MARIO NAITO SOBRE “LAS MARGARITAS” (1966), de Vĕra Chytilová

En el anterior post expresaba las dudas que de repente me asaltaron alrededor de la posible no exhibición oficial de Las margaritas en Cuba. Esa enciclopedia viviente del cine que es Mario Naito, actual presidente de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, me sacaría de dudas asegurándome que, efectivamente, no se exhibió comercialmente, aunque sí conoció de pases privados.

El asunto me interesa porque leyendo las estrategias de programación del ICAIC en los diferentes años de su existencia, también podemos entender esa parte de la historia del cine cubano que tendría que ver con los estudios de audiencia, y la relación de la institución con los escenarios donde la vanguardia política establecía la hegemonía de un discurso.

Agradezco a Mario Naito y a los otros amigos que han comentado sobre el tema, y comparto la nota escrita por Naito para la revista Enfoco.

JAGB

Las margaritas, filme emblemático de la nueva ola checa

Por Mario Naito López

Estrenada en Checoslovaquia a finales de 1966, Las margaritas (Sedmikrásky), es la cinta más conocida de la cineasta checa Vĕra Chytilová (1929-2014) y una de las películas más representativas de la nueva ola checoeslovaca.

Chytilova ha sido considerada la más importante de las realizadoras en la historia de su país y, a la vez, su exponente cinematográfico femenino más innovador y controvertido. Apropiada de la tradición eisensteniana en el empleo del montaje, supo combinar un estilo narrativo heterodoxo —muy influido por el cine de Jean-Luc Godard— y una audaz experimentación audiovisual, con técnicas del cinema verité, para cuestionar aspectos morales de la sociedad contemporánea.

Las margaritas, segundo largometraje de la Chytilova, comienza y concluye con escenas en las que se visualizan bombardeos, explosiones o ráfagas de ametrallamientos, que aparentemente nada tienen que ver con todo el desarrollo intermedio del filme. Pero, en esencia, nos advierten del sendero hacia la “destrucción” a la que va encaminada la sociedad si no se pone freno a muchas acciones del hombre.

Dos jovencitas conocedoras del estado de corrupción en que se halla el mundo asumen que ellas están igualmente corrompidas. De ese modo comienzan a hacer de las suyas: engatusan a señores mayores para que las inviten a cenar, boicotean presentaciones de artistas en cabarés al usurpar la atención de los espectadores, recortan ilustraciones de revistas y las incluyen en sus fantasías, es decir, contravienen toda una serie de normas de comportamiento.

Muchas de estas secuencias realmente hilarantes están concebidas de modo ingenioso, y pueden apreciarse como un homenaje a clásicos de la comedia silente estadounidense, díganse Chaplin, Keaton, Laurel y Hardy. El tono farsesco a lo Mack Sennett, llega al límite del grotesco, sobre todo casi al final cuando descubren en un salón cerrado una mesa con suculentos manjares, preparada para un banquete. En estas escenas se alcanza el clímax; se pone de manifiesto el arsenal destructivo de las muchachas: devoran y manosean los alimentos, rompen platos, arrancan una cortina, se encaraman en una lámpara de araña…

Pero a diferencia de los maestros del slapstick, Chytilova nos distancia de las protagonistas y de las situaciones, para nunca involucrarnos emocionalmente con estas, siempre brindándonos una clave del objetivo que ella persigue. En una especie de epílogo, después que las chicas son víctimas de su propio juego, la directora evidencia su desconfianza hacia una posible oportunidad o perdón a aquellos que violan el orden establecido. Supuestamente Las margaritas fue interpretada por las autoridades checoslovacas de entonces como una película transgresora de las reglas sociales dominantes o como una crítica al régimen por mostrar incapacidad en sus gestiones administrativas. Por ese motivo su exhibición fue censurada durante varios años en el país.

Luego de la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968, y después de rodarse Comeremos fruta de los árboles del paraíso, la cineasta se vio imposibilitada de filmar hasta 1976, cuando a instancias de presiones internacionales y de una carta que la propia directora escribió al entonces presidente Gustáv Husák, pudo regresar a los estudios Barrandov para realizar El juego de la manzana.

Desde el punto de vista estético, Las margaritas muestra una consonancia de su estructura desconcertante y surrealista con la fotografía de Jaroslav Kucera, quien fuera esposo de la Chytilova, al utilizarse de forma aleatoria el blanco y negro, el sepia, los colores, e incluso un tono de color específico, junto a una técnica de collage tanto visual como auditivo para brindar una sensación de caos, aunque en rigor todo está meticulosamente planificado.

Las margaritas mantiene en la actualidad la vigencia de su mensaje: esta película está dedicada “a los que se preocupan cuando la ensalada está echada a perder”.

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Publicado el febrero 6, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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