SOBRE LA FERIA DEL LIBRO EN CAMAGÜEY

Me resulta engorroso exponer mis juicios sobre la recién finalizada Feria del Libro en Camagüey. Nunca ha funcionado bien eso de ser juez y parte al mismo tiempo. Por un lado, como escritor sigo agradeciendo que exista un evento como este, que nos permite establecer el contacto directo con nuestros posibles lectores; pero como el lector que al final soy (pues, siguiendo a Borges, yo también vivo más orgulloso de lo que he leído que de lo que he escrito) tengo varias insatisfacciones; de allí que me gustara tanto este post firmado por el periodista Diosmel Galano Oliver para su blog Sortilegio Camagüeyano, y cuya lectura me ha estimulado a compartir algunas ideas e inquietudes.

Varias de esas ideas las expuse en el momento que me tocó presentar dentro de la Feria el número más reciente de La Gaceta de Cuba, en unevento donde estuvo presente y manifestó sus criterios Abel Prieto, Ministro de Cultura. Abel llamó la atención sobre algo que, paradójicamente, podría darnos una idea de que la “crisis cultural” que se vive en el país ni siquiera deja a salvo a nuestra vanguardia intelectual, toda vez que La Gaceta, que se supone sea la plataforma ideal para desarrollar el pensamiento creativo en términos de políticas culturales entre los miembros de la UNEAC, apenas es leída por nuestros escritores y artistas, a juzgar por los números que se acumulan cada año en las filiales del país. Si eso pasa con la “vanguardia” ilustrada y una de nuestras mejores publicaciones, ¿qué puede esperarse del resto de ciudadanos que tienen otras prioridades a desarrollar en la vida diaria?

Ahora bien, yo pienso que necesitaríamos acabar de esclarecer de qué hablamos, por fin, cuando mencionamos lo de la “crisis cultural”. La percepción generalizada es que el mundo ahora mismo va cuesta abajo, dado el desplome de altares antiguos como los del libro en su formato tradicional. Como ya en Cuba no se venden los buenos libros como en los tiempos en que “Cien años de soledad” o “Rayuela” desaparecían de nuestras librerías, entonces se deduce que las personas leen menos.

A mi juicio hay aquí el mismo error de apreciación que cuando decimos que a la gente ya no le gusta el cine, cuando en realidad el consumo diario de audiovisuales se ha multiplicado, solo que en soportes diferentes, y a través de nuevas prácticas socializadoras. Igual pasa con la lectura: la gente de ahora vive prendida de las pantallas electrónicas; somos nosotros, los analógicos, los que queremos que las personas sigan leyendo del mismo modo que leíamos los más viejos, una modalidad que, de modo involuntario, llegamos a fetichizar de la misma manera que ahora fustigamos la fetichización que los más jóvenes hacen de las nuevas tecnologías. En este punto, recordemos lo que ya apuntaba con lucidez Hauser en “La evasión de la realidad”: “El exagerado pesimismo respecto al presente es, la mayoría de las veces, sólo el otro lado de un juicio excesivamente favorable del pasado”.

Creo que estamos obligados a buscar un equilibrio. El desarrollo de la ciencia nos ha enseñado que a las visiones arriesgadas siempre es bueno oponerle una visión conservadora, porque sobre la base del debate permanente es que se irá construyendo un punto de vista superior. Pensar que la era digital es, automáticamente, más encumbrada que la analógica es absurdo. Necesitamos pensar estos fenómenos desde el humanismo digital integral, con todas sus contradicciones, sobre todo porque nuestro problema a resolver se asocia a la pregunta de cómo construir un sistema de socialización (y la Feria del Libro puede serlo) que ayude a preservar valores dentro de la comunidad de seres humanos que seguiremos siendo, ya sea leyendo en un papel, una pared, o en una Tablet. Es decir, nuestro problema a resolver es cómo formar mejores personas a través de la lectura.

Aquí sería importante acabar de definir lo que significa la informatización en el contexto cultural. Lamentablemente se sigue pensando que informatizar es pasar al soporte digital lo que antes encontrábamos en el papel. O “domesticar” las nuevas tecnologías con el fin de asignarles funciones familiares: así, las computadoras seguirán siendo máquinas de escribir un poco más sofisticadas, o los móviles, versiones más modernas de los teléfonos fijos.

Pero es que informatizar la gestión cultural es mucho más que eso: para empezar tendríamos que estudiar hasta la saciedad de qué modo está impactando a la comunidad esto que aún no queremos llamar “revolución digital”. Y debemos pasar del diagnóstico que, como en Los sobrevivientes de Gutiérrez Alea, se encierra a esperar a que los malos tiempos pasen, a intervenir con imaginación creativa en esos espacios donde nuevas formas de producir y adquirir saberes compiten todos los días (y no una vez al año, como la Feria) con la lectura tradicional.

La gente que hoy está alejada de la lectura en su modalidad antigua no vendrá a nuestras Ferias tan solo porque nosotros estemos convencidos de que el libro, tal como lo conocíamos hasta ayer, es la cumbre del saber: necesitamos llegar a esa gente, pero ya de paso, necesitamos aprender las cosas positivas que seguramente esas personas tienen que mostrarnos. Porque seguro también allí hay muchas cosas buenas que aprender.

Podríamos aprender, por ejemplo, a socializar y promover nuestros contenidos en las redes prescindiendo incluso de Internet, que es lo que pretendemos hacer con el proyecto “El Callejón de los Milagros”. En estos días de Feria muchas personas se me acercaron para preguntarme por determinados libros que buscaban. ¿Por qué desde la institución no podemos utilizar redes locales para que la gente, que lo puede hacer hasta a través del Zapya, se comunique entre ellos e interactúen de un modo más autónomo? Si más allá de nuestro sistema institucional existe Revolico y redes informales de video-juego, ¿cómo es posible que nosotros no seamos capaces de crear un entorno “inteligente” asociado a nuestros eventos donde las personas utilicen creativamente la tecnología de la que ya disponen para encontrar y compartir lo que andan buscando?

De algo de esto estaremos hablando en el venidero “Segundo Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías digitales” que celebraremos en Camagüey entre los días 26 y 28 de abril. Y llevaremos propuestas concretas para trabajar con la comunidad: por ejemplo, con la Red Social “El Callejón de los Milagros” que propondría Desoft podríamos imaginar un escenario donde las personas que acudan al lugar tengan la oportunidad de dar a conocer los filmes que buscan y los que tienen en su poder en su disco duro, y sería la institución (en este caso el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, con su servidor local, y el “Know How” de sus especialistas), el encargado de conectar a todos estos usuarios que, al final, leen más libros y ven más películas que los lectores y espectadores de antes, solo que dentro de un universo digital.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el abril 16, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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