POLÍTICAS PÚBLICAS, GESTIÓN CULTURAL E INFORMATIZACIÓN EN CUBA

En el mes de abril estaremos celebrando en Camagüey el III Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales. Uno de los ejes temáticos invita a que abordemos el tema de las Políticas Públicas y la Gestión Cultural en Cuba. La idea es que seamos capaces de establecer no solo buenos análisis y debates, sino propuestas prácticas que ayuden a que el sistema institucional de la cultura en Cuba se beneficie de la informatización. Con ese fin, comparto estas reflexiones. Ojalá otros sumen sus visiones.

JAGB

POLÍTICAS PÚBLICAS, GESTIÓN CULTURAL E INFORMATIZACIÓN EN CUBA

En la Cuba de hoy, la gestión cultural de nuestras instituciones todavía no conoce los beneficios de la informatización. El problema no es tanto tecnológico o material, como subjetivo: vivimos en un país donde, a pesar de que cada vez es más omnipotente el mundo digital, carecemos de una Política Pública que respalde el uso creativo de todos esos dispositivos y recursos (así sean precarios) que existen en las instituciones: o sea, que aunque tenemos tecnologías y personas que pueden aportar el Know-How, falta la Política Pública que garantice dentro de las instituciones el desarrollo natural de esas nuevas prácticas.

Habría que aclarar que esto no significa que el Estado no se haya pronunciado a favor de esa informatización en el sector cultural. Y en tal sentido, siempre me gusta recordar aquel segmento del discurso de Miguel Díaz Canel en las conclusiones del VIII Congreso de la UNEAC, al apuntar:

Debemos evaluar con rigor el impacto de las nuevas tecnologías en el consumo cultural, en la creación y la distribución. No puede verse ese impacto como algo negativo, sino como un reto inédito para la relación de las instituciones con los creadores, que debe reforzarse sobre reglas de juego diferentes. Tenemos que usar las nuevas tecnologías para promover lo mejor del talento con que contamos”.

Lamentablemente la UNEAC no ha podido asumir ese reto, por lo que a lo largo y ancho de la isla, en todas las filiales sigue predominando un pensamiento analógico que convierte a las respectivas gestiones culturales en prórroga de lo mismo que se viene haciendo desde que fue fundada la organización.

Tampoco el Ministerio de Cultura, pese a contar con Cubarte y el legado de sus valiosas Jornadas de la Cultura Cubana en los Medios Digitales, ha podido implementar una estrategia que permita socializar esas experiencias, y convertirlas en plataformas que estimulen la creatividad de un modo horizontal.

Lo paradójico es que más allá de las instituciones, el uso creativo de las tecnologías sí gana terreno todos los días. Es decir, lo increíble es que un país que hasta el 2008 las líneas para teléfonos móviles no existían, y el acceso a Internet parecía un cuento de ciencia ficción, ya pueda detectarse un permanente desarrollo de redes informales y prácticas culturales asociadas a estas tecnologías emergentes. O sea, allí donde el sistema institucional está mostrando parálisis absoluta o un abstencionismo intenso, las nuevas comunidades de usuarios se van encargando de construir redes de servicios dirigidas a satisfacer las necesidades de estos.

¿Cómo explicar esa brecha existente entre las instituciones culturales y los públicos que hoy se mueven en otros universos que ya no son los de antes? Lo tecnológico influye, desde luego, pero como dijimos antes, también va pesando demasiado la subjetividad de los que de alguna manera podrían contribuir a que las instituciones estén más próximas al público de estos tiempos. Y es allí donde se necesita de una Política Pública que ayude a construir esos escenarios en los que de modo natural se estimule el aprendizaje, la socialización de experiencias, y sobre todo la evaluación sistemática de lo que se va logrando.

Esto último es importante, porque no habrá Política Pública efectiva allí donde no exista una evaluación sistemática de lo que se ha logrado. De nada vale que en el Congreso de la UNEAC se planteen las necesidades o se establezcan diagnósticos, si después no se chequean y socializan cada una de las experiencias. Y lo cierto es que si hiciéramos una pesquisa de lo que se ha estado trabajando de modo informal en toda la isla, obtendríamos un mapa sorprendente, por lo que va resultando imperdonable que desde el punto de vista institucional no nos enteremos de los progresos.

No voy a ir demasiado lejos. En “El Callejón de los Milagros” de Camagüey, en apenas dos años se ha logrado iluminar con un wifi que permite el acceso gratis, todo el Paseo Temático. Ello permite descargar contenidos vinculados a la actividad audiovisual, lo que sería de gran utilidad a la comunidad académica y amantes del cine en sentido general. Sin embargo, esto apenas se conoce por los ciudadanos debido a la nula promoción que esa Red recibe en la radio o la televisión de la provincia, por ejemplo. Si el Proyecto El Callejón de los Milagros no existe para nuestros medios provinciales, ¿qué puede esperarse de la televisión nacional?

Pongo otro ejemplo de precariedad estratégica. Desde el mes de mayo del año pasado el Gobierno Provincial autorizó la venta de cinco computadoras que permitiría impartir talleres de creatividad en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, pero casi doce meses después, todavía Copextel no ha conseguido proveer esas máquinas, toda vez que no es un Proyecto priorizado por esa entidad.

Otro ejemplo más: en la ciudad se han celebrado par de Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, en los que sobre todo se ha querido construir una agenda práctica, es decir, donde lo que han predominado son los Talleres y acciones que proponen usos prácticos y concretos. En el del año pasado, trabajamos en función de lograr convertir La Calle de los Cines en una “Calle Inteligente de los Cines”, además de evaluar el universo audiovisual del niño. Allí está la relatoría final, con sus conclusiones y recomendaciones, pero hasta el momento, y pese a la buena opinión de Roberto Smith, presidente del ICAIC, ello no ha pasado de ser un papel más.

Podría mencionar otros ejemplos, pero no me interesa el recuento anecdótico, sino la lección que nos deja todo esto. Ahora que Donald Trump acaba de anunciar su trasnochada estrategia de influir a través de Internet en el orden interno del país, se pone de manifiesto el gran peligro: nuestra incapacidad para responder con el uso creativo a tanta ínfula intervencionista.

Para mí está claro que no es con la retórica que lograremos defender los valores humanistas que nos interesan, sino con una Política Pública eficiente que ponga a las humanidades digitales, la creatividad de los ciudadanos, y el pensamiento crítico en el centro de todo este universo.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 26, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. luis a. figueroa

    Gracias JAGB, gracias por tan inteligente análisis y te cuento que has de ser muy analizado por los estudiantes de Estudios Socio Culturales de mi universidad pues creemos importante mostrar iniciativas que abran el gran pensamiento de nuestras universidades, pienso que desde ellas pueden crecer mucho proyectos como los de tu provincia y renacer los de la mia. No hay de otra, recientemente recomendé tu articulo a mis compañeros de la Uneac para buscar buenas alternativas, gracias.

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