Archivos diarios: julio 3, 2017

EN MEMORIA DE AMILKAR SOTO DEL RISCO

Tengo una percepción trágica de la vida: pienso que estamos vivos por puro milagro. Por eso, paradójicamente, cada día que logramos vivir, debe agradecerse como un regalo maravilloso. He allí la esencia de lo que me gusta llamar el optimismo trágico.

Son, sobre todo los poetas, los que mejor han logrado describir el misterio que rodea ese instante en que aparece la muerte, y seres queridos desaparecen de nuestra vista.

Lo de “seres queridos” también es un misterio. A veces no hace falta que exista la amistad de todos los días para que la muerte de alguien nos afecte en lo más íntimo, y sintamos la rudeza del golpe en toda su brutal intensidad. Mucho más si esa persona es muy joven, y en algún tramo de la vida hemos coincidido en los deseos de construir un sueño.

El gran poeta cubano Alberto Rodríguez Tosca llegó a escribir en su “Habituario”:

La muerte de un amigo es siempre una derrota personal, lo vemos partir y no atinamos a tirar del picaporte para impedirle la salida. El amigo se va, cruza la línea y lo ve todo blanco. Nosotros lo vemos todo negro cuando se va el amigo. Ya nada hay que hacer, salvo cuidar sus pasos mientras llega a la puerta, y parte (…). No vivimos la vida: sucedemos en ella. Y es simple la tarea: llegar, partir”.

Amilkar Soto del Risco también formó parte de esa conjura de soñadores que todavía aspira a convertir el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo en un espacio cultural aglutinante. Ahora que ha muerto de forma tan absurda, me he puesto a revisar otra vez el Proyecto de Café que, junto al arquitecto Diango Esquivel, nos propuso alguna vez.

Nunca pudimos hacer realidad ese sueño, como tampoco parece podremos lograr otros en Nuevo Mundo, porque esa es la vida: no necesariamente una buena idea siempre es comprendida por sus contemporáneos o quienes tienen el poder de decidir. Pero aunque no lo lográramos, en su caso me funciona ese principio dramatúrgico donde se explica que un personaje es más admirado por lo que intenta que por lo que consigue. Creo que llegué a comentárselo en nuestro último encuentro.

Y ahora heme aquí, mirando esas fotos de un futuro que nunca ocurrió, mientras imagino nuestra próxima Cibertertulia en el Café Nuevo Mundo; por fin, en un Café donde de verdad conseguimos rescatar el humanismo y combinarlo con el uso creativo de la tecnología, gracias al empeño de un soñador como Amilkar Soto del Risco.

En mi ensoñación hay muchos amigos reunidos, y en el fondo de la escena Borges (otro poeta que supo desafiar a la Muerte con gran altura) recita en voz baja: “Dios mueve al jugador, y éste, la pieza/ ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonías?”.

Juan Antonio García Borrero

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