Archivos diarios: marzo 7, 2017

BALSEROS DE LA HISTORIA

Me pasó algo curioso con este texto solicitado por Cuba Posible. Como no tengo teléfono en casa y mi acceso a Internet es bastante irregular, para usar un eufemismo, no sabía que ya lo habían publicado. Hasta que un amigo me envió el enlace.

En esta nota introduzco un elemento que supongo que para algunos resultará polémico: la tesis de que en la Cuba pre-revolucionaria, ya existía “el espectáculo triste de ver a sus hijos marcharse, quizás para no volver jamás” (estoy citando a la revista Bohemia del año 1956). Quizás los que aseguran que la emigración en Cuba surgió en 1959 tengan algún nuevo elemento para enriquecer los debates.

JAGB

BALSEROS DE LA HISTORIA

En la televisión nacional, la locutora anunció con impecable dicción el fin de la llamada política de “Pies secos, Pies mojados”. Otro paso importante, dijo con gran énfasis, para lograr la normalización de las relaciones migratorias entre Cuba y los Estados Unidos. Y en los días siguientes, como era de sospechar, un sinnúmero de analistas se encargaron de tejer argumentos de todo tipo. Brillantes algunos, lo mismo a favor que en contra.

Mientras los escuchaba, intenté imaginarme, a lo Husserl, “el mundo de la vida” que permanecía sumergido detrás de toda la retórica a la que nos obligaba la Alta Política. En ese mundo de la vida, recordé, aún permanecían varados en varios lugares un montón de cubanos, sorprendidos por la Historia (con mayúsculas), que de pronto los dejaba sin el asidero de la esperanza y el sueño perseguido. Ellos, los verdaderos protagonistas del drama, desaparecían una vez más en medio de una monstruosa abstracción.

Mi mente se conectó con algo que leí hace tiempo en una vieja revista Bohemia. Aquel texto también habló de compatriotas que decidían abandonar Cuba con el fin de mejorar sus vidas. El tono del articulista sonaba entre apocalíptico y obscenamente melodramático al anotar: “A prima mañana se comienza la fatigosa espera. Todo un centenar de cubanos desesperados por su miseria optan por la solución heroica de la emigración. Cuba, impotente para asimilar los aumentos de su población, presencia el espectáculo triste de ver a sus hijos marcharse, quizás para no volver jamás”.

Lo de los cubanos afectados por la derogación de los “pies secos, pies mojados” acaba de ocurrir en enero del 2017. Lo que describe la Bohemia a la que aludo, en enero de 1956, mucho antes de que Fidel Castro encabezara la revolución socialista que aún se mantiene vigente. “Cuba, país de emigrantes”, aún se lee en el borde inferior de una de las muchas fotos que mostraba a la gente de entonces esperando ansiosos (como ahora) la visa para viajar a los Estados Unidos.

Entre aquellas imágenes impresas en el papel con tonalidad sepia de la añeja Bohemia, y las coloridas que actualmente pueden encontrarse en Facebook u otras redes sociales, hay un mundo de diferencias en lo técnico. Pero como denominador común están los sueños de esa gente anónima, cuyas historias puntuales se ignorarán en los noticieros, en las intervenciones televisadas de los gobernantes y especialistas.

Entonces vino a mi mente Claudio Magris, advirtiéndonos que no es en el ámbito de las noticias, o en los relatos que acogerá la historiografía oficial, donde podremos saber de la suerte de esta inmensa masa de hombres y mujeres que se mueven en lo cotidiano. “Es la literatura”, anota el italiano, “quien puede salvar estas pequeñas historias, iluminar la relación entre la verdad y la vida, entre el misterio y la cotidianeidad, entre el simple individuo y la Babel de su época”.

Y el cine, añadiría yo, que también nos ha contado historias en las que aprendemos a mirarnos como parte de algo más complejo que el guión que se prepara para el noticiero. Y que nos recuerda que como cubanos no somos el ombligo del mundo, sino apenas un segmento de esa gran comunidad de humanos (sean mexicanos, colombianos, chilenos, o haitianos) que aspiran a mejorar sus vidas.

Esto el cine desde muy temprano lo venía diciendo. Existe una película producida por United Artists titulada Popi (1969), que dirigió Arthur Hiller, e interpretaron Alan Arkin y Rita Moreno, y que es la reacción fílmica a la Ley de Ajuste firmada por Lyndon Johnson en 1966. Allí se cuenta la historia de un viudo puertorriqueño que elabora un plan para garantizarles una mejor vida a sus pequeños hijos, y decide situarlos en un bote en las afueras de la costa de Miami.

La idea es que los niños se hagan pasar por cubanos, y sean acogidos como héroes, como refugiados, lo que les garantizaría una protección estatal que el padre, aun cuando es ciudadano norteamericano, no le puede posibilitar. ¿Será ese el mismo puertorriqueño que en El super, filme de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, basada en la emblemática obra de Iván Acosta, le comenta al protagonista que no hay nada que explique la excepcionalidad cubana, cuando se compara a esa comunidad con el resto de los emigrados que a diario luchan en esa misma Nueva York?

Recuerdo ahora un corto titulado precisamente Pies secos/ Pies mojados (Wet Foot/ Dry Foot/ 2006), dirigido en los Estados Unidos por Carlos Gutiérrez, e interpretado por Francisco Gattorno y Jorge Luis Álvarez (sí, los mismos de Una novia para David). Recuerdo la profunda impresión que me causó esa historia, pese a que el drama de los balseros, desde el punto de vista mediático, hace mucho que ha dejado de ser una novedad.

Pero cuando un escritor, un cineasta, un artista, se ocupa de rescatar esas historias mínimas donde la gente todos los días va dejando su piel y su vida, más allá de la Política con mayúscula, entonces el dolor que como humanos en tránsito hacia una misma meta (ser felices) llevamos dentro, se nos convierte en algo insoportable.

Juan Antonio García Borrero

CONVERSANDO CON LESTER HAMLET

Conversando con Lester Hamlet

Octavio Fraga Guerra • Cuba (Tomado de La Jiribilla)

El espacio ajustado para el desarrollo de los personajes; la escenografía austera, minimalista; los desafíos de los muchos ángulos y planos que toca construir en locaciones de poca holgura (un apartamento de pocos metros cuadrados), son algunos de los tópicos de un diálogo que hurga en lo periférico, en lo corpóreo de Ya no es antes, la más reciente entrega cinematográfica del director Lester Hamlet.

¿Cómo fue el proceso de preparación de los actores y de la película? ¿Qué singularidades tuvo esta primera etapa?

Fue un proceso muy largo. Desde el momento en que me propuse hacerla y me aceptaron el proyecto, pasaron seis años. Eso, de alguna manera, alteró un poco el proceso positivamente, porque me dejó mucho tiempo para pensar.

Durante ese tiempo la diseñé e imaginé muchas veces. Las víctimas de esa dilatación fueron los actores que estuvieron en los casting iniciales. Luego, cuando pude filmarla, fue bastante rápido. Era una película que ya me sabía. Le tenía dibujado los planos, los movimientos, dónde ocurriría cada acción. Fue fácil organizarla. Era un espacio, dos actores. En ese sentido, no fue complicado.

Por otra parte, no podía tener a dos actores durante 12 horas de rodaje. Era una carga muy fuerte para ellos. Y fuimos viviendo la historia cada día. La misma naturaleza del guión nos permitió filmarla cronológicamente, descubrir acción tras acción. La filmación fue muy viable.

En Ya no es antes logró reunir a dos actores antológicos. ¿Qué significado tiene para usted este reencuentro?

Es un privilegio para la película contar con ellos. Es un honor porque de alguna manera este hecho redondea la metáfora. Si es cierto que hacía 40 años Mayra y Esteban no se veían, también es verdad que Isabel y Luis Alberto hacía muchos años no actuaban juntos.

Entonces el reencuentro de ellos formó parte de la naturaleza misma de la película. Y le dio, tal vez, un hálito de verdad, más allá de la interpretación. Son dos actores que están en el recuerdo del público cinéfilo cubano. La gente los asocia con memorables filmes. Además, son dos grandes intérpretes y esta es una película que descasa en ellos, en sus verdades. Ese es su soporte principal. Creo que ninguna otra pareja de actores lo hubiera hecho así de bien, ni hubiera provocado esa pasión que despiertan en el público Isabel y Luis Alberto.

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