DOS AÑOS SIN ALINA RODRÍGUEZ

Hace un par de años, por esta misma fecha, las redes sociales se estremecieron con el rumor del fallecimiento de la actriz Alina Rodríguez (1951- 2015). Recuerdo esas horas de incertidumbre viral en las que no se había confirmado nada, y la gente se lamentaba, o escribía comentarios donde se intentaba transmitir toda la buena energía que uno pueda imaginar, con el fin de conjurar el mal que tanto la amenazaba.

Cuando al fin se dio a conocer el fatal desenlace, escribí algo breve que siempre supe no alcanzaba a explicar ni la mitad de mi admiración. Y es que ese tipo de admiración siempre es un misterio, no tiene nada de racional. Ahora, por cuestiones de trabajo, he tenido que regresar a algunas de las películas en las que ella intervino, y vuelve a mí ese deslumbramiento intenso.

El cine cubano ha tenido la suerte de contar con muy buenas actrices. No las voy a mencionar por su nombre, para evitar el riesgo que siempre implica dejar fuera de esas evocaciones a otras que se merecen igual remembranza. Pero hay algo extraordinario en lo que consiguió Alina al construir dos personajes que siguen allí entre nosotros, como si fuesen dos personas que hemos conocido: la María Antonia del filme de Sergio Giral, y la inolvidable Carmela de Conducta (2014), de Ernesto Daranas.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el julio 25, 2017 en OBITUARIOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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