Archivos diarios: agosto 23, 2017

SOBRE EL CONSUMO CULTURAL EN CAMAGÜEY

Con alguna tardanza he leído el reportaje que sobre el consumo cultural en tiempo libre ha publicado la revista Bohemia (7 de julio de 2017, Año 109, Nro.14, pp 28-30).

En el reportaje se alude a lo que sucede en Camagüey del siguiente modo:

Ni siquiera en la ciudad de Camagüey los adultos mayores tienen donde escoger. “¡Hasta en la Casa de la Trova ponen reguetón!”, protesta un anciano de 70 años cuyo pasatiempo consiste en sentarse en el parque mientras anhela aquellos espacios, ya inexistentes, destinados a las melodías de antaño.

El mismo parque donde a una camagüeyana de 27 abriles se le va el tiempo libre conectada a la Wi-Fi. Según declara: “actividades recreativas para personas de mi edad no hay en moneda nacional”. Al escucharla no es posible dejar de pensar que Camagüey es una plaza fuerte en propuesta de danza, artes escénicas, audiovisuales y otras manifestaciones artísticas cuyo cobro es precisamente en moneda nacional.

Así, la calle República se torna pasarela de jóvenes que parten hacia el Casino Campestre –tan bello como subutilizado, al decir de una trabajadora por cuenta propia- o el patio que antes pertenecía a la Sepmi, a bailar y tomar bebidas alcohólicas sin gastar tanto como en la discoteca Copacabana o el cabaret Caribe”.

Confieso que no me parece justa esa impresión que queda de Camagüey como si se tratase de un desierto cultural. Me consta que en la ciudad, a diario, se organizan muchísimas actividades. Invito a que se revise la cartelera que semanalmente llega a mi buzón. Hay opciones de todo tipo, pensadas para todas las edades. Es decir, no creo que el problema esté exactamente en una ausencia de opciones, sino en algo más complejo que tendría que ver, quizás, con la manera de promover las mismas, o incentivar la asistencia a esos eventos.

En este sentido, creo que el gran problema sigue estando en que nos falta el diagnóstico que permita establecer, por una buena vez, por donde anda en Camagüey el consumo cultural, y sobre esa base, trazar estrategias. Lamentablemente aquel Foro sobre Consumo Cultural celebrado en su momento en La Habana, y que en principio estuvo diseñado para que sucediera en la ciudad agramontina, jamás tuvo ecos acá. Y todo lo discutido y propuesto para una agenda práctica cayó en el olvido.

Como tampoco las dos relatorías del Primer y el Segundo Encuentro sobre Cultura Audiovisual celebrados en Camagüey han sido tomadas en cuenta por las instituciones culturales, a los efectos de enriquecer sus respectivas programaciones con lo investigado por los diversos expertos que han participado en esos eventos.

Es decir, que en cuanto al consumo cultural, el pecado de Camagüey (aunque yo creo que se pone de manifiesto en todo el país) estaría en que se sigue programando y pensando en los espectadores de estos tiempos como si todavía viviéramos en el siglo XX, cuando precisamente los más recientes estudios sobre el consumo cultural que se realizan a diario en el mundo, nos hablan de la emergencia de nuevas prácticas culturales, y, asociado a ello, nuevos consumidores.

Juan Antonio García Borrero

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LEO BROUWER SOBRE EL PAPEL DEL DIRIGENTE EN LA CULTURA

Hoy, mientras buscaba información sobre el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC para un amigo, me puse a releer el libro de entrevistas de Jaime Sarusky (La Habana, 1931- 2013). Como saben los que lo han leído, encontramos allí el intercambio que el periodista sostuviera en el año 1971 (ese que tan bien ha estudiado Jorge Fornet en “El 71”) con varios de los miembros de aquel gran laboratorio musical que fue el GESI.

Para muchos es la época en que se inicia en Cuba el Quinquenio Gris, si bien desde antes ya se dejaban ver los síntomas de la parálisis que a partir de entonces comenzaría a vivirse en el país. Sin embargo, recomiendo el libro porque vamos a encontrar aquí reflexiones muy lúcidas que trascienden el diálogo de coyuntura, para asomarse a problemas de fondo que ahora mismo nos siguen afectando (muy interesante lo que se habla acerca de la música, los gustos populares, y las políticas culturales de entonces: ¿no les resulta familiar todo esto en cuanto a lo que viene ocurriendo con el reguetón, por ejemplo?).

La reflexión de Leo Brouwer que pongo al final del post me parece muy lúcida. Quisiera recordar que Brouwer está hablando en el año 1971. Todavía no hay un Ministerio de Cultura, y está en su apogeo el reclamo de un arte pedagógico que, en el fondo, era precisamente lo que el Che había denunciado en “El socialismo y el hombre en Cuba” cuando apuntaba: “Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios”.

Repito que hay que contextualizar. Hoy es otra época, con otros desafíos. Y en lo personal sí creo que en Cuba han existido dirigentes de la cultura que están conscientes de que el arte no es política a secas, que el arte es algo mucho más complejo que debe ser examinado a la luz de sus propias dinámicas, y no en función de reclamos ajenos a su perfil. No digo que estén en mayoría, pero han existido y existen. De todos modos, aquello que dijera Brouwer en 1971 a mí me sigue invitando a pensar de un modo permanente el asunto:

“¿Cuál es el papel del dirigente con relación al artista o al pueblo? No es más que uno. En tres palabras: es el vehículo. Entre tres polos para comunicar, es el vaso comunicante. El dirigente es el que comunica. Nos pone a nosotros en contacto con el pueblo. Esa es la labor más importante del dirigente. No pedir determinada cosa, porque entonces está hablando a título individual de qué hay que darle al pueblo, porque se cree con la verdad en la mano. Estamos hablando groseramente, porque esto es muy delicado, muy profundo, habría que repasar toda la sociología marxista y no marxista también. ¿Por qué no decirlo? Habría que repasar a Benjamín, a Mac Luhan, a Marcuse y a todos los grandes mitos, todos estos grandes nombres. Ese es el papel del dirigente y no lo hemos tenido en la cultura”. (1)

Juan Antonio García Borrero

Nota:

(1) Sarusky, J. (2005). Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. La Habana, Cuba: Editorial Letras Cubanas, p 26.