LA MADRE EN EL CINE CUBANO

Mis amigas feministas, con Danae Diéguez a la cabeza, me han enseñado que al cine hay que entrar cargado de sospechas. Mientras más clara la moraleja fílmica, mientras más explícita la interpretación que propongan los realizadores, más motivos hay para no desdeñar una lectura sintomática que indague en el trasfondo de ese conjunto de imágenes y sonidos.

La realización del cine por lo general ha estado en las manos de los hombres. Han sido ellos los que, desde lo patriarcal, siguen naturalizando el orden de las cosas que vemos representadas en pantalla. Y ha sido tan eficaz esa estrategia, que cuando algunas veces las mujeres toman la cámara, reproducen la forma falocéntrica de mirar.

Pensemos ahora en la representación que ha tenido en el cine cubano la figura de la Madre, ese gran misterio que para José Lezama Lima:

(…) es una bahía en el naufragio. Es la mano que acaricia nuestra frente y nos refresca como el agua del más sumergido manantial. La única cosa eterna en esta vida es la madre. Cuando decimos la madre de un río aludimos a su soporte, su secreto, lo que aumenta su caudal. Siempre en la vida nos acompaña nuestra madre”.

En La pared de las palabras (2014), Fernando Pérez consigue construir una imagen muy cercana a la descripción lezamiana. Gracias a los excelentes trabajos interpretativos de Isabel Santos y Jorge Perugorría, uno como espectador asiste a una relación llena de sutilezas, donde no es solo la vocación por el sacrificio y la entrega incondicional al cuidado del hijo lo que se pone de manifiesto, sino también las paradojas que entraña el ejercicio de esa responsabilidad.

Lo decía Simone de Beauvoir en aquel famoso ensayo (“El segundo sexo”) escrito en 1949: “No se nace mujer: llega una a serlo”. Pero, ¿qué pasa cuando el nacimiento social de la mujer (con todos esos imperativos de género que dicta la sociedad patriarcal) comienza a interferir en el papel natural de la madre, que es algo que tendríamos que asociar a su esencia, a lo ontológico, y en muchos casos, a la Nación (la Matria) misma?

En un excelente artículo publicado en “La Gaceta de Cuba” Nro. 5 del 2001, el crítico Pedro Noa nos habla de la representación de la madre en el cine cubano, a partir de los filmes Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega, Los pájaros tirándole a la escopeta (1984), de Rolando Díaz, y Madagascar (1994), de Fernando Pérez. La mirada del experto nos revela las carencias que aún tiene nuestro audiovisual a la hora de imaginar universos donde la mujer cubana adquiera su emancipación total.

Pues no basta con reflejar los logros sociales alcanzados, esos que nos permiten apreciar la cada vez más creciente incursión de las mujeres en áreas importantísimas del desarrollo nacional: como espectadores y espectadoras todavía tenemos un mundo enorme de complejidades por descubrir.

La buena noticia es que cada vez hay más mujeres accediendo a la dirección cinematográfica. Y lo mejor es que acceden con la conciencia de que ningún encuadre es inocente: que lo que se deja de mirar es tan, o más importante, que aquello que no se ofrece a los ojos de los espectadores.

Por lo pronto están allí todas esas películas donde la madre cubana se nos revela de las más disímiles maneras, pero con un denominador común que las asocia a la cercanía que nos protege, aún en sus flaquezas: la madre que Verónica Lynn asume en Lejanía (1985), de Jesús Díaz, está hecha de la misma madera aglutinante que sostiene a la que ella también nos regala en Video de familia (2001), de Humberto Padrón. O la Adela de Aurora Basnuevo que guarda luto permanente en el corto de Humberto Solás enseña la misma fiereza maternal que Broselianda Hernández en Fátima o el Parque de la Fraternidad (2014), de Jorge Perugorría.

Todas ellas son madres donde finalmente uno descubre el absurdo de querer representarlas en un arquetipo. Pues cada madre es única, y por ello mismo, para contar sus historias, no nos alcanzarían ciento veinte vidas.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 13, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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