LECCIONES DE ANTICINE

Ayer tuve el encuentro final con los alumnos del ISA de Camagüey que participaron en el Taller que impartí sobre “pensamiento creativo”.

Les recordé el objetivo que tenía ese grupo de charlas (más que conferencias) que estuvimos protagonizando. Mi propuesta siempre fue partir del cine (tal como lo entendemos en nuestros espacios académicos) para proyectarnos hacia algo más ambicioso. Incluso para negarlo.

Esto tendría que ver con lo que Joseph Mankiewicz apuntó en algún momento: “Los nuevos directores han cometido un grave error al aprender a hacer cine en escuelas y universidades. Que se cultiven, que lean, que aprendan de Shakespeare, de Molière o de Cervantes, que han sido formidables guionistas”.

Por supuesto que no se trata de negar la historia del cine, pero sí poner bajo sospecha el modo en que nos la han contado. O los paradigmas que nos han vendido como intocables. Y, claro está, eso solo se logra partiendo de la filosofía, que es la única herramienta que nos pone a salvo del mero impresionismo, o la cinefilia que se contenta con describir mudables estados de ánimo.

Mi gran sorpresa es que casi todos mis jóvenes alumnos tenían a mano a determinados filósofos para pensar lo que quieren lograr en un futuro. Sócrates, Platón, Aristóteles, Nietzsche, Foucault, fueron los que individualmente me señalaron como sus preferidos (les hice saber de mi desconcierto ante el olvido del gran Marx, que sigue siendo grande). Y eso dio pie a que tuviéramos un rico debate alrededor del concepto mismo de cine cubano y la condición post nacional en que se mueve la producción audiovisual de estos días.

No sé cómo van a recordar ellos estos encuentros, si lo recordaran. Mi interés fue sembrar ciertas inquietudes. Llamar la atención sobre el perfil problemático de aquello que, a primera vista, parece transparente e inofensivo. Pero sobre todo como les recalqué en varias ocasiones: estudiar en una escuela de cine, o en donde sea, tiene que ser algo más interesante que aprender a filmar impecablemente las películas, de acuerdo a lo que otros han logrado.

El cine hay que pensarlo críticamente, desmontarlo, ponerlo al revés, acompañarlo de ideas creativas, liberarlo de prejuicios y adoraciones cinéfilas. Dicho de otro modo: convertirlo en herramienta de emancipación, en vez de opio que tranquiliza.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 29, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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