LAS PARADOJAS DEL CINE 3D EN CUBA

En noviembre se van a cumplir cuatro años de aquella medida tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, a través de la cual se prohibía de forma inmediata cualquier tipo de actividad vinculada a la proyección de películas 3D en salas privadas. Fue una medida bastante impopular que generó un intenso debate en varios sitios digitales.

Entonces no entendí la medida, pero aun así pensé que, luego de la prohibición, el Estado se encargaría de crear alternativas que dejaran satisfechas las necesidades del público. Porque al final, lo importante siempre será atender las necesidades de ese conjunto de espectadores que quiere estar al día con las novedades tecnológicas que actualmente circulan en el mundo.

Supongo que en la prohibición debe haber pesado un mundo el celo por hacer cumplir una política cultural que, gracias al ICAIC, permitió formar durante mucho tiempo espectadores que podían disfrutar de una programación diversa, lo mismo en cuanto a nacionalidad que en cuanto a temática. Pero la medida, lejos de trabajar en esa dirección, lo único que ha dejado detrás de sí un vacío institucional que ayuda muy poco a que la gente recupere el gusto por el cine “serio”.

En Camagüey hemos tenido la suerte de que el Proyecto El Circuito exhiba en el antiguo Cine Encanto películas 3D. Creo que eso ha funcionado como una espada de doble filo, porque para mí la verdadera relevancia de ese Proyecto no está en la exhibición del 3D, sino en las exposiciones que han montado (como la que organizaron durante el verano, que sí resulta lo más revolucionario que hemos podido ver en ese campo en nuestro país), o el Festival Internacional de Video Arte.

Lo que me ha llamado la atención en estos días en cuanto a esto del 3D es que en Camagüey se acaba de anunciar la apertura de una nueva sala, ubicada en el Centro Comercial “El Cristal”, la cual es administrada por Artex. Mi pregunta es: ¿por qué si tenemos una Calle de los Cines, con instituciones cinematográficas como el Casablanca o Nuevo Mundo, el Estado no piensa en protegerlas invirtiendo en estos sitios que ya existen?, ¿o será que Artex de ahora en lo adelante será la responsable de garantizar la formación de espectadores críticos que, además de cine 3D, sean capaces de ver otro tipo de obras audiovisuales?

Sabemos que la experiencia del 3D no es algo que el público estará dispuesto a convertir en lo único que ve tal como la disfruta ahora. El gran historiador del arte Ernst Gombrich anotó alguna vez: “Cuando el cine introdujo la «tercera dimensión», la distancia entre lo esperado y lo percibido fue tan grande que muchos sintieron la excitación de una ilusión perfecta. Pero la ilusión se gasta una vez que la expectativa sube un peldaño; la damos por sentada y queremos más”. A ello habría que sumar lo vinculado a la obsolescencia programada con muchos de estos equipos que se harán “viejos” en apenas meses.

Lo que quiero decir es que, ahora mismo, más que prohibir de modo autoritario determinadas prácticas culturales, lo que necesitamos es estudiar las estrategias que nos permitirían, como Estado o sistema institucional, intervenir en esos espacios donde ya se están “formando” de modo informal los nuevos espectadores, para hacer llegar hasta allí el legado de toda esa alfabetización cinematográfica que en su momento se logró.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el agosto 30, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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