LA MUESTRA, DEL AYER AL MAÑANA

En su momento no pude comentar nada de la Muestra de Nuevos Realizadores, que ya finalizó. Pero comparto este breve texto que me pidieron para incluir en uno de los Bisiestos.

LA MUESTRA, DEL AYER AL MAÑANA

Para este año debo terminar de actualizar la “Guía crítica del cine cubano de ficción”, cuya publicación ya está comprometida con la Editorial Oriente. En la primera edición de este libro, hoy agotada, se registra la producción cinematográfica de cineastas cubanos residentes en la isla, en el período que va de la etapa silente hasta el año 1999.

Pensé que actualizar un texto de ese tipo iba a ser relativamente fácil, toda vez que hablamos de menos de veinte años: el error de apreciación ha sido bastante grueso, dado que el desafío no estaría en lo cuantitativo, sino en lo cualitativo.

Antes, no obstante la dispersión de fuentes e informaciones, era relativamente fácil agrupar ese corpus de filmes que conforman nuestra cinematografía; el historiador debía sobre todo apelar a la paciencia para investigar y poner en orden (según su criterio de organización) todo lo que tenía entre manos. Hoy, más que paciencia, el estudioso necesita definir qué es lo que va a considerar forma parte de ese canon audiovisual que está contribuyendo a legitimar.

Debo decir que la Muestra de Nuevos Realizadores ha sido el espacio que más me ha obligado a pensar y repensar estos fenómenos inéditos para nuestra historiografía del cine. Cuando intervine en la organización de la primera, celebrada en octubre del 2003, no tenía la menor idea de las complejidades que se escondían detrás de lo que anunciábamos y programábamos.

A los implicados nos parecía que estábamos haciendo algo natural, al ofrecerles a los más jóvenes un espacio que ayudase a conocer su producción. Nos parecía que abríamos ventanas cuando en realidad estábamos “curando”, es decir, marcando determinados límites a todo ese universo que al amparo de la revolución electrónica ya coexistía con el mundo de celuloide que encarnaba el ICAIC.

Hoy, cuando diecisiete años más tarde aquella semilla ha germinado, y el “será” es algo que ya tiene un cuerpo que mostrar y defender casi siempre a contracorriente (por aquello de que los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres), es cuando comienzan a aflorar las preguntas más angustiosas. La primera de ella: ¿de qué manera la Muestra está contribuyendo a transformar el modo de representación audiovisual en el país?, ¿lo que era magnífica promesa ha terminado por dejar satisfechas aquellas abundantes expectativas?

Si me guío por los esfuerzos que como estudioso me está exigiendo entender lo que ha pasado en estos brevísimos 17 años del siglo XXI, me apresuraría en decir que sí, que ha servido. Muchas veces cometemos el error de interpretar los eventos que se organizan en el contexto de la cultura como suerte de iluminaciones, donde todo se esclarece en función de ese camino a recorrer.

Nada más disparatado. En la cultura, y dentro de ella, en el arte, las certidumbres es lo que menos vale, lo que menos importa. Los artistas y promotores culturales asociados a ellos trabajan con el misterio, con la extrañeza, con la crispación. Un evento cultural tendrá mayores posibilidades de perdurar en el tiempo en la misma medida que haga de sus propias contradicciones y los obstáculos el principal motor para crecer. Y, por supuesto, no hay que pedirle soluciones al artista, sino muchas preguntas que nos ayuden a ganar conciencia de ese no-lugar al que aspiramos llegar.

Creo que la Muestra ha ayudado a construir un espacio que no vive del paternalismo, aun cuando sus principales actividades ocurran en el seno del ICAIC. Otras veces he comentado que el peligro mayor que tienen aquellos que aspiran a crear algo renovador, no son los “creaticidas” que puedan agruparse frente a ellos en el exterior, sino los “creaticidas” que se llevan dentro, que suelen ser más implacables, por viajar todo el tiempo en nuestro seno y conciencia.

En este sentido, la Muestra tendría que estimular también un paradigma de creador que vea en la comodidad algo que siempre se tendría que poner bajo sospecha, o examinar como una suerte de droga que nos aleja de las esencias creativas. ¿Se puede ser realmente creativo cuando nos encontramos “todas las condiciones” para producir el hecho cultural, o la cultura se hace sobre la base de los diferendos y las incomodidades?

Yo creo más bien en esto último, y me afilio a Virgilio Piñera cuando aseguraba: “El sacrificio de la vida radica en sufrir mil y una privaciones –desde el hambre hasta el exilio voluntario- a fin de defender las ideas, de mantener una línea de conducta inquebrantable. Por el contrario, el escritor respetuoso nunca arriesga nada, como que su primera consigna es nada menos que el “espléndido aislacionismo y el magnífico silencio”.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el abril 19, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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