña la misma fiereza maternal que Broselianda Hernández en Fátima o el Parque de la Fraternidad (2014), de Jorge Perugorría.

Todas ellas son madres donde finalmente uno descubre el absurdo de querer representarlas en un arquetipo. Pues cada madre es única, y por ello mismo, para contar sus historias, no nos alcanzarían ciento veinte vidas.

Juan Antonio García Borrero

ERNESTO DARANAS SOBRE LAS PALABRAS DEL CARDUMEN

Agradezco a Ernesto Daranas el envío de esta reflexión que desea compartir con los lectores del blog.

 ¿Qué quieren los cineastas cubanos? A propósito de las Palabras del Cardumen.

 El trabajo de los cineastas por renovar el panorama del cine cubano abarca ya más de una década. Si bien no hemos logrado resultados concretos, el proceso ha ido forjando la unidad de un gremio interesado en armonizar a las diferentes generaciones y tendencias que lo integran. En ese ya largo camino hemos alcanzado importantes consensos, levantados a menudo sobre apreciables diferencias, prueba de que es posible el diálogo cuando el objetivo general es incluyente y cada criterio es tratado con respeto.

Es en ese espíritu que muchos cineastas hemos hecho propias las recientes Palabras del Cardumen. No necesitamos estar de acuerdo con cada coma para eso y no pediremos a nuestros jóvenes cineastas la perfección y la mesura que no han tenido sus interlocutores. El propio diálogo al que ellos convocan debe servir para abordar matices y diferencias. En el pasado inmediato se encuentra la 17 edición de la Muestra, destacable por la calidad de varias de las obras en ella exhibidas y lastrada por la torpeza cultural, política y mediática con la que fue manejada. Tal como comenta Arturo Arango en su artículo La naturaleza del cardumen, “en ambas orillas hay quienes están pescando en las aguas de un río muy revuelto”. Aguas estancadas por la ausencia de diálogos verdaderos que nos impiden, una y otra vez, aprovechar lo esencial de cada lógico y necesario encontronazo. Lee el resto de esta entrada

UN TEXTO EN LA JIRIBILLA SOBRE LA DECLARACIÓN DE LOS JÓVENES

Me acaban de enviar a mi buzón un texto publicado por Jorge Ángel Hernández en La Jiribilla, donde el autor cuestiona el apoyo que Arturo Arango y yo le hemos brindado a la Declaración pública circulada hace poco por los jóvenes cineastas cubanos.

No voy a rebatir ese texto, primero, porque en la Cuba del futuro que me gusta imaginar viviremos alguna vez, ha de manifestarse como algo natural el desacuerdo civilizado. Y segundo, porque ensalzarme en un debate a partir de lo expuesto en ese comentario puntual, arrojaría una densa cortina de humo sobre las cuestiones esenciales de las que habla la Declaración, y que son las que se tendrían que discutir públicamente (la Ley de Cine, por ejemplo, que ninguno de sus detractores ha sabido explicar en qué afectaría el funcionamiento de las instituciones o pondría en peligro a la Revolución).

Prefiero entonces que sean los lectores los que construyan sus propias conclusiones. Y si mañana alguien se siente animado a conversar (no a imponerme sus prejuicios) sobre estos temas donde todos (ciudadanos y servidores públicos) estaríamos aprendiendo, pues con gusto le dedico mi tiempo. Eso sí: recuerdo a tirios y troyanos que en este blog personal no se permite bajo ningún concepto el insulto, y mucho menos el linchamiento de quienes piensan diferente, vivan en La Habana, Miami, Barcelona o Remangalatuerca.

He tratado de construir un espacio donde los argumentos tengan el protagonismo por encima de la intolerancia de quienes ya creen saberlo todo. Y me interesa la complicidad de quienes, si de veras quieren ayudar a que el sistema institucional cubano se fortalezca, sean capaces de ver las luces y las sombras de ese conjunto de instituciones que yo también quiero, y dejando a un lado la retórica estridente, ayuden a reconstruir en la práctica (no en Internet) todo lo que merece ser reconstruido.

Juan Antonio García Borrero

De la naturaleza de las emociones y la falacia del cardumen

Jorge Ángel Hernández • Cuba

lajiribilla@lajiribilla.cu

Confieso mi tardío descubrimiento de la Declaración “Palabras del cardumen”, supuestamente emitida por jóvenes realizadores. Digo supuestamente porque detallan como necesidad lo que se ha debatido a otras edades y en otros escenarios y son bastante precisos a la hora de reclamar lo que no logró consenso en las negociaciones, ni institucionales ni en la perspectiva intelectual que sobrepasaba al estrecho grupo demandante. Se hacía, por cierto, desde el enclave de la pertenencia a una Organización como la UNEAC, que ha dejado bien clara su postura respecto al tema referente en el contexto inmediato.

Descubrí la Declaración por carambola, concretamente, a través del texto que publicara Arturo Arango en OnCuba Magazine cuatro días después. Declara Arango su emoción ante el texto y glosa la sensación de otro crítico de cine: Juan Antonio García Borrero.

¿Puede un texto tan absolutista y pretencioso, tan falaz en sus evidentes paradojas, emocionar a un receptor desprejuiciado? Por supuesto que sí, sobre todo si el ámbito de codificación del receptor comparte la base falaz del emisor y desconoce el padecer de las víctimas del absolutismo.

El guión, pongamos que natural y emocionado, lleva a la glosa, o a la incondicional aceptación, como si de una iluminación religiosa se tratara. Mi lectura, reitero que tardía, de la Declaración, confirma las ideas que han circundado a la polémica, de la que he sido parte, y hasta víctima, amenazada y difamada. Aun así vuelvo al espacio público con mis criterios, alarmado no tanto por el manifiesto, que solo cambia de género para envolver su paquete ideológico, sino por el eco de quienes lo apoyan, al parecer más entrenados en la naturaleza de los pólipos que en la verdadera acción (natural) de los cardúmenes. Lee el resto de esta entrada

CONTRA EL CREATICIDIO: PROHIBIDO NO SOÑAR.

Todo evento cultural es, en el fondo, un sueño comunitario. Por eso la importancia de los eventos (que duran muy pocas horas), no debería medirse por lo que ocurra en su período de realización, sino por las secuelas que deja en el día a día posterior de sus participantes. Un evento debería ser la semilla que fecunda la creatividad cotidiana de la comunidad donde tuvo lugar el suceso: de lo contrario, tendría más de efímera reunión familiar que de acontecimiento cultural con alguna trascendencia.

De allí que no sería aconsejable conformarnos con lo sucedido recientemente en el Tercer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, por gratificante que haya sido la presencia física de Jorge Luis Tapia Fonseca (Primer Secretario del PCC en la provincia) e Isabel González Cárdenas, Presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, en la inauguración del mismo.

O que como parte de su programa de actividades, dejásemos inaugurada la Mediateca “El Callejón de los Milagros” que, gracias a la plataforma Omeka, permite a los usuarios interactuar y compartir libros o recursos de todo tipo vía Wifi, o la cartelera electrónica diseñada por el Grupo Smart Soluciones, o los Talleres de creatividad impartidos a niños y niñas de quinto y sexto grado. Todo eso estuvo muy bien, pero la pregunta que nos desafía es: ¿cómo mantenemos ese entorno de creatividad?

A mí siempre me gusta recordar que la idea del Proyecto para el Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros” de Camagüey, nació a raíz de lo expuesto por el hoy presidente del país Miguel Díaz-Canel en las conclusiones del VIII Congreso de la UNEAC. Y todo lo que se ha venido haciendo en estos cuatro años forma parte de aquel conjunto de propuestas que se discutieron y elevaron, incluyendo la implementación del “Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual” diseñado por el ICAIC. Lee el resto de esta entrada

DECLARACIÓN PÚBLICA DE JÓVENES CINEASTAS CUBANOS

Me he emocionado mucho con este texto recibido en mi buzón. Me hizo regresar a esos tiempos en que, con Alfredo Guevara a la cabeza, los cineastas del ICAIC se asomaban a la esfera pública para defender con gran pasión sus principios. A uno podrán gustarle más o gustarle menos las películas realizadas por estos jóvenes (que al final son solamente eso: películas), pero este texto lo apoyo con las dos manos en alto, porque nos habla del gran capital cívico acumulado en quienes lo suscribieron.

JAGB

Cardumen

Luego del debate público sobre la censura y los modos de producir audiovisual en Cuba, generado a partir de la 17 Muestra Joven ICAIC, jóvenes cineastas cubanos hacen pública su declaración. Si eres cineasta o seguidor del cine cubano puedes adherirte a los firmantes escribiendo en los comentarios la etiqueta #FirmoSoyCardumen o enviando un correo a el.cardumen.cuba@gmail.com. No olvides compartir por cualquiera de las vías ni dejarnos tu nombre completo y tu profesión u oficio (opcional). La lista de firmantes acompañará este documento y se actualizará periódicamente.

PALABRAS DEL CARDUMEN. DECLARACIÓN DE JÓVENES CINEASTAS CUBANOS.

Somos los cineastas del cardumen. Nuestro cine se opone al de la falsa esperanza, a ese cine complaciente que no busca generar diálogos productivos con el espectador y pretende adormecerlo para que reproduzca miméticamente conductas, valores e idearios desgastados, desconectados del complejo contexto en que nos ha tocado vivir.

Somos continuadores de un cine inconforme y revelador, ese que el ICAIC acogió y defendió, de amplia tradición dentro del Nuevo Cine Latinoamericano. Por ello, no aceptamos zonas de silencio en nuestra historia ni obstáculos para el conocimiento y la representación artística de esta, aun de aquellos sucesos más cuestionables. El dolor acallado solo genera represión, odio e hipocresía social.

Somos parte de esta sociedad y estamos comprometidos con ella de forma creativa y crítica. En medio de la apatía, el individualismo y el automatismo predominantes, hacer cine es el gesto positivo mediante el cual participamos. Coartarnos es limitar esta participación y, con ella, nuestro aporte. Cualquier acusación que se cierna sobre nuestras películas debe atender primero los problemas de esa realidad que les sirve de referente, que las condiciona tonal y temáticamente.

Apostamos por un cine que nos permita reimaginarnos como nación de manera constante, en toda nuestra riqueza y diversidad. Un cine que se busque a sí mismo sin complejos: inclusivo, múltiple, arriesgado. Un cine que desactive los lenguajes viciados, que elabore su propia sintaxis. Que dude, porque fe que no duda es fe muerta. Que no tenga miedo de hablar del fracaso, de la decepción. Que tome consciencia de su poder transformador.

Padecemos la inexistencia de plataformas consolidadas y eficientes que nos permitan producir y distribuir legalmente nuestro trabajo como artistas. Nuestras obras nacen por las más diversas vías: utilizando recursos propios, aportes solidarios de colegas, fondos de cooperación internacional, crowdfundings y la gestión de productoras independientes ―estas tres últimas, sometidas a una burda campaña de descrédito―. A ellas se suman apoyos esporádicos y parciales que proveen instituciones y empresas estatales de la cultura u otros sectores. Todas estas vías juntas, sin embargo, no son suficientes para responder a nuestro potencial creador ni se integran de manera eficaz. Lee el resto de esta entrada

TITÓN: VOLVER SOBRE MIS PASOS, DE NUEVO

Como se ha dicho en varias oportunidades, este es el año en que se festeja el 90 aniversario del natalicio de Tomás Gutiérrez-Alea, y las cinco décadas del estreno de Memorias del subdesarrollo. Y una de las buenas noticias que acompaña a esa celebración tiene que ver con la nueva edición del libro-epistolario (ya agotado), Volver sobre mis pasos. Comparto un fragmento de la introducción.

JAGB

TITÓN: VOLVER SOBRE MIS PASOS, DE NUEVO (Fragmento)

En el año 2007, la actriz cubana Mirtha Ibarra sorprendió a todos los estudiosos del cine cubano con el libro “Tomás Gutiérrez-Alea: Volver sobre mis pasos”[1], publicado en España por Ediciones Autor. Doce meses después aparecía en Cuba con el sello de Ediciones UNIÓN[2]. En ambos volúmenes podemos encontrar una selección de cartas enviadas por Tomás Gutiérrez-Alea, quien todavía es considerado el cineasta más destacado de la historia del cine cubano.

Hoy es difícil encontrar algún ejemplar de aquellas tiradas: todos los libros se agotaron de inmediato. Para los estudiosos de esta práctica cultural que ha sido la realización audiovisual en Cuba, la obra resultaba reveladora en muchos sentidos. En sus misivas, Titón no solo nos hablaba de su oficio, sino que se encargaba de describirnos el entorno en que, como ciudadano e intelectual, se estaba moviendo, y las ideas que en cada caso lo motivaba a intervenir en la esfera pública.

Esto explicaría la excelente recepción que conoció en su momento “Volver sobre mis pasos”, y la necesidad de una reedición actualizada y crítica. Con las cartas seleccionadas por Mirtha Ibarra, se nos estaba introduciendo al universo del cine cubano a través de una perspectiva que, por lo general, suele ser desechada: la perspectiva que origina intelectualmente el hecho fílmico, o el hecho material (léase películas), ese que después los historiadores contabilizan de modo cronológico en el relato oficial.

Pero es obvio que la simple publicación de un conjunto de cartas inéditas, por interesantes que ellas puedan resultar, no nos garantiza que podamos aprehender la complejidad de ese universo en el cual el individuo que las suscribe, se encuentra inmerso. De allí que en esta nueva edición de “Volver sobre mis pasos” se agradezcan las informaciones que acompañan a las mismas, pues no solo le suministran al lector datos sobre el destinatario, sino que permiten establecer conexiones intelectuales más ambiciosas, en tanto que las ideas que se comparten entre dos individuos en una misiva, en realidad están dialogando con la época, con la sociedad, aun cuando no se mencione de un modo explícito la razón de ese intercambio.

Por otro lado, no es casual que esta nueva edición del epistolario de Tomás Gutiérrez-Alea aparezca en el año en que se festejan las nueve décadas de su natalicio, y las cincuenta del estreno de Memorias del subdesarrollo (1968), la película cubana que todavía sigue encabezando la selección que de modo periódico se realiza con el fin de legitimar el canon fílmico de la nación.

Uno podría preguntarse qué sentido tendrá para los jóvenes nacidos en esta época, donde el compromiso explícito de los cineastas con el cambio social pareciera cosa exclusiva del pasado, la aparición de un volumen donde se resalta la vocación política del realizador de Memorias del subdesarrollo y Fresa y chocolate, entre otras.

Pero es que este es un libro que deja ante nosotros al Titón más humano, y por ende, garantiza que mucho de lo que allí se lee pueda ser reconocido en sus esencias, más allá del lugar donde se viva, o la época en que se haya nacido. Las cartas de Gutiérrez-Alea hablan desde la angustia creativa, esa que suele avisarnos de la necesidad de abandonar en vida las ensoñaciones mesiánicas, para aprehender el mundo como lo que es: un espacio donde el inevitable desenlace que impone la muerte, nos recuerda a diario que, aunque breve, la vida puede ser hermosa a partir de la intensidad de los compromisos que asumamos en ella.

Juan Antonio García Borrero