Archivos diarios: febrero 11, 2018

DE ROLANDO LEYVA CABALLERO A GARCÍA BORRERO

Rolando Leyva Caballero me hace llegar esta extensa réplica a mi escrito sobre Sergio y Serguéi. Más adelante trataré de resumir en una cuartilla las abundantes objeciones que me provoca el nuevo texto, no para prolongar un círculo vicioso donde dos antagonistas sordos reiteran hasta el infinito sus impresiones personales, sino para intentar retomar en su esencia las preguntas vinculadas al debate que propiciaron este intercambio.

2 d2 de frente. Sergio y ser gay.

Por Rolando Leyva Caballero

Mi semana, en tanto ciudadano cubano radicado en España y ser humano optimista ha sido marcada, en lo filosófico y lo sensorial, por dos sucesos apenas conectados entre sí. Por un lado, Elon Reeve Musk, un pretoriano donde los hay, además, inventor, inversor, empresario sudafricano con nacionalidad canadiense y estadounidense, cofundador de PayPal, Tesla Motors, SpaceX, Hyperloop, SolarCity, The Boring Company y OpenAI, acaba de lanzar al cosmos, por esfuerzo propio dirían en Cuba, el más económico de los cohetes que han salido al espacio, llevando en su interior el prototipo de un coche marca Tesla, el último modelo, “piloteado” por un simulacro de cyborg futurista. En la radio, del coche, mientras tanto, en bucle perpetuo, David Bowie entona el Life on Mars. Comentaba el hecho porque verdaderamente parece el argumento genial que podría dar lugar algún día al guión de una buena odisea del espacio. Para colmo de lujos se puede acceder en streaming a las imágenes que capta la nave al desandar el espacio profundo, eso mientras intenta llegar a la órbita de Marte, lo que ocurrirá dentro de seis meses.

Por el otro lado, en la noche de ayer asistí al estreno del más reciente filme patriotero de Clint Eastwood (88 años: espejuelos, gusano, vaso, hojas, aduanero, también muerto- vivo), el octogenario actor y director del cine estadounidense, un vejete cascarrabias, carismático, trumpista, al que aun así le tengo particular afecto. Al salir, una vez más, sentí que había empleado muy mal los 5.80 euros que me costó la entrada al cine Las Gabarras, un espacio de muchas salas oscuras a las afueras de Tarragona, más teniendo en cuenta la reputación de incombustible que antecede al realizador, casi literalmente. Traigo a colación estos dos sucesos completamente aleatorios en su conexión cósmica para que más o menos se hagan una idea más exacta de por dónde viene mi réplica.

Primero, ABC, el periódico de la ultraderecha española, aun cuando no se deshacía en elogios, recomendaba asistir al estreno de la película. En la otra banda, el resto de los periódicos serios, con críticos de cine medianamente reputados, muchos de ellos incluso muy conocidos, decían, para abreviar, que la película se había descarrilado, acabando en siniestro total, insalvable desde cualquier punto de vista, sin atenuantes al respecto.

Cuando aún era un crítico provinciano, al ejercer y vivir en Santiago de Cuba, mi primer encargo fue escribir sobre Melaza, un filme mediano del cual nadie quería encargarse. Por entonces había visto, con antelación, Los bañistas, también de Carlos Lechuga, un cortometraje de ficción verdaderamente notable y multipremiado con justicia, que me hizo pensar que un filme análogo, que se moviera en esa cuerda, sería un buen golpe de efecto para resucitar la industria nacional, adormecida tras décadas de crisis creativa, económica y funcional. No fue el caso, lo que sí ocurrió, años después, con el segundo largometraje del mismo director, Santa y Andrés, una película rabiosamente cubana, localista, pero no por ello menos acabada, no digo que perfecta o trascendente, pero sí muy coherente y sintomática. Resultado final. No admitida a concurso en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. No ha sido distribuida ni será exhibida comercialmente dentro de Cuba, aun cuando la preceden innumerables reconocimientos a nivel internacional. Es un referente que no se puede perder de vista, porque ayuda a explicar, por contraste, lo que pasa con Sergio y Serguéi, una película, como otras tantas, el listado es extenso, que jugó a la herejía ideológica calculada.   Lee el resto de esta entrada

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