Archivos diarios: abril 22, 2018

HOMENAJE A DESIDERIO NAVARRO EN CAMAGÜEY

No existe riqueza comparable a la que se consigue acumular cuando se han tenido buenos maestros. Llamo “buen maestro” a ese que logra poner ante nuestros ojos mundos inéditos, mundos que, por lo común, las personas no advierten en el día a día.

Al final, toda mi fortuna (que no es poca) descansa en la cantidad de buenos maestros que he podido tener. Son muchos, pero mencionaré apenas cuatro. El primero de todos ellos es, desde luego, Luciano Castillo, a quien debo el descubrimiento del cine como algo más que un simple entretenimiento. Sin Luciano, probablemente yo fuese un gran consumidor de películas, pero no tendría idea de qué es un cine-club, una cinemateca, una película de arte o ensayo, una investigación.

Luego, cuando descubrí a Julio García-Espinosa, nació la pasión del ensayista, y más adelante, con Ana López y su enfoque transnacional del cine latinoamericano, entendí que la historia del cine cubano no cabe en ese estrecha figura con que se describe a nuestra isla en la cartografía tradicional: que hay, como ella ha sabido argumentar muy bien, una “Cuba mayor” a la cual nuestro audiovisual y su historiografía tampoco puede renunciar.

El cuarto pilar de mi formación es (me gusta evocarlo en presente) Desiderio Navarro, quien fue uno de los pioneros que ha tenido Cuba en el uso creativo de la tecnología digital en función de la producción y distribución del saber (al otro que evoco haciendo eso mismo desde los noventa es a Abelardo Mena, cuyas iniciativas todavía no han sido bien reconocidas).

Como escribí en el momento de su muerte, y ahora reitero sin cambiar una coma, pertenezco a esa inmensa cantidad de individuos que se han beneficiado con ese sinnúmero de traducciones que nos entregaba a través de Criterios. Pero además, con sus trabajos aprendí a estimar la teoría utilizada con rigor (sin pedantería), y a valorar la importancia del intelectual crítico que interviene, allí, “en medio de la cosa pública”, que es donde realmente necesitamos que opere esa intervención. Por otro lado, sigue siendo Roberto Fernández Retamar el que, a mi juicio, logró sintetizar los valores de esa vida excepcional, al afirmar: “Se trata de la hazaña descomunal de una sola persona, Desiderio Navarro, quien vale lo que una institución que se respete”. Lee el resto de esta entrada