LOS LIBROS

Por lo general aparecen ante nosotros cuando menos se les espera. Están allí, descansando sobre algún estante o mesa, y un día te fijas en uno de ellos, y lees al azar alguna línea, algún párrafo, y es como si el piso se abriera debajo de uno, y comenzáramos a caer en un vacío que no conoce fondo. En esos casos el libro no es un libro, sino la experiencia simultánea de la caída y el renacimiento en un nuevo mundo.

Al principio los libros llegan a nuestras manos sin que tengamos conciencia clara de lo que significan, por lo que es muy común confundir a los mensajeros que nos los traen con los autores que los firman. Pero eso es puro espejismo, porque un autor es alguien que se encarama en los hombros de un montón de personas a veces anónimas, que han cincelado para ellos (a lo largo de los siglos que nos anteceden) el lenguaje que utilizan, las maneras de contar las historias, los modos de describir las alegrías o las desolaciones de sus héroes.

Un libro siempre será un misterio, algo que no se puede explicar en sus esencias, mientras que el conjunto de hojas encuadernadas y con cubierta bonita que sostenemos en las manos, es apenas el titular de la noticia que anuncia el sobresalto de su futura lectura.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 9, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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