LOS CREATICIDAS

¡Qué difícil es mantenerse a salvo de los creaticidas! Pero el problema es que los peores asesinos de la creatividad no siempre son aquellos que en nombre de un sospechoso realismo, pretenden mutilarnos los sueños: el peor creaticida lo llevamos dentro.

Es mentira que los seres humanos sean creativos por naturaleza. Como individuos estamos diseñados para el cumplimiento obediente de las reglas que otros dictan, para el conformismo. Por eso marchamos por la vida con un ejército de creaticidas en el interior, los cuales se encargan de que no violemos en ningún momento las reglas establecidas.

Y amamos tanto la seguridad que siempre reporta saber que es más fácil cumplir con lo estipulado, con lo que todo el mundo hace (aunque no funcione), que prescindimos con gusto de la gran responsabilidad que significa ser creativos. De allí que terminemos prefiriendo la condición del epígono respetuoso, a la de creadores de valores que estén a la altura de la época en que uno vive.

En el cuento “El tipo que creía en el sol” Héctor Zumbado nos dejó una emotiva descripción de lo que suele pasarle a un soñador, cuando tropieza con gente demasiado precavida, demasiado realista, demasiado atenta de lo que los reglamentos heredados indican. Decía Zumbado: “Hicieron lo peor que se le puede hacer a un tipo. Aplastarle la ilusión. Romperle en dos el entusiasmo. Plancharle la esperanza”.

Mi criterio es que el único creaticida que podría conseguir que alguien se exilie de su entusiasmo creador, es aquel que vive agazapado dentro de uno mismo. Puede que tropecemos con personas con determinado poder que se conviertan en eventuales obstáculos. O, incluso, que impidan que la idea se realice.

Pero la creatividad es algo que pertenece al reino de lo subjetivo. Y en esa zona no hay poder humano que pueda confiscarnos la voluntad de ser creativos. Podrán aplastar físicamente al individuo que sueña, pero no a su firme voluntad de ser creativo.

A no ser que el policía que llevamos dentro nos inmovilice, nos encarcele para siempre en la rutina, y nos convierta en sujetos domesticados para los cuales solo cuente la opción de repetir como un loro lo que ya parece decidido por los otros.

Hay que cuidarse de los creaticidas que nos rodean. Pero hay que declararles la guerra perpetua a los que, a diario, llevamos dentro.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 28, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Creo que acabas de crear una terminología de antología, mi querido Juani

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