SOBRE EL CONSUMO CULTURAL EN CAMAGÜEY

Con alguna tardanza he leído el reportaje que sobre el consumo cultural en tiempo libre ha publicado la revista Bohemia (7 de julio de 2017, Año 109, Nro.14, pp 28-30).

En el reportaje se alude a lo que sucede en Camagüey del siguiente modo:

Ni siquiera en la ciudad de Camagüey los adultos mayores tienen donde escoger. “¡Hasta en la Casa de la Trova ponen reguetón!”, protesta un anciano de 70 años cuyo pasatiempo consiste en sentarse en el parque mientras anhela aquellos espacios, ya inexistentes, destinados a las melodías de antaño.

El mismo parque donde a una camagüeyana de 27 abriles se le va el tiempo libre conectada a la Wi-Fi. Según declara: “actividades recreativas para personas de mi edad no hay en moneda nacional”. Al escucharla no es posible dejar de pensar que Camagüey es una plaza fuerte en propuesta de danza, artes escénicas, audiovisuales y otras manifestaciones artísticas cuyo cobro es precisamente en moneda nacional.

Así, la calle República se torna pasarela de jóvenes que parten hacia el Casino Campestre –tan bello como subutilizado, al decir de una trabajadora por cuenta propia- o el patio que antes pertenecía a la Sepmi, a bailar y tomar bebidas alcohólicas sin gastar tanto como en la discoteca Copacabana o el cabaret Caribe”.

Confieso que no me parece justa esa impresión que queda de Camagüey como si se tratase de un desierto cultural. Me consta que en la ciudad, a diario, se organizan muchísimas actividades. Invito a que se revise la cartelera que semanalmente llega a mi buzón. Hay opciones de todo tipo, pensadas para todas las edades. Es decir, no creo que el problema esté exactamente en una ausencia de opciones, sino en algo más complejo que tendría que ver, quizás, con la manera de promover las mismas, o incentivar la asistencia a esos eventos.

En este sentido, creo que el gran problema sigue estando en que nos falta el diagnóstico que permita establecer, por una buena vez, por donde anda en Camagüey el consumo cultural, y sobre esa base, trazar estrategias. Lamentablemente aquel Foro sobre Consumo Cultural celebrado en su momento en La Habana, y que en principio estuvo diseñado para que sucediera en la ciudad agramontina, jamás tuvo ecos acá. Y todo lo discutido y propuesto para una agenda práctica cayó en el olvido.

Como tampoco las dos relatorías del Primer y el Segundo Encuentro sobre Cultura Audiovisual celebrados en Camagüey han sido tomadas en cuenta por las instituciones culturales, a los efectos de enriquecer sus respectivas programaciones con lo investigado por los diversos expertos que han participado en esos eventos.

Es decir, que en cuanto al consumo cultural, el pecado de Camagüey (aunque yo creo que se pone de manifiesto en todo el país) estaría en que se sigue programando y pensando en los espectadores de estos tiempos como si todavía viviéramos en el siglo XX, cuando precisamente los más recientes estudios sobre el consumo cultural que se realizan a diario en el mundo, nos hablan de la emergencia de nuevas prácticas culturales, y, asociado a ello, nuevos consumidores.

Juan Antonio García Borrero

Anuncios

Publicado el agosto 23, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: