Archivos diarios: julio 15, 2017

GUTIÉRREZ ALEA O LAS TRAMPAS DE LA (FE) POLÍTICA*

En el mes de julio de 1992 Tomás Gutiérrez Alea escribe un texto que titula “Las trampas de la (fe) política”, el cual aparecerá publicado por primera vez en el libro que el crítico José Antonio Évora prepara para el homenaje que le harían al cineasta en el Festival de Huesca dos años después.[1]

Aquel fue un año donde a la cruenta crisis económica y el incremento de la hostilidad del gobierno estadounidense, habría que sumar las tensiones vividas en el interior del campo revolucionario. La sonada destitución de Carlos Aldana Escalante de sus cargos de Jefe del Departamento Ideológico y del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central ocurre el 10 de octubre de 1992, y sería explicada de modo extenso en una nota del Buró Político del PCC, lo cual sacó a relucir una vez más las diferencias a veces irreconciliables que pueden existir detrás de esa unanimidad de criterios defendida en la esfera pública.

Algunas de las críticas más feroces dirigidas a Aldana no llegaban de los “enemigos de la Revolución”, sino de hombres como Alfredo Guevara, que en carta dirigida a Raúl Castro en 1999 (entonces Ministro de las FAR) escribiría:

No olvido al personaje unas veces perestroikero, otras horca y cuchillo, manipulador y acusador sin escrúpulos, volcando responsabilidades sobre “la Provincia” y presentándose en Ángel de la Guarda en el tratamiento del filme Alicia…; o igualmente manipulador de la verdad y la mentira, calumniador y envenenador con información falseada sobre Alicia Alonso y su entorno, destructor de vidas”.[2]

Más allá del diferendo personal que pudiera apreciarse en las anteriores consideraciones, lo que se pone en evidencia (y que a lo largo de todo el período post-59 ha salido a relucir de modo cíclico), son las maneras encontradas que dentro del mismo campo revolucionario conviven a la hora de “pensar” la construcción del socialismo, y que de modo maniqueo muchas veces se divide en dos: socialistas herejes y dogmáticos.

En teoría, el socialismo debería funcionar como una fuente inagotable de herejías. Al ser un sistema joven, que intenta superar las contradicciones del capitalismo con propuestas inéditas, obliga al debate permanente y la fiscalización constante de “verdades” que se dan por sentadas. Lamentablemente, por el camino siempre aparecerán grupos e individuos (sobre todo en los momentos más críticos que vive la nación), que en nombre de ese mismo socialismo herético que dicen defender, terminan apelando al dogma que todo lo petrifica: en esos casos, el socialismo ya no será herramienta de emancipación de muchos, como hubiese soñado Marx, sino de dominación en manos de unos pocos. Lee el resto de esta entrada