Archivos diarios: julio 29, 2017

EDUARDO DEL LLANO Y EL CINE SOCIALISTA EN CUBA

A propósito del post sobre las películas soviéticas en los años sesenta y setenta, Eduardo del Llano comparte con los lectores de Cine Cubano, la pupila insomne, este artículo que escribiera para su blog hace algún tiempo.

 CINE ROJO

Por Eduardo del Llano

 El mismo socio de Playa que mencioné en el artículo Locomotiv GT me quemó la semana pasada una serie de películas del antiguo bloque socialista europeo: algunas que recordaba con nostalgia, otras que nunca vi y no había conseguido hasta ahora. No tengo particulares ataduras -sentimentales o ideológicas- con los viejos regímenes comunistas de Europa del Este, pero sí con algo del arte que allí se produjo.

Una comedia checa: Limonada Joe. En mi adolescencia reí con ella: ahora volví a hacerlo, y admiré además su hechura. Una parodia del western llena de memorables gags y soluciones ocurrentes, con la imagen coloreada como en fotografías antiguas –recurso que también empleara su coterráneo, el extraordinario animador Karel Zeman- y una banda sonora divertida y activa.

Dos polacas, ambas mejores de lo que las recordaba: la primera, El director de orquesta, de Andrzej Wajda. Increíble. El funcionamiento de mecanismos humanos –la envidia, la mala leche, los celos, la culpa- y sociales -provincianismo, burocracia, triunfalismo- con una sobriedad pasmosa, a través de la interrelación de un director de orquesta en una oscura ciudad polaca, otro director de orquesta emigrado, y la esposa del primero e hija del gran amor del segundo. Una reflexión acerca del arte y la moral… lo que supongo también podría decirse de la segunda, Yesterday, de Radoslaw Piwowarski: la historia de un cuarteto de chicos que quieren ser los Beatles en ¿otra? oscura ciudad polaca, ésta en los años sesenta; de la represión y la muerte de sus sueños. Y de la grisura del presente, o mejor, la grisura del adulto-ciudadano correcto.

Y después, bueno, tres del ruso Nikita Mijalkov: Pieza inconclusa para piano mecánico, Cinco atardeceres y Sin testigos. Lo más grande de la vida. Por diferentes razones, durante mi adolescencia los cubanos solíamos llevar al cine soviético bastante recio: el ritmo, el tema recurrente de la guerra, la falta de espectacularidad nos parecían defectos insalvables. Es más, decíamos que las películas se clasificaban en cuatro grandes grupos: buenas, regulares, malas y soviéticas. Cuando se estrenó Pieza inconclusa.., recuerdo a un amigo diciéndome: “¿Qué clase de ladrillo puede llevar ese nombre?” Se comprenderá entonces que, a diferencia de las obras que mencioné anteriormente, no había visto ninguna de las tres de Mijalkov hasta la semana pasada. Conocía otros trabajos suyos, pero éstos no… y vaya con lo que me estaba perdiendo. Lee el resto de esta entrada

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