EL SUICIDIO DE LA SABIDURÍA

No había tenido tiempo de agradecer a la Editorial Ácana la impresión y presentación del libro “El suicidio de la sabiduría” (abril 2018), que contó con la edición de Sandra González Cuenca, y el diseño general y composición de Eduardo Rodríguez Martínez.

Lo presentamos el pasado jueves en el marco de la Cibertertulia “El Callejón de los Milagros”, y tuve la suerte de que María Antonia Borroto Trujillo (quien escribió las palabras de contracubierta), hablara sobre el mismo como parte de las actividades previstas en el III Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales. Comparto con los amigos la breve introducción del volumen.

JAGB

A MODO DE INTRODUCCIÓN

El tremendo impacto de las tecnologías digitales en la vida cotidiana de los humanos del siglo XXI ha superado todo lo previsto. La cultura audiovisual, representada a lo largo del siglo XX por la producción cinematográfica y su consumo en salas colectivas, conoció de una expansión hasta hace poco insospechada. Pero hoy vivimos en la época de la post PC (post-cine; post-computadora), donde dispositivos como los teléfonos inteligentes van marcando las pautas del inédito consumo audiovisual, gracias a la emergencia de nuevos públicos que hacen del nomadismo tecnológico y la interactividad su principal perfil.

Estos nuevos escenarios exigen un cuerpo renovado de ideas que nos permitan establecer, primero, un diagnóstico confiable a través del cual conocer con exactitud qué es lo que ha cambiado, y luego, proponer agendas prácticas que ayuden a usar de modo creativo cada uno de los dispositivos y herramientas que a diario brinda la revolución tecnológica.

En una época como la nuestra, donde el exceso de información disponible puede provocar con facilidad lo que ya sido reconocido como infoxicación, necesitamos impulsar programas públicos capaces de adiestrar a los individuos desde edades tempranas en el uso crítico de esas informaciones.

Las notas incluidas en el presente libro tienen como propósito estimular el debate de esas necesarias ideas, y en ellas pueden ser reconocidas tres pasiones que, como autor, me resultan difíciles disimular: la cultura audiovisual (que sería mucho más que lo estrictamente cinematográfico), las tecnologías digitales, y Camagüey, la ciudad donde nací y aún vivo, y la que, en definitiva, ha estimulado todo este conjunto de ensoñaciones aquí reunidas.

No importa que, por el momento, algunas o muchas de esas ensoñaciones suenen a delirios de un lunático: Camagüey está llamada a convertirse en una plaza importante en el uso creativo de las tecnologías vinculadas a la cultura audiovisual. De modo inevitable llegarán los emprendedores que necesiten llevar a la práctica todos esos sueños que un Paseo Temático del Cine como aquí existe, invita a verlos realizados.

Y cuando ello suceda tal vez recordemos una vez más el famoso adagio de Mark Twain: “Un hombre con una nueva idea es un loco hasta que la idea triunfa”.

El Autor (En Camagüey, el 6 de septiembre de 2016)

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Publicado el abril 29, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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