LA DANZA ETERNA (Cuento de Eduardo del Llano)

El conocido narrador, guionista y director de cine Eduardo del Llano, regala a los lectores del blog este cuento inédito.

La danza eterna

El amigo de un amigo había llamado a Rodríguez para explicarle que unos tipos ahí deseaban entrevistarlo. Rodríguez no entendió gran cosa, pero dijo que sí. Sonaba halagador y tenía tiempo.

Estaba pelando papas cuando tocaron a la puerta. Los huéspedes no traían cámaras o grabadoras visibles; se presentaron como Nicanor y Bolaños y reiteraron que, en efecto, deseaban hacerle algunas preguntas. Rodríguez les alcanzó unos cuchillos y les dijo que entretanto podían ayudarle a desnudar tubérculos.

-Vaya, ¿qué va a hacer? –preguntó Nicanor, un tipo cincuentón, de gafas- ¿Un puré, mashed potatoes? ¿Cocidas con sal y laurel? ¿Sancochadas? ¿Rellenas? Mi ex esposa preparaba unos ñoquis a la argentina que eran una maravilla.

-Fritas, casi seguro –dijo Rodríguez, sin el menor asomo de la jovialidad del otro- no me gusta complicarme la vida. ¿Y de qué va la entrevista?

Los hombres se miraron.

-No es exactamente algo que luego verá en televisión o publicado en la prensa –admitió el de las gafas- queremos conocerle, entenderle, saber de usted. Tenemos entendido que es un funcionario del Ministerio de Cultura, y que ejerce esporádicamente el periodismo.

Rodríguez se distrajo mirando las manos de Nicanor. Pelaba las papas mientras hablaba, con una destreza inesperada. Había despachado cinco en lo que le tomó al tal Bolaños la mitad de la primera.

-Sí, bueno, he publicado algunos artículos sobre temas de actualidad cultural, debates ideológicos y esas cosas –admitió el funcionario- y, si bien estoy orgulloso de un par de textos, la verdad es que no creo que mi trabajo merezca su visita. Les agradecería que fueran directo al grano.

-Verá –dijo Nicanor- yo soy compositor.

– Y yo coreógrafo –aportó Bolaños- concibo y monto composiciones danzarias, cultas y populares. Por lo regular trabajamos en equipo. Ahora mismo estamos desarrollando un ballet moderno, una onda polémica, transgresora. Nos proponemos alcanzar un alto nivel de interactividad con el espectador.

-Pero yo no sé bailar –dijo Rodríguez, perplejo- no ya ballet, sino ni siquiera reguetón. Ustedes se han confundido, seguramente.

-No pensamos reclutarlo como bailarín. Lo de la entrevista viene por el tema del ballet, en el cual usted sí es un experto.

-¿Y qué tema es ese?

-Las batallas entre las autoridades y los artistas. Toda esta candela que se enciende a cada rato, con guerritas de emails, quejas, desautorizaciones y mutuas acusaciones de estar al servicio de alguien.

El periodista se cortó un dedo con el cuchillo. Se cagó en Dios y procuró restañar la sangre que coloreaba las papas. Bolaños sacó de su bolso una toallita de papel y se la ofreció, solidario.

-A ver si he entendido bien –dijo el funcionario sangrante, rechazando la toallita- ¿ustedes quieren bailar la ideología?

-Queremos montar un ballet acerca de la censura.

Rodríguez se paralizó. Aquél era desde luego un concepto original para un espectáculo centrado en fouettés, grand jettés y pas de deux; tanto, que resultaba sospechoso, como la inesperada invitación a una fiesta en una Embajada europea. En otras circunstancias, ahí mismo su yo combativo les habría salido al paso a los autodenominados artistas; ahora, sin embargo, decidió no mostrar intransigencia de inmediato, sino escuchar, extraer información y estar alerta.

-¿Y por qué yo? Otros compañeros han expresado puntos de vista similares a los míos…

-Trataremos de entrevistarlos a todos –explicó Bolaños- ahora bien, usted es de los más jóvenes entre los que defienden la ortodoxia, la línea dura. Más de una vez ha acusado a algún artista de hacerle el juego al enemigo, cuando no de estar directamente pagado por él. Entiéndame, no le juzgamos, por lo menos no es ese el objetivo de nuestra visita. En estos momentos estamos en la fase investigativa, todo lo que usted pueda contarnos le será luego de suma utilidad al bailarín que interprete el papel de censor.

-Para empezar, yo no me considero un censor –replicó el funcionario, cortante- en este país los artistas tienen absoluta libertad creativa, siempre que su obra no se manifieste abiertamente contra el sistema, no ofenda a los dirigentes o las instituciones del Estado, no se burle de los próceres o los símbolos de la patria ni…

-Genial –dijo Nicanor, echando a la palangana otro tubérculo limpio- ¿le molestaría repetir eso para filmarlo con un teléfono móvil?

-Pues claro que me molestaría –dijo Rodríguez, amoscado- usted dijo que esto no aparecería en televisión. ¿Para qué necesita entonces las imágenes?

-El bailarín no puede construir el personaje basándose exclusivamente en el discurso: es muy importante que capte su lenguaje corporal, sus ademanes recurrentes, la manera en que expresa las ideas. En caso contrario, y por muy buen actor que sea, su interpretación sería fría, externa, sin organicidad. No se lo pedí al principio porque no tenía idea de cuán expresivo es usted. Si nos hiciera el favor de explicarnos lo de la libertad creativa como lo hizo la primera vez, con gestos y todo…

Rodríguez se chupó pensativamente el dedo lacerado.

-Necesitaría ver alguna identificación.

Bolaños hizo una mueca, rebuscó en su bolsillo, extrajo una billetera y de ahí un carnet revestido de plástico, con una punta abierta. En líneas generales, el documento corroboraba sus palabras.

-De todas maneras, prefiero que no me filmen –declaró el periodista, inflexible- si usted es el coreógrafo, memorice mis gestos y transmítalos a sus bailarines. Nunca se sabe lo que puede suceder con esos videos, si se sacan de contexto…

Nicanor terminó de pelar una papa, la echó con las demás y se cruzó de brazos.

-Qué lástima –gruñó- me ha dado un calambre. En fin, al menos espero que conteste nuestras preguntas y nos permita tomar notas.

-Adelante.

El de las gafas se sacó un cuestionario del bolsillo y lo estudió, en tanto Bolaños empuñaba papel y lápiz.

-¿Considera que el país atraviesa una coyuntura política delicada?

-Exacto. Estos son tiempos de definición, de trazado de nuevas estrategias frente al enemigo y aquellos que, de manera consciente o no, se alinean con él. Entre ellos, de manera lamentable, muchos artistas que confunden libertad con irresponsabilidad.

-Pero esas palabras, ¿acaso no describen cualquier momento de nuestra historia en los últimos sesenta años? ¿Cuándo sería, según usted, el momento adecuado?

-Eso habría que preguntárselo a nuestros enemigos.

Nicanor apuntó hacia Rodríguez y le susurró algo a su colega, tarareando a continuación una melodía. Bolaños asintió, escribió un par de líneas en su cuaderno y formuló la próxima pregunta.

-Por su edad, su trayectoria, sus estudios, usted parecería mucho más cerca de los artistas que de la oficialidad. Sin embargo, es un defensor incondicional de esta última en sus posiciones más intolerantes. Es obvio que clama por recrudecer la batalla contra la disidencia, y por endilgarle ese epíteto a casi todo aquel que se meta con los temas difíciles. Interviene, a menudo de manera exaltada, en debates o conferencias de prensa para acallar a artistas que han presentado obras polémicas o pretenden hacerlo. En lo que escribe los ataca desde diferentes ángulos, cuestiona sus intenciones. La pregunta sería, ¿cómo se ve a sí mismo?

Rodríguez tomó aire y lo soltó despacio.

-Yo soy un humilde patriota, heredero del espíritu combativo de la generación que construyó lo que tenemos. El enemigo se disfraza a menudo de amigo razonable, y suelta su veneno utilizando a su antojo los conceptos de izquierda y derecha, de lo que es conservador o revolucionario. Dice tener mente abierta, pero lo que hace es confundir. Ahí es donde nosotros tenemos que desenmascararlo.

-Fíjate ahora en los movimientos de las manos, qué interesante –murmuró Nicanor al coreógrafo- y como puntualiza sus ideas con un dedo, de manera que casi parece que va a golpearte…

Rodríguez decidió que ya había tenido bastante. Aunque no forzosamente hoy, debía terminar un texto en que la emprendía con cierta película independiente; le había tomado más tiempo del habitual porque bueno, él de cine no sabía nada, pero aquella era su tarea histórica.

-¿En serio pretenden que crea que un bailarín construirá sus pasos a partir de mi manera de gesticular? –estalló- ¿Qué ustedes van a poner en escena un ballet acerca de la lucha ideológica, como si fuera la pelea de un guerrero contra un mago o un dragón o cualquiera de esas mierdas mitológicas? ¿Por qué no me dicen realmente lo que pretenden?

-Lamento que desconfíe –balbuceó el coreógrafo- que dé por sentado que ocultamos algo…

-Creo que es mejor que se vayan –dijo Rodríguez- esto no funcionará. No sé en qué pensaba Estrada cuando me habló de ustedes.

-Sólo una pregunta más –dijo Nicanor- y si fuera tan amable de responderla de pie… sólo eso y nos iremos enseguida.

El periodista se encogió de hombros.

-No me gusta que me estén examinando. Pero bueno, para que luego no digan que los estoy censurando, hagan la puñetera pregunta.

Bolaños levantó un dedo para acentuar la interrogante, y de pronto el anfitrión tuvo la incómoda sospecha de que el coreógrafo le parodiaba.

-A la larga, ¿alguna vez la censura ha funcionado?

Rodríguez avanzó hacia ellos.

-¿De qué coño hablan ustedes? Aquí hay libertad creativa, a los artistas no se les encarcela por una obra contestataria, hay escuelas de arte y decenas de eventos culturales. ¿Por qué no dejan de pretender una imparcialidad que no engaña a nadie, se salen de su falso centrismo y confiesan quién les paga por hacer lo que hacen?

Con la última frase, el funcionario dio un golpe sobre la mesa, haciendo resbalar la palangana. Los tubérculos desollados rodaron en todas direcciones, emporcándose. Maldiciendo, el anfitrión se arrodilló y empezó a recogerlos. Miró a sus visitantes, que le sostuvieron la mirada, imperturbables, empuñando sus cuchillos. Durante unos segundos sintió que el miedo lo petrificaba. Una eternidad más tarde los colocaron sobre la mesa y se largaron.

Las papas fritas se le pasaron un poco.

(15 de mayo 2018)

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Publicado el mayo 17, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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