Archivos diarios: mayo 24, 2018

LOS ECOS DE LA CIUDAD SIMBÓLICA, TODAVÍA

Ayer me sentí raro en la primera sesión del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica. Como si de repente el que ahora escribe esto se encarara con el que participó, hace 25 años, en aquella primera edición del evento.

De pronto llegaron a mi mente los amigos que, en pleno “período especial”, decidieron acudir al llamado del Centro del Cine de Camagüey: Carlos Galiano, Rafael Acosta de Arriba, Guillermo Bernal, Wilfredo Cancio Isla, Humberto González Carro, Antonio Mazón Robau, Mario Naito, Walfredo Piñera, Frank Padrón Nodarse, Raúl Rodríguez, José Rojas Bez, y Jorge Yglesias.

Y me puse a revisar un texto que escribí en el año 2005, donde en alguna parte anoto algo que todavía suscribo:

El Primer Taller Nacional de Crítica Cinematográfica se propuso revisar el estado de salud de nuestro pensamiento en torno al cine, pero también (y tal vez lo más importante) ofrecer estrategias, tácticas, planes, maniobras que nos permitieran no sólo recuperar el terreno que habíamos perdido, sino igual nos iluminara el que en lo adelante tendríamos que atravesar, tan distinto al de épocas precedentes. Los resultados de aquel primer encuentro no pudieron ser más edificantes: se habló de la falta de espacios, pero se fustigó con mucha más fuerza la ausencia de rigor que en no pocas ocasiones había deformado la función del crítico, para convertirlo ora en un ente manipulado por fuerzas extra artísticas, ora en un sujeto parlanchín, egocéntrico y usurpador de las funciones de Dios. Se dinamitó el mito de que el crítico es un ser superior, dotado de fuerzas sobrenaturales y designios mesiánicos, algo así como el único que puede salvar a la humanidad de ese Apocalipsis que todos conocemos como mal gusto. Se puso en práctica, por primera vez, la saludable crítica de la crítica”.

25 años después de celebrado aquel Primer Taller de Crítica Cinematográfica, ya no soy tan optimista: considero que la crítica de cine que se ejerce hoy en Cuba atraviesa uno de sus peores momentos, al correr el peligro de ser devorada por la adicción al zapping de las nuevas audiencias. Hoy la autoridad del crítico tradicional debe competir con las “bondades” de las nuevas plataformas interactivas, esas donde son los usuarios los que construyen, a la medida de lo que necesitan, sus propios canales de producción y circulación de ideas.

¿Sobrevivirá el crítico de cine en medio de las nuevas prácticas culturales? No lo sabemos, toda vez que tampoco tenemos la certidumbre de que el cine, tal como lo conocemos hasta hoy, permanecerá. Sabemos, eso sí, que la aventura de la imagen en movimiento, acompañada o no de sonido, y proyectada sobre una superficie, no se extinguirá, porque la tendencia indica que el consumo audiovisual crecerá, aunque en soportes totalmente diferentes a los de antaño.

¿Qué puede hacer un crítico de cine en un contexto así? Esa es la gran pregunta que en forma de desafío todavía nos estimula a seguir pensando el viejo oficio del siglo XX.

Juan Antonio García Borrero

PD: Comparto el artículo al que hice referencia antes.

LOS ECOS DE LA CIUDAD SIMBÓLICA

Por Juan Antonio García Borrero

En marzo de 1993, catorce críticos de cine y periodistas relacionados con la promoción fílmica se reunieron en la ciudad de Camagüey. Que se recuerde, precedentes de este tipo de tertulia no existían en el país. Tampoco en el continente, pues tal parece que los especialistas del medio prefieren prolongar ad infinitud la atractiva sensación de soledad que reporta una sala oscura (¿o será que, después de todo, los críticos de cine son criaturas creadas para vivir de las sombras y en las sombras?).

Lo cierto es que de manera imprevista, aquella reunión contribuyó a crear la ciudad simbólica en la que hoy se refugia el grueso de quienes ejercen el pensamiento en torno a la imagen en movimiento. Es decir, que desde entonces Camagüey logró algo así como una réplica de esa república de las Letras que, en otros contextos, agrupa a narradores y poetas. Antes de Camagüey y su Taller, nuestros críticos existían aislados; después de Camagüey, la crítica de cine en Cuba adquirió una mayor cohesión y, en especial, el trabajo de promoción cinematográfica cobró, a escala nacional, un nuevo auge y vigor. Lee el resto de esta entrada

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