Archivos diarios: junio 2, 2017

EL BURÓCRATA Y EL SERVIDOR PÚBLICO

Con este texto publicado en el sitio digital Cubarte, Juan Nicolás Padrón nos regala uno de los análisis más lúcidos del fenómeno de la burocracia cultural en Cuba. Su lectura y debate deberían ser obligatorios para todos aquellos a los que les interese defender el bien público, entendido como algo que va más allá de los individuos y los grupos, y nos afecta como comunidad en su sentido más complejo e integrador.

Hay aquí conceptos y matizaciones que uno no está acostumbrado a tomar en cuenta. Porque es real que muchas veces metemos en un mismo saco a todos los individuos y funciones, y eso, lejos de ayudarnos a entender el fenómeno, legitima un orden de cosas donde la impunidad del burócrata insensible termina anulando cualquier posibilidad de diálogo fecundante.

En Cuba no tenemos una conciencia ciudadana de lo que es realmente un servidor público. Muchas veces, y de modo inconsciente, fetichizamos el puesto, la jerarquía. No voy a generalizar. Existen realmente funcionarios que dejan a un lado la obsesión por cumplir lo que dice el reglamento (aunque ese reglamento probablemente solo funcione bien si regresáramos a la Edad Media) y se concentran en estimular la creatividad. Yo he tenido la suerte de conocer varios.

Pero lo importante de un análisis como el que propone Juan Nicolás Padrón es que debemos pasar de lo anecdótico al examen de lo sistémico. La realidad siempre será más compleja que lo que cualquier conjunto de mentes lúcidas pueda establecer. De allí que la necesidad del debate permanente sea tan urgente.

Juan Antonio García Borrero

EL BURÓCRATA Y EL SERVIDOR PÚBLICO

Por: Juan Nicolás Padrón (Tomado de Cubarte)

Después de la Revolución Industrial inglesa y en medio de la creación de la Compañía Británica de las Indias Orientales, se revalorizó el concepto de funcionario; John Stuart Mill, quien trabajó para la Compañía más de dos siglos después de fundada y era miembro del Parlamento, los nombró civil servant ―servidores públicos―, aunque fueran empleados por el gobierno o por privados. Esta buena voluntad de Mill le sirvió al economista y sociólogo alemán Max Weber para analizar las relaciones del capitalismo con sus funcionarios y su capacidad de readecuarlos para eternizar el sistema en los tiempos del imperialismo; Weber teorizó sobre los funcionarios y la necesidad de estos para cualquier Estado moderno.

Los funcionarios se convirtieron en imprescindibles en cualquier sitio del mundo, y lo demuestran sus características: en primer lugar, la permanencia en el cargo y su progreso dependen de la incondicionalidad al jefe; son vigilados mediante calificaciones, evaluaciones, chequeos y controles periódicos, y pueden ser castigados de diferentes maneras, desde las más sutiles hasta penosas sanciones, materializadas en una salida del entorno, el traslado a puestos de menor categoría, demociones o expulsiones deshonrosas; siempre deben sacrificar la opinión individual, y a veces, anular su personalidad; además, sus tareas o funciones no cambian con regularidad y generalmente permanecen constantes sus modos de operar y establecer relaciones, independientemente de quién es el jefe supremo; sus ocupaciones resultan necesarias pero exigen claridad, exactitud, velocidad, eficiencia, eficacia y regularidad; a cada uno se le otorga una cuota de autoridad para realizar su labor, y medios de coerción limitados para usarlos como parte de su jerarquía, con deberes y derechos para supervisar. Lee el resto de esta entrada