UNA CALLE, UNA PLAZA. UN SUEÑO: LA CALLE DE LOS CINES

Cuando leí que La Liga (revista digital de Arte y Literatura creada en Camagüey) convocaba a un concurso nombrado “Una calle, una plaza… un sueño”, pensé que estaban retratando al cine. Pues, ¿qué ha sido en todo este tiempo de existencia el cine, sino: una calle interminable que nos conecta con los más diversos universos/ una plaza donde nos expresamos o nos expresan cosas/ un sueño compartido donde uno vive una vigilia permanente?

En mi caso, la invitación que nos hace la revista es perfecta para hablar de “La calle de los cines” de Camagüey: de lo que ha significado en nuestras vidas; pero también de lo que puede significar todavía en la vida cultural de la ciudad. Y que, sin embargo, permanece subutilizada, desarticulada, carente de reales atractivos para los públicos más jóvenes.

¿Significa eso que estuvo errada la propuesta de la Oficina del Historiador en ocasión del 500 aniversario de la fundación de la Villa? No lo creo. Hoy la infraestructura con la que cuenta la ciudad para desarrollar, por ejemplo, el Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual diseñado por el ICAIC, es única dentro del país. Ni siquiera en La Habana existe algo así. Pero “La Calle de los Cines” de Camagüey puede ser uno de los tantos ejemplos que ilustraría a la perfección nuestro gran Talón de Aquiles: la incapacidad de pensar la sostenibilidad de los proyectos a la par de las inversiones.

En esa calle, tres locales (Restaurante La Isabela, Multicine Casablanca, y Complejo Audiovisual Nuevo Mundo) muestran tarjas donde se brinda testimonio de sus respectivas jerarquías históricas, pero aquí la promoción local del Paseo no consigue articularse con eficiencia en los medios de la provincia.

He conocido intelectuales en Nueva York, reunidos en sitios de gran renombre, que mostrarían satisfacción si poseyeran algo similar al Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, mas (como todos los días compruebo) hay decisores que no saben que allí o en Casablanca existen pantallas grandes (se quedaron con la imagen de las improvisadas y lúgubres salas con televisores que proliferaron en los noventa).

En Las Ramblas de Barcelona o Lincoln Road de Miami, no queda casi espacio para apreciar la creatividad urbana, ya sea con estatuas vivientes, vendedores de artesanía, o arte callejero; acá nos damos el lujo de tener un Callejón de los Milagros que solo se usa para conectarse al Wifi de Etecsa, pese a que todos los días grupos de turistas pasan por el lugar, orientados por un guía que apenas atina a mencionarles superficialmente el nombre de las personas o películas que se ven en las fotos.

Por otro lado, en esa calle tenemos instituciones cinematográficas que proyectan materiales audiovisuales, pero la tecnología 3D del Estado, por ejemplo, no está en Casablanca o Nuevo Mundo, sino en un espacio de Artex, bien alejado del Paseo Temático. Y paro de mencionar incoherencias que solo serviría para recordar con John Lennon, que la vida es algo que sucede mientras estamos soñando otra cosa.

En “La calle de los cines” de Camagüey nunca existieron tantas salas cinematográficas como las que Borges admiraba en la calle Lavalle de Buenos Aires. Menos ahora. Pero aun así, y como los lectores habituales del blog habrán notado, para mí “La Calle de los Cines” de Camagüey sigue teniendo su mística: y por eso sigo apostando por ella.

Me queda claro, sin embargo, que aunque los cines sean el gran referente histórico, aquí nunca hemos hablado exclusivamente de eso, como mismo hoy sabemos que los cines, además de para ver películas, han servido para enamorarse, para invitar a los amigos a conversar de cuestiones que no tienen que ver con las historias que vimos, para fomentar la fraternidad, o sencillamente, para estrenar la última ropa que nos compramos.

Por eso para mí “La calle de los cines” sigue siendo calle, plaza, y sueño al mismo tiempo. Cambiarán las prácticas culturales, los edificios, la ciudad. Pero el largometraje donde somos protagonistas y espectadores a la vez, aún no ha concluido: sigue siendo el mismo filme donde nos proyectamos y nos proyectan.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 1, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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