Archivos diarios: mayo 28, 2018

1968 EN CUBA: UN AÑO PARTIDO EN DOS

La segunda sesión teórica del recién finalizado 24 Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, tuvo al año 1968 como eje temático de los dos paneles celebrados. En el primero, moderado por Antonio Mazón Robau, los panelistas María Antonia Borroto Trujillo y Reynaldo González nos hablaron de la presencia de la Guerra de los Diez Años en el cine cubano de esos momentos, mientras que el realizador Alejandro Gil expuso sobre su experiencia vinculada al rodaje de Inocencias, un filme todavía en post-producción que aborda el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. En el otro panel, que condujo Mario Naito, se examinaron de modo puntual algunos filmes: Dolores Calviño reflexionó sobre Aventuras de Juan Quinquín, de Julio García-Espinosa, Daniel Céspedes sobre Lucía, de Humberto Solás, y Mario Espinosa sobre Coffea Arábiga.

A mí me encargaron hablar de Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, pero preferí disertar sobre el año 1968 y lo que esa fecha todavía significa para nuestro imaginario nacional. Desde luego, comencé haciendo promoción de ese gran libro colectivo que coordinara Mariano Mestman con el título de “Las rupturas del 68 en el cine de América Latina” (Editorial Akal, 2016), y que en breve tiempo se ha convertido en un referente insoslayable para todos aquellos que desean obtener una visión de conjunto de lo sucedido ese año en el área.

Mi contribución para ese volumen se titula “Revolución, Intelectual y Cine. Notas para una intrahistoria del 68 audiovisual”, y en la misma parto de una idea manejada por el estudioso Rick Altman en su ensayo Otra forma de pensar la historia del cine, al proponernos “el modelo de las crisis” como herramienta de aproximación historiográfica. Para Altman, no es la estabilidad de los fenómenos que el historiador tradicional insiste en llamar “identidad” lo que explicaría el desarrollo de esa realidad que luego se simplifica teleológicamente en la Historia-relato, sino en todo caso la problematización de lo móvil, de lo que escapa constantemente a la domesticación epistemológica. Lee el resto de esta entrada

JORGE SANTOS CABALLERO SOBRE EL TALLER NACIONAL DE CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA

Los Talleres Nacionales de Crítica Cinematográfica: una mirada desde la distancia.

Por Jorge Santos Caballero

Acaba de concluir el XXIV Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, que organiza Camagüey desde hace 25 años. Fue por 1993, cuando Luciano Castillo y Juan Antonio García Borrero, con Armando Pérez Padrón, a la sazón director de Centro Provincial del Cine, se sumergieron en la aventura creadora de un evento que ha dado una nueva consideración a la crítica.

El pensamiento desarrollado en esa dirección generó no solo el reconocimiento de un evento como este, sino que despertó el interés de los críticos, cineastas, y de otros intelectuales con vistas a mirar desde la larga distancia -por cierto Camagüey está casi 600 Km de la capital del país- los ejercicios creativos del cine en las más diversas vertientes.

Las conclusiones iniciales llegaron al extremo de demostrar cuán necesaria es la valoración crítica del cine en su amplio espectro, y admitió asimismo que era vital pensar no clásicamente en cuanto al quehacer del séptimo arte y todo lo vinculado a él, mostrando en diferentes ocasiones las dicotomías existentes, o las divergentes formas en el tratamiento de su expresividad para colocar cada parte en el lugar que debe estar.

Pero fue más allá este evento, pues en vez de estimar una suerte de verdadera naturaleza en el cine, hurgó en las posibilidades de prevenir cómo este arte y lo que le ronda, podrá ser visto en años posteriores al dejar una certidumbre de su eficacia imposible de obviar.

Por supuesto, todo esto se ha ido enriqueciendo con el tiempo, luego de haberse efectuado con este veinticuatro Talleres. Una historia ya reconocida. Quizás por esa razón valga aquello de que el evento surgió contradictoriamente en el momento oportuno -1993-, y no rehusó llevarse a cabo pese a todas las contingencias -incluyendo ciclones-. En vez de tomarse un mero descanso, confirmó que la voluntad fue el lado amable de todo lo complicado.

Eso me pasaba por la mente mientras escuchaba la sesión final del Taller en la Sala de Video Nuevo Mundo. Nada enturbió el clima intelectual que prevaleció e, indudablemente, los críticos que expusieron sus textos en ese momento -y en otros- denotaban una madurez intelectual de primer orden. Lamenté algunas ausencias, algún amigo que no pudo asistir y manifestar su opinión, pero lo trascendente es que el Taller dejó muchas cosas buenas en relación con la reflexión. Lee el resto de esta entrada