INFORMATIZACIÓN Y CREATIVIDAD EN CUBA

En Camagüey no conozco a muchas personas a las que les motive construir un cuerpo de ideas que acompañe el proceso de informatización de la sociedad. Es por ello que lo que domina hasta el momento en nuestro imaginario sea la construcción de locales y espacios donde las personas pueden conectarse al Wifi o jugar, pero no fomentar el uso creativo de la tecnología, que es otra cosa.

Esto pasa porque no se ha discutido lo suficiente la necesidad de una Política Pública en la que las humanidades digitales jueguen el rol dominante: es decir, donde los individuos, y no los equipos, tengan la prioridad. Lo que no quiere decir que no existan potenciales interlocutores, o que los directivos estén ajenos a esa aspiración.

Me consta que Reynaldo Alonso, como presidente de la UIC en la provincia, circula entre los miembros de la organización muchísima información. Pero el debate ha sido nulo. O lo que es peor: la gente ha preferido debatir en lo privado aquellas ideas que más le inquietan. Al faltar el debate sistemático (quiero enfatizar esto último: sistemático), hemos carecido del intercambio de ideas que tanto enriquece: por eso hay pocas novedades en nuestros frentes.

Algunos me dirán que ese debate público ya existe en la redes. Cierto, solo que el debate en estos medios jamás alcanzará a conformar una Política Pública, porque no es allí donde los decisores o gobernantes juegan ese rol. Todo lo que hablemos en estos sitios (incluyendo lo que se publica en este blog, desde luego) no pasa de ser un conjunto de opiniones sin mayor trascendencia.

Aun así, este intercambio de opiniones es importante, porque nos ayuda a obtener una idea de las potencialidades que puedan existir, no en el mundo virtual, sino en el mundo de la vida del cual formamos parte a diario. A mí me resulta muy gratificante, por ejemplo, encontrarme en la calle con José Raúl Gallego (profesor de la Universidad de Camagüey) y Alejandro Rodríguez (periodista y bloguero), y entablar largas tertulias donde las disparidades de los puntos de vista no nos alejan, sino, todo lo contrario, nos deja con deseos del reencuentro para seguir debatiendo, actualizándonos.

Para ambos jóvenes, si no los he entendido mal, la informatización en el país no puede ir bien si antes no se garantiza el Internet por igual a todos. Digamos que defienden la idea expresada en algún momento por Battro y Denham en el libro La educación digital. Una nueva era del conocimiento:

Una forma práctica de generar hábitos digitales es la exposición continuada y sin restricciones a un ambiente informatizado. Así como la mejor manera de aprender una lengua es vivir en una comunidad donde se habla ese idioma, para adquirir el “idioma digital” es preciso vivir en un “hábitat digital”.

Yo estoy de acuerdo en que Internet es un derecho de todos los ciudadanos, no un favor que el Estado hace para premiar a los que entienda se los merece, pero creo que paralelo a ello es preciso priorizar la formación de usuarios dirigida a impulsar la creatividad, pues no hay que confundir “consumo” con “creatividad”, o acceso a Internet con conocimiento útil. Es decir, si estamos pensando en informatizar el país con el fin de estimular el desarrollo que beneficiaría a la comunidad a la cual pertenecemos, necesitamos preparar a los usuarios en esa dirección, y si es en edades tempranas, mejor.

Lamentablemente, todavía no tenemos conciencia de ello. En la informatización es la sociedad en sentido general la que se beneficia con un conjunto de acciones que la atraviesa de modo transversal. Eso quiere decir que las antiguas áreas de cultura, educación, salud, etc, que antes parecían vivir como ínsulas independientes, ahora se fusionan en una sola plataforma, aunque sin perder sus respectivas identidades. Si antes estas áreas actuaban por separado, ahora están obligadas a interactuar e intercrear, pues lo que tenemos por delante es el aprendizaje rizomático.

¿Estaríamos preparados para eso en Cuba, si ahora mismo lo que predomina es el consumo lúdico y apenas lo comunicativo? Como apuntaba en algún lugar García Canclini: “Somos subdesarrollados en la producción endógena para los medios electrónicos, pero no en el consumo”. La paradoja está en que ese “consumo” que convierte en idénticos (durante unas horas) a los niños de Los Coquitos en Camagüey y a los de Times Square en Nueva York frente a una pantalla que los deslocaliza físicamente, lo que está resaltando es la condición de epígonos de los primeros, que en la brecha participativa que sigue propiciando el desarrollo tecnológico seguirán llevando la peor parte.

Necesitamos, entonces, construir una plataforma de trabajo en la que los individuos se desenvuelvan no como meros consumidores, sino como productores de contenidos que pueden impulsar la creatividad desde dentro, desde la comunidad de la cual forman parte. Pero para eso necesitamos muchos debates y argumentaciones.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el julio 31, 2017 en PROYECTO "EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS". Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

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