UN LIBRO ELECTRÓNICO PARA LA CRÍTICA DE CINE EN CUBA

Se impone destacar la noticia: al fin la crítica de cine en Cuba tiene su primer libro electrónico. El título es “Voces en la niebla”. Su autor es Antonio Enrique González Rojas. Por su parte, los editores no podían ser otros que los de Claustrofobias, ese Proyecto de fomento de la lectura que desde Santiago de Cuba impulsa el uso creativo de las nuevas tecnologías.

“Voces en la niebla” es un conjunto de ensayos sobre diversos materiales audiovisuales realizados por jóvenes realizadores cubanos en el lustro que va del 2010 al 2015. Ya habrá tiempo de dialogar, coincidir o discrepar con las ideas expresadas por González Rojas, que ha sido, junto a Dean Luis Reyes, Gustavo Arcos, y Joel del Río, uno de los críticos que ha observado con mayor vehemencia la producción de los nuevos realizadores del patio. Por el momento me interesa resaltar lo que significa la publicación de este libro en el formato digital para nuestro contexto.

La crítica de cine en Cuba sigue siendo hasta ahora incurablemente analógica. Esto quiere decir que, aunque escrita por lo general en ordenadores (ignoro si aún queda alguien que por problemas económicos o simple romanticismo apela a la antigua máquina de escribir o al lápiz) no hemos logrado que lo que decimos y la manera en que lo decimos sea diferente a la forma en que se hacía en el siglo XX.

No estoy hablando de la calidad conceptual de los libros publicados en los últimos tiempos, varios de ellos formidables. Hablo del modo en que los autores y editoriales nos seguimos aferrando a un modo de comunicarnos literariamente que pertenece a un pasado ya superado para siempre. Uno podrá deprimirse viendo como las antiguas prácticas culturales (la lectura de libros impresos en papel, el visionaje de películas en pantallas grandes) se hacen cada vez más arcaicas, pero la solución no está en el lamento y la amonestación resentida, sino en descubrir que en los nuevos escenarios también hay modos de hacer cultura.

Yo todavía no conozco ningún crítico cubano de cine que haya pensado en publicar sus libros apelando a estas nuevas modalidades tecnológicas. Y es lógico. Tantos años donde el libro de papel ha terminado fetichizado y convertido en un gran mito, impiden pensar en algo renovador. Así que se prefiere entregar a una editorial todo lo escrito, para que esta lo ponga a circular en un soporte que (ya sé que suena terrible y apocalíptica esta idea) cada vez se aprecia menos por las nuevas generaciones.

Quisiera aclarar que en lo personal no creo que el hábito de leer desaparezca. Al contrario: todos los días se fortalece. Lo que se ha hecho viejo y peligrosamente anacrónico es el antiguo modo de leer. Por supuesto que no tenemos una bola de cristal en nuestras manos para saber con exactitud lo que el futuro nos depara, pero las predicciones basadas en la observancia tecnológica pueden sernos útil a la hora de trazar estrategias que ayuden a que la relación entre “la lectura” y “los que leen” en las nuevas épocas (al menos como parte de una política pública) no termine en divorcio o algo así.

En nuestro caso, es importante este primer paso que ha dado Antonio Enrique González Rojas con la ayuda de Claustrofobias, porque todo comienza con la subjetividad. Si el crítico no está convencido que hay allí un escenario definitivamente inédito, y que puede ayudar a que el libro en su nuevo formato contribuya a modernizar nuestras percepciones del mundo de la vida, de nada valdrá que mañana el escritor viva rodeado de las más modernas tecnologías. Seguirá escribiendo y expresándose como lo hacían nuestros antecesores en el siglo XIX, a pesar de contar entre sus pertenencias con las más potentes computadoras. Y ya se sabe que no es lo que tenemos lo que hace la diferencia, sino el uso que hacemos de eso que tenemos.

Quisiera imaginar ahora lo que pudiéramos hacer mañana con estos libros que abordan el cine en el formato electrónico. Imaginemos que vamos a contarles a las nuevas generaciones cómo surgió este arte de mantener enganchados a las personas a una historia que se proyecta contra una pantalla. Para ellos esto sonará tan remoto, como para nosotros sonó en su época lo del arte rupestre, pero la diferencia está en que el cine ha desaparecido en el todo que nos rodea: está allí, en cada una de las cosas que vemos y escuchamos, aunque no lo percibamos.

De modo que en este libro del futuro (que ya es presente), el lector podrá ver cómo el crítico de cine puede enriquecer sus ideas hipervinculando en un mismo soporte archivos de video y audios que corroboren lo que se va expresando. Será un libro ecológico que nunca se agota, que se promueve y comparte a través de las redes, y que nos devuelve el placer de ver cómo ciertas ideas organizadas en un principio sobre un papel van cobrando vida a través de las experiencias que los lectores/usuarios invierten en su consumo.

Ojalá el libro de Antonio Enrique González Rojas nos ayude a vislumbrar estos otros terrenos donde todavía no hemos querido incursionar. El precioso título de su libro opera también en este otro sentido, pues también aquí hay mucha niebla, y voces que intentan llamar la atención sobre lo que el grueso de nuestros críticos de cine todavía no quieren o pueden ver.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el febrero 21, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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