Archivos Mensuales: julio 2017

INFORMATIZACIÓN Y CREATIVIDAD EN CUBA

En Camagüey no conozco a muchas personas a las que les motive construir un cuerpo de ideas que acompañe el proceso de informatización de la sociedad. Es por ello que lo que domina hasta el momento en nuestro imaginario sea la construcción de locales y espacios donde las personas pueden conectarse al Wifi o jugar, pero no fomentar el uso creativo de la tecnología, que es otra cosa.

Esto pasa porque no se ha discutido lo suficiente la necesidad de una Política Pública en la que las humanidades digitales jueguen el rol dominante: es decir, donde los individuos, y no los equipos, tengan la prioridad. Lo que no quiere decir que no existan potenciales interlocutores, o que los directivos estén ajenos a esa aspiración.

Me consta que Reynaldo Alonso, como presidente de la UIC en la provincia, circula entre los miembros de la organización muchísima información. Pero el debate ha sido nulo. O lo que es peor: la gente ha preferido debatir en lo privado aquellas ideas que más le inquietan. Al faltar el debate sistemático (quiero enfatizar esto último: sistemático), hemos carecido del intercambio de ideas que tanto enriquece: por eso hay pocas novedades en nuestros frentes.

Algunos me dirán que ese debate público ya existe en la redes. Cierto, solo que el debate en estos medios jamás alcanzará a conformar una Política Pública, porque no es allí donde los decisores o gobernantes juegan ese rol. Todo lo que hablemos en estos sitios (incluyendo lo que se publica en este blog, desde luego) no pasa de ser un conjunto de opiniones sin mayor trascendencia.

Aun así, este intercambio de opiniones es importante, porque nos ayuda a obtener una idea de las potencialidades que puedan existir, no en el mundo virtual, sino en el mundo de la vida del cual formamos parte a diario. A mí me resulta muy gratificante, por ejemplo, encontrarme en la calle con José Raúl Gallego (profesor de la Universidad de Camagüey) y Alejandro Rodríguez (periodista y bloguero), y entablar largas tertulias donde las disparidades de los puntos de vista no nos alejan, sino, todo lo contrario, nos deja con deseos del reencuentro para seguir debatiendo, actualizándonos.

Para ambos jóvenes, si no los he entendido mal, la informatización en el país no puede ir bien si antes no se garantiza el Internet por igual a todos. Digamos que defienden la idea expresada en algún momento por Battro y Denham en el libro La educación digital. Una nueva era del conocimiento:

Una forma práctica de generar hábitos digitales es la exposición continuada y sin restricciones a un ambiente informatizado. Así como la mejor manera de aprender una lengua es vivir en una comunidad donde se habla ese idioma, para adquirir el “idioma digital” es preciso vivir en un “hábitat digital”.

Yo estoy de acuerdo en que Internet es un derecho de todos los ciudadanos, no un favor que el Estado hace para premiar a los que entienda se los merece, pero creo que paralelo a ello es preciso priorizar la formación de usuarios dirigida a impulsar la creatividad, pues no hay que confundir “consumo” con “creatividad”, o acceso a Internet con conocimiento útil. Es decir, si estamos pensando en informatizar el país con el fin de estimular el desarrollo que beneficiaría a la comunidad a la cual pertenecemos, necesitamos preparar a los usuarios en esa dirección, y si es en edades tempranas, mejor.

Lamentablemente, todavía no tenemos conciencia de ello. En la informatización es la sociedad en sentido general la que se beneficia con un conjunto de acciones que la atraviesa de modo transversal. Eso quiere decir que las antiguas áreas de cultura, educación, salud, etc, que antes parecían vivir como ínsulas independientes, ahora se fusionan en una sola plataforma, aunque sin perder sus respectivas identidades. Si antes estas áreas actuaban por separado, ahora están obligadas a interactuar e intercrear, pues lo que tenemos por delante es el aprendizaje rizomático.

¿Estaríamos preparados para eso en Cuba, si ahora mismo lo que predomina es el consumo lúdico y apenas lo comunicativo? Como apuntaba en algún lugar García Canclini: “Somos subdesarrollados en la producción endógena para los medios electrónicos, pero no en el consumo”. La paradoja está en que ese “consumo” que convierte en idénticos (durante unas horas) a los niños de Los Coquitos en Camagüey y a los de Times Square en Nueva York frente a una pantalla que los deslocaliza físicamente, lo que está resaltando es la condición de epígonos de los primeros, que en la brecha participativa que sigue propiciando el desarrollo tecnológico seguirán llevando la peor parte.

Necesitamos, entonces, construir una plataforma de trabajo en la que los individuos se desenvuelvan no como meros consumidores, sino como productores de contenidos que pueden impulsar la creatividad desde dentro, desde la comunidad de la cual forman parte. Pero para eso necesitamos muchos debates y argumentaciones.

Juan Antonio García Borrero

Anuncios

LOS MEJORES DOCUMENTALES DEL ICAIC

Hace unos días publicamos una parte de la consulta convocada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica en el año 2008. Ya en aquel momento decíamos que toda encuesta siempre será en el fondo una gran provocación, pero ayudan a orientarse en medio de ese gran oceáno de imágenes y sonidos em que vivimos. Hoy compartimos la relación de documentales que los especialistas eligieron como los más destacados. (JAGB)

DOCUMENTALES CON MÁS VOTOS

NOW

(1965)/ 6’/ Director: Santiago Alvarez/ Montaje de noticieros y fotos sobre la lucha de los negros norteamericanos contra la discriminación racial (54 votos)

POR PRIMERA VEZ

(1967)/ 10’/ Director: Octavio Cortázar/ Las Unidades de Cine Móvil del ICAIC visitan un apartado lugar de las montañas orientales. Impresiones y opiniones de los campesinos de la zona que ven cine por primera vez (43 votos)

SUITE HABANA

(2003)/ 90’/ Director: Fernando Pérez/ Panorámica de uma ciudad en la que la multiplicidad de rostros y lugares se entrecruzan con las memorias de personajes anónimos. Seres sumamente peculiares que representan una curiosa diversidade de grupos sociales que viven en La Habana de hoy.  (38 votos)

COFFEA ARÁBIGA

(1968)/ 18’/ Director: Nicolás Guillén Landrián/ De forma novedosa y con un montaje experimental se aborda el cultivo del café, su proceso agrario e industrial (30 votos)

LBJ

(1968)/ 18’/ Director: Santiago Alvarez/ Sátira, a la vez que síntesis histórica y didáctica, de la violencia en los Estados Unidos, dada mediante los asesinatos de Martin Luther King, John y Robert Kennedy (18 votos)

VAQUEROS DEL CAUTO

(1965)/ 30’/ Director: Oscar Valdés/ El trabajo ganadero y los rasgos sicológicos de los hombres que se dedican a él dados a través de la vida de los vaqueros de la zona del río Cauto, en la provincia de Oriente.  (18 votos)

OCIEL DEL TOA

(1965)/ 17’/ Director: Nicolás Guillén Landrián/ Visión poética de los hechos y la vida a lo largo del río Toa. (17 votos)

CICLÓN

(1963)/ 22’/ Director: Santiago Alvarez/ El paso del ciclón Flora por las provincias de Oriente y Camagüey en octubre de 1963. Trabajos de salvamento y evacuación. (16 votos)

NOSOTROS LA MUSICA

(1964)/ 66’/ Director: Rogelio París/ La música, las canciones y los bailes cubanos más populares presentados en una mezcla de free cinema y revista musical. (15 votos)

HANOI MARTES 13

(1967)/ 34’/ Director: Santiago Álvarez/ La vida y la lucha por la libertad del pueblo vietnamita, partiendo del primer día en que comenzaron los bombardeos a la ciudad de Hanoi. (12 votos)

EDUARDO DEL LLANO Y EL CINE SOCIALISTA EN CUBA

A propósito del post sobre las películas soviéticas en los años sesenta y setenta, Eduardo del Llano comparte con los lectores de Cine Cubano, la pupila insomne, este artículo que escribiera para su blog hace algún tiempo.

 CINE ROJO

Por Eduardo del Llano

 El mismo socio de Playa que mencioné en el artículo Locomotiv GT me quemó la semana pasada una serie de películas del antiguo bloque socialista europeo: algunas que recordaba con nostalgia, otras que nunca vi y no había conseguido hasta ahora. No tengo particulares ataduras -sentimentales o ideológicas- con los viejos regímenes comunistas de Europa del Este, pero sí con algo del arte que allí se produjo.

Una comedia checa: Limonada Joe. En mi adolescencia reí con ella: ahora volví a hacerlo, y admiré además su hechura. Una parodia del western llena de memorables gags y soluciones ocurrentes, con la imagen coloreada como en fotografías antiguas –recurso que también empleara su coterráneo, el extraordinario animador Karel Zeman- y una banda sonora divertida y activa.

Dos polacas, ambas mejores de lo que las recordaba: la primera, El director de orquesta, de Andrzej Wajda. Increíble. El funcionamiento de mecanismos humanos –la envidia, la mala leche, los celos, la culpa- y sociales -provincianismo, burocracia, triunfalismo- con una sobriedad pasmosa, a través de la interrelación de un director de orquesta en una oscura ciudad polaca, otro director de orquesta emigrado, y la esposa del primero e hija del gran amor del segundo. Una reflexión acerca del arte y la moral… lo que supongo también podría decirse de la segunda, Yesterday, de Radoslaw Piwowarski: la historia de un cuarteto de chicos que quieren ser los Beatles en ¿otra? oscura ciudad polaca, ésta en los años sesenta; de la represión y la muerte de sus sueños. Y de la grisura del presente, o mejor, la grisura del adulto-ciudadano correcto.

Y después, bueno, tres del ruso Nikita Mijalkov: Pieza inconclusa para piano mecánico, Cinco atardeceres y Sin testigos. Lo más grande de la vida. Por diferentes razones, durante mi adolescencia los cubanos solíamos llevar al cine soviético bastante recio: el ritmo, el tema recurrente de la guerra, la falta de espectacularidad nos parecían defectos insalvables. Es más, decíamos que las películas se clasificaban en cuatro grandes grupos: buenas, regulares, malas y soviéticas. Cuando se estrenó Pieza inconclusa.., recuerdo a un amigo diciéndome: “¿Qué clase de ladrillo puede llevar ese nombre?” Se comprenderá entonces que, a diferencia de las obras que mencioné anteriormente, no había visto ninguna de las tres de Mijalkov hasta la semana pasada. Conocía otros trabajos suyos, pero éstos no… y vaya con lo que me estaba perdiendo. Lee el resto de esta entrada

LAS PELÍCULAS SOVIÉTICAS DE MI INFANCIA

Anoche me puse a consultar el libro de Zoia Barash “El cine soviético del principio al fin” (Ediciones ICAIC, La Habana, 2008). Un libro duro, estremecedor, que nos revela desde dentro muchos de los avatares que nunca nos contaron en la prensa oficial de esa gran cinematografía.

Por allí desfilan los nombres de los cineastas más insignes: Dziga Vertov, Serguei Eisenstein, Lev Kuleshov, Mijail Kalatozov, Serguei Bondarchuk, Larisa Shepitko, Serguei Paradzhanov, Andrei Tarkovski, Nikita Mijalkov. Y se habla de algunos de los filmes más memorables de la “perestroika”: Arrepentimiento (1984), de Tenguiz Abuladze, La pequeña Vera (1988), de Vasili Pichul, El frío verano del 53 (1987), de Aleksandr Proshkin, o Una chica internacional (1989), de Piotr Todorovski.

El libro es muy recomendable, y se lee con facilidad. Sin embargo, a mí de repente me entraron deseos de saber un poco más acerca de aquellos filmes soviéticos “menores” que abundaron en mi infancia, y modelaron una parte de mi gusto por el cine en mi más temprana edad.

Estudiosos como Damaris Puñales-Alpízar (“Escrito en cirílico: el ideal soviético en la cultura cubana posnoventa”) y Dean Luis Reyes (“Ostalgie caribeña. Saudade postsoviética en el audiovisual cubano contemporáneo”) han rastreado con gran rigor las huellas de esa impronta cultural e ideológica, incluyendo las marcas dejadas por los antiguos “muñequitos rusos”. En este caso, yo también estoy preguntando por esos filmes que pasaron en apariencia “sin dejar huella”, filmes que difícilmente figurarán en el catálogo de las películas más importantes, y que, sin embargo, uno todavía recuerda con extraño fervor…

En mi caso personal, mi memoria afectiva podría elaborar un listado bastante amplio, pues cuando preparaba la “Guía crítica del cine cubano de ficción” me vi obligado a revisar toda la colección de periódicos Granma, Juventud Rebelde, y Trabajadores, y allí pude reencontrar a través de las carteleras y críticas puntuales, los títulos de esas películas que alguna vez vi (aunque olvidara al instante) y que ahora regresaban en forma de una recreación de mi propia vida.

He aquí algunas de esas películas que mientras exploraba la prensa me traían evocaciones misteriosas. Varias de ellas no las había visto (debido a mi corta edad entonces), pero sí recordaba las fotos publicitarias colocadas en los nichos de promoción (que era otra manera de acceder al cine, como bien nos demostró Truffaut a través del protagonista de “Los 400 golpes”): Tigres en alta mar (1961), de Vladimir Fetin, Dingo, perro salvaje (1963), de Yuli Karasik, El hombre anfibio (1961), de Kazanski, Los vengadores incapturables (1967), de Edmond Keosaián, La reina de las nieves (1967), de G. Kazánski, El brazo de los brillantes (1969), de Leonid Gaidái, Nuevas aventuras de los incapturables (1968), de E. Keosaián; ¡Cuidado con la tortuga! (1970), de Rolan Bikov, La corona del imperio ruso (1970), de E. Keosaián; Los amaneceres son aquí apacibles (1972), de Stanislav Rostotski; La isla del Tesoro (1971), de E. Fridman; Siete novias para un soldado (1971), de Vitali Melnikov; Los trece valientes (1970), de V. Zhilin; El Comandante del submarino afortunado (1974), de Boris Volcher; Pan duro y negro (1971), de Gerbert Rappaport; La séptima bala (1973), de Ali Jamráev; El tren robado (1971), de Vladimir Yánchev; Vida y asombrosas aventuras de Robinson Crusoe (1973), de Stanislav Govorujin; Las aventuras de Huckleberry Finn (1972), de G. Ganelia; El jinete sin cabeza (1972), de Vladimir Vainstock (con participación de Enrique Santiesteban y Eslinda Núñez en su reparto); Aventuras de unos italianos en Rusia (1973), de Eldar Riazánov.

Cuando el año pasado, gracias a un ciclo organizado por la Cinemateca de Cuba, pude ver otra vez Tigres en alta mar fue como regresar a aquel país donde yo vivía de pequeño. Y no hablo del país en términos geográficos, sino en la dimensión espiritual que muchas veces identifica a la infancia como esa suerte de Matria donde, por viejos que nos pongamos, siempre estamos regresando al recordar que allí dejamos enterrados muchos tesoros invisibles. Así que bastó leerme la sinopsis para viajar de inmediato a ese país remoto que fui de niño: “En un barco mercante soviético viajan diez tigres, dos leones y un travieso mono, bajo el cuidado de un camarero que se hace pasar por domador. El pánico cunde entre la tripulación cuando el chimpancé abre las jaulas de las fieras…

Admito que el listado de hace un rato es bastante arbitrario, como arbitraria es esa memoria que nos reintegra no exactamente lo que nosotros quisiéramos recuperar intacto, sino algo que viene filtrado por los años transcurridos, los sucesos históricos que en ese período de tiempo han tenido lugar, y las filias y fobias que hemos ido incorporando a nuestra existencia.

También sé que hay allí cierta tendencia a la idealización, algo que Alfredo Guevara, desde su responsabilidad de presidente del ICAIC siempre quiso evitar, pese a las buenas relaciones con los países socialistas de entonces. Recuerdo, por ejemplo, cómo en los apuntes que tomó con el fin de intervenir en una reunión de 1974 con jefes de las cinematografías de esos países, señalaba que “un cine antiguo, sin búsqueda, sin ritmo, sin riqueza, sin novedad no será ni expresivo, ni capaz de comunicar”.

Pero es que yo no estoy hablando de películas excelentes, regulares, malas, o pésimas. Estoy hablando del niño que fui, y que ahora escribe esto: desde la ostalgie, como dicen los académicos.

Juan Antonio García Borrero

PASEO TECNOLÓGICO DE CAMAGÜEY

La ciudad de Camagüey sigue sumando puntos en su empeño de acercar a sus ciudadanos a la modernidad tecnológica. Ahora se acaba de inaugurar el Paseo Tecnológico (con una ubicación muy céntrica), y donde destaca el buen gusto de la ambientación del local y las soluciones conseguidas en cuanto a las carteleras electrónicas.

Sigo pensando que ninguna otra ciudad del país cuenta con una infraestructura similar (Circuito, Bosque Tecnológico, Paseo Temático del Cine) a través de la cual se pudiera impulsar esa Política Pública que tanto anhelamos, en donde la prioridad sea el fomento de la creatividad tecnológica.

En este sentido, pienso que la gran responsabilidad la tendrían ahora todos esos informáticos que tienen al alcance de sus manos la posibilidad de enriquecer con sus talentos e imaginación esos escenarios dominados ahora mismo por el consumo activo de lo que ya ha sido programado en lo externo. Paralelo a ello, necesitamos “crear” desde dentro.

Pero eso, evidentemente, es un asunto que demandaría análisis más profundos. Por lo pronto, manifiesto públicamente mi alegría por el nacimiento en Camagüey de todos estos nuevos escenarios tecnológicos.

Juan Antonio García Borrero

HÉCTOR ZUMBADO SOBRE LA CRÍTICA Y LOS CRÍTICOS

“Para subir al cielo de la crítica se necesitan varias escaleras. Se necesita una escalera grande de profesionalismo, saber lo que se está criticando en términos técnicos, poseer una cultura general amplia: esas dos condiciones son básicas.

En profesionalismo y cultura general, nuestros críticos, con honrosas excepciones, son muy débiles, tanto en el aspecto técnico de lo que critican como en su nivel de amplitud cultural, y en tercer lugar, una escalera mucho más grande que se llama elegancia. Somos herederos de una larga, profunda, maravillosa tradición cultural. Tenemos que rescatar la elegancia, la ética de Domingo del Monte, José Antonio Saco, de Martí… Quien haya leído la polémica de Martínez Villena con Mañach; la gran polémica entre Vasconcelos y Gastón Baquero…

Pido que nuestros críticos tengan un profundo conocimiento de lo que están criticando, la amplitud cultural que los apoye en sus críticas y que tengan, sobre todo, la elegancia de los criollos del siglo pasado: eso es todo lo que pido a los críticos de nuestra época”

Héctor Zumbado (Uno de nuestros más grandes exponentes del humor ilustrado)

DOS AÑOS SIN ALINA RODRÍGUEZ

Hace un par de años, por esta misma fecha, las redes sociales se estremecieron con el rumor del fallecimiento de la actriz Alina Rodríguez (1951- 2015). Recuerdo esas horas de incertidumbre viral en las que no se había confirmado nada, y la gente se lamentaba, o escribía comentarios donde se intentaba transmitir toda la buena energía que uno pueda imaginar, con el fin de conjurar el mal que tanto la amenazaba.

Cuando al fin se dio a conocer el fatal desenlace, escribí algo breve que siempre supe no alcanzaba a explicar ni la mitad de mi admiración. Y es que ese tipo de admiración siempre es un misterio, no tiene nada de racional. Ahora, por cuestiones de trabajo, he tenido que regresar a algunas de las películas en las que ella intervino, y vuelve a mí ese deslumbramiento intenso.

El cine cubano ha tenido la suerte de contar con muy buenas actrices. No las voy a mencionar por su nombre, para evitar el riesgo que siempre implica dejar fuera de esas evocaciones a otras que se merecen igual remembranza. Pero hay algo extraordinario en lo que consiguió Alina al construir dos personajes que siguen allí entre nosotros, como si fuesen dos personas que hemos conocido: la María Antonia del filme de Sergio Giral, y la inolvidable Carmela de Conducta (2014), de Ernesto Daranas.

Juan Antonio García Borrero

RETRATO DE TERESA (1979), de Pastor Vega

Hoy se están cumpliendo 38 años de la primera exhibición pública de Retrato de Teresa (1979), uno de los filmes más polémicos que ha existido en la historia del cine cubano. Comparto este breve texto que forma parte del cuaderno aún inédito Diez películas que estremecieron a Cuba.

JAGB

RETRATO DE TERESA

No ha existido en la historia del cine cubano de todos los tiempos, una película que se haya discutido con más fervor. Han existido películas con mayor éxito en el plano económico (La bella del Alhambra), o que han movilizado, incluso contra su voluntad, a un buen número de espectadores (Alicia en el Pueblo de Maravillas), o que cuando se suman todos los asistentes de por vida, la supera con creces (Aventuras de Juan Quin Quin), o que tienen un mayor reconocimiento internacional (Fresa y chocolate), pero lo que se dice “discusión popular”, eso solo ha sucedido con Retrato de Teresa. En el momento de su estreno, pocas personas se mostraron ajenas al debate, fueran o no amantes del cine. Podía gustar o no, pero nadie quedaba indiferente.

El impacto de Retrato de Teresa tiene varias causas, pero tal vez la primera de ellas sea el uso eficaz que hace de un modelo de representación donde la sencillez expositiva provoca que el conflicto sea fácilmente reconocible. Este modo de exponer la anécdota, si bien para nada novedoso en la historia de la narrativa fílmica, sí resultaba toda una sorpresa dentro del cine cubano revolucionario de entonces, tan empeñado en conseguir obras de autor, caracterizadas casi siempre por rupturas, negaciones y sobresaltos que terminaron por convertir al cine convencional en una suerte de enemigo, cuando no una rareza. Según Pastor Vega,

La película fue concebida para polemizar con conceptos y comportamientos que nada tienen que ver ni con la Revolución ni con el socialismo, y que todavía están presentes en nuestra vida diaria. De ahí el carácter completamente abierto de la película. Su estructura dramática está compuesta de sugerencias, de nudos y problemáticas no resueltas; de expresiones, más que de soluciones. La película no pretende moralizar con proposiciones doctas y definitivas sino motivar una reflexión, una actitud y que cada cual polemice dentro de sí mismo y piense con su propia cabeza. De ahí la discusión popular desatada. Aferrarse a moldes de pensamiento históricamente superados no es privativo de ningún sexo, edad o color. Es fundamentalmente un problema ideológico”. Lee el resto de esta entrada

SUITE CAMAGÜEY (2016)

Noche de ensueño en la recién inaugurada Sala de Conciertos “José Marín Varona”. Derroche de talento con las interpretaciones de los Dúos A Piacere, A Tempo, y Voces. Otro buen punto que se anota la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey.

Sé que una ciudad, más que un conjunto de edificios y calles, es un estado de ánimo. Hablo sobre todo las ciudades donde hemos nacido. Esas que nunca dejamos atrás aunque ya no vivamos en ella, porque como ha apuntado Italo Calvino:

Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, sino también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”.

Juan Antonio García Borrero

EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS EN EL PERIÓDICO GRANMA

Quiero agradecer al periodista Miguel Febles Hernández este extenso trabajo publicado en el periódico Granma, y que habla de las potencialidades que ahora mismo tiene la ciudad de Camagüey con su Paseo Temático del Cine (único de su tipo en el país), y que tanto podría contribuir a la anhelada informatización de la sociedad cubana.

De paso aprovecho para invitarlos al panel que mañana sábado, a las once de la mañana, estaremos protagonizando en el Bosque Tecnológico como parte de las actividades del Festival Provincial de la Juventud y los Estudiantes.

JAGB

Proyecto El Callejón de los Milagros. Del esbozo teórico a los hechos

Justo en el 2014 quedó abierto al público un sitio único en el país, conformado por instituciones cinematográficas, cafeterías, bares, restaurantes, tiendas, estudios fotográficos, heladerías, barberías y peluquerías

Autor: Miguel Febles Hernández | febles@granma.cu

(20 de julio de 2017 20:07:06)

CAMAGÜEY.–Al segmento de la céntrica arteria Ignacio Agramonte, situado inmediato a la Plaza de los Trabajadores, los habitantes de esta ciudad patrimonial siempre le llamaron la «calle de los cines» por la presencia en ese tramo vial de varias de las principales salas cinematográficas de la localidad.

Amén del apego casi generalizado por el séptimo arte, ese fue el «gancho» que aprovechara la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey para transformar la zona en Paseo Temático del Cine, como parte del programa constructivo por el aniversario 500 de la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

Justo en el 2014 quedaba abierto al público un sitio único en el país, conformado por instituciones cinematográficas, cafeterías, bares, restaurantes, tiendas, estudios fotográficos, heladerías, barberías y peluquerías, cuyos nombres y ambientación estuvieron relacionados, desde entonces, con clásicos del cine mundial.

A partir de esa fecha, lugareños y visitantes comenzaron a identificar y a recibir los servicios del Bar Esperanza, último que cierra, la cafetería La Dolce Vita, la cremería La Isla del Tesoro, la barbería El Marido de la Peluquera o el restaurante La Isabella, en un ambiente rodeado de imágenes antológicas.

Fruto de la rehabilitación, el Casablanca se convirtió en multicine con las salas Alhambra, Fénix y Palatino; el Encanto, en sede del Circuito para la exhibición, el desarrollo y la investigación de los nuevos medios; y el Complejo Nuevo Mundo acogió la Cátedra de Estudios Audiovisuales Tomás Gutiérrez Alea.

DE LA ETERNA INCONFORMIDAD SALEN SOLUCIONES

¿Cómo aprovechar mejor la oportunidad de disponer de un conjunto de medios técnicos, servicios e instalaciones que no existe en otra parte de Cuba? A esa pregunta se encargó de dar respuesta un grupo de eternos inconformes, encabezado por el investigador y crítico de cine Juan Antonio García Borrero.

Surgió entonces lo que se dio en llamar Proyecto de fomento de la cultura audiovisual El Callejón de los Milagros, dirigido a impulsar el uso creativo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en su vínculo con el legado del cine, sobre la base de un consumo cultural donde prime la calidad y la jerarquía.

Es imposible imaginar, sin embargo, que la ejecución de un proyecto como este descanse sobre los hombros de una persona: en su materialización intervienen, como instituciones rectoras, el sectorial provincial de Cultura, el Centro Provincial del Cine, la Asociación Hermanos Saíz y la Unión de Informáticos de Cuba.

«Tan importantes como esas instituciones, aclara García Borrero, son también los aliados estratégicos (Desoft, Citmatel, Etecsa, Copextel, Joven Club, la Universidad, Educación y el grupo Orsis), los cuales, con sus ideas y servicios, contribuyen a que el proyecto se mantenga en el tiempo y sea algo sostenible». Lee el resto de esta entrada