DE GARCÍA BORRERO A JOSÉ RAÚL GALLEGO

Querido Gallego:

Ante todo quiero agradecer la calidad de ese análisis que has hecho llegar al blog. En el sitio hay varias entradas dedicadas a este tema de la informatización en Cuba, pero hasta ahora no se ha generado un buen debate. Opiniones diversas si hay, casi todas expresadas con el laconismo que parece poner de moda Facebook, pero análisis como este que compartiste no abundan. Ya te imaginarás que encontrarme con este texto opera en mí como la alegría del náufrago que en medio del océano tropieza con un madero salvador.

Además, que ese análisis esté redactado por un “nativo digital” tiene a mi juicio un valor agregado, porque la informatización en este país está siendo pensada fundamentalmente por las generaciones analógicas, lo cual (aunque no se quiera) sesga el conjunto de criterios y prácticas propuestas con el inevitable autoritarismo que porta en esa tradición la jerarquía de los adultos.

No veas en lo anterior una denuncia de tipo generacional, o algo así. Para mí la cuestión del “aprendizaje” auténtico no distingue entre jóvenes y viejos. Al que de verdad la interese aprender, se sabrá más acosado por las preguntas que por las respuestas, y estará volviendo constantemente a la etapa en que nos iniciábamos en la escuela. Y en esto de la informatización, todos (viejos y jóvenes) estamos aprendiendo, y necesitamos de los debates permanentes, las argumentaciones inteligentes y réplicas penetrantes, el intercambio fluido de puntos de vistas muchas veces dispares.

Lamentablemente, lo que domina entre nosotros no es eso. Aquí más bien lo habitual es tomar medidas pensadas a partir de la buena voluntad política, pero sin tener en cuenta a la realidad como es ella, en su complejidad: la imposición del “deber ser” en franco desapego a lo que está siendo. Pasó en su momento con aquella impopular medida gubernamental que puso fin a los 3D privados, sin crearse una alternativa institucional que dejara satisfechas las expectativas de una población que de todos modos buscará cubrirlas de un modo informal.

Ahora con el Internet y el uso creativo de las tecnologías sucede más o menos igual, si bien no coincido con tu percepción en cuanto a la falta de interés del Gobierno para conectar a la gente. Me guío por lo que veo en el día a día. Hay Internet en muchísimas instituciones. Y el wifi está por todas partes. Malo, regular o bueno, pero está. Por supuesto que no tiene nada que ver con las comodidades que ambos conocemos existe fuera de la isla, donde ya es algo natural entrar a un cibercafé y conectarse. Tampoco los altísimos precios de Etecsa garantizan una inclusión digital genuina. Al contrario. Por otro lado, en nuestras instituciones el ancho de banda muchas veces convierte en pesadilla la navegación.

Todo eso es verdad, pero en mi post yo me estoy refiriendo al uso creativo que debe impulsar el Estado en su sistema institucional, y a la creatividad que los que de alguna manera estamos familiarizados con estos asuntos debemos aportar. Para decirlo de un modo más claro: ¿hasta cuándo estaremos justificando con la ausencia de una Internet al full nuestra falta de creatividad para, desde el punto de vista institucional (como informáticos, profesores, humanistas, etc), acompañar esa paulatina informatización con acciones concretas que ayuden a tomar conciencia de que podemos hacer muchísimo con lo que ya tenemos?

Mis reservas, entonces, irían por otro lado. El Gobierno ha priorizado la informatización del país atendiendo sobre todo al perfil humanista que debiera acompañar esa gestión, pero hasta donde puedo apreciar, sigue sin tomarse en cuenta la emergencia de los nuevos usuarios (que no tienen nada que ver con los que existían en Cuba dos décadas atrás) ni se estudian las características de las recientes prácticas culturales. Todo lo que veo es el predominio de una mirada tecnocrática que magnifica tanto el equipamiento, que los individuos quedan reducidos a simples consumidores de esas tecnologías (suerte de “robot alegre”), por lo que el pretendido humanismo es colocado en un segundo y hasta tercer plano.

De allí que insista en pensar la informatización de la sociedad desde los presupuestos de las humanidades digitales y la creatividad, y no desde el simple consumo de contenidos que podría aportarnos Internet. Por supuesto, entiendo la preocupación que planteas en tu artículo cuando escribes “que la creatividad no debe ser “controlada”, dirigida a conveniencia, ni mucho menos pensar que será el resultado únicamente de políticas trazadas “desde arriba”. Este es un punto que me parece muy interesante y que merece ser pensado una y otra vez, porque ciertamente sería una contradicción fomentar la creatividad estableciendo determinados parámetros y límites.

Ahora bien, insisto en que estoy hablando del papel que tendría que jugar el Estado como ente regulador y a la vez facilitador del uso de las tecnologías en Cuba. Es decir, estoy hablando de Políticas Públicas, que incluye la regulación. Porque, no nos engañemos, incluso en esos países donde pareciera que la libertad no tiene límites (y que la creatividad va guiada por la mano misteriosa y siempre benefactora de Dios), existe la ciberseguridad asociada al mercado (a los intereses de los poderosos), la cual, de recordar las espeluznantes revelaciones de Snowden en Citizenfour, puede llegar a ser más obscena que la intromisión explícita en la vida privada de los individuos.

Por eso, en medio de todo este escenario tan atípico en que nos movemos en Cuba, lo que me interesa impulsar es esa voluntad institucional que estimule el uso libre de la tecnología, pero que no deje en manos de la improvisación el fomento de la creatividad. Tal vez allí radique nuestra diferencia más sutil: para mí la creatividad hay que fomentarla, construirla, no nace sola.

Aclaro que no estoy aspirando a que todo el mundo se convierta en un usuario creativo, sino a que el Estado, de la misma manera que les garantiza a las personas la posibilidad de acceder a la Educación a través de programas de enseñanza e instituciones educacionales, configure escenarios donde se estimule la creatividad y no el mero consumo. Y, efectivamente, sin olvidar la importancia de la libertad de individuo, que solo podrá ser más libre en la misma medida en que haga uso de un pensamiento crítico. Radicalmente crítico.

Sé que en nuestra época no está muy de moda hablar de las hegemonías. Se menciona esa palabra y la gente piensa que estás hablando de algo que forma parte de un museo. El individuo de ahora se autoengaña al creer que es él el que usa libremente la tecnología, cuando en la mayoría de los casos es a la inversa: es la tecnología la que nos usa, nos adocena, y convierte a la pasividad en la actividad de culto.

Contra el uso privado que cada cual quiera hacer de la tecnología en sus mundos, yo tendría pocas objeciones. Cada individuo es el arquitecto de su destino y hay que respetar esa elección. Pero el Estado sí tiene la responsabilidad de modernizar los escenarios e impulsar la creatividad colectiva. Y nosotros, los que de alguna manera estamos interesados en acompañar esa modernización con un cuerpo de ideas (no importa cuán discutibles puedan ser) estamos obligados a poner bajo sospecha esa falsa libertad que nos vende el consumo acrítico de la tecnología.

De allí que con el Proyecto El Callejón de los Milagros, por ejemplo, me interese tanto estimular la formación de usuarios que estén atentos a estos asuntos, que sean capaces de percibir que tal vez no tengan ahora mismo en sus manos un Internet a tiempo completo, pero poseen herramientas y aplicaciones que pueden contribuir a que ellos y los miembros de su comunidad tengan una mayor calidad de vida.

Esto no se va a lograr de un día para otro. Vencida la brecha digital, tendremos que enfrentar la brecha participativa, enseñándoles a nuestros niños a programar, a mirar críticamente la cultura que consumen a diario, a descubrir que como individuos pueden ser algo más que simple consumidores de un videojuego.

Ya sé, suena utópico. Es decir, suena a lo que no está de moda. Pero a veces la lucidez está en no dejarse vencer por el sentido común de los conformes.

Un abrazo bien grande, y otra vez gracias,

Juan Antonio García Borrero     

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Publicado el agosto 4, 2017 en POLÉMICAS, PROYECTO "EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS". Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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