NICOLÁS GUILLÉN LANDRIÁN: EL FANTASMA DEL CAFÉ

Hoy, a las seis de la tarde, un grupo de amigos estaremos hablando en “El Callejón de los Milagros” de Camagüey, del cineasta cubano Nicolás Guillén Landrián, pero tal vez lo más interesante será que aquellos interesados en su obra, podrán descargar todas sus películas accediendo desde un dispositivo inteligente (Tablet, laptop, teléfono) al portal del Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual (www.callejon.cmg.cu), que funciona en el Paseo Temático del Cine.

Comparto con los amigos del blog los primeros párrafos de un artículo que intenta pensar el legado de Guillén Landrián desde Camagüey, su ciudad natal.

NICOLÁS GUILLÉN LANDRIÁN: EL FANTASMA DEL CAFÉ (Fragmento)

Por Juan Antonio García Borrero

En Camagüey, la ciudad donde el cineasta Nicolás Guillén Landrián nació en 1938, hay un sitio llamado “Coffea Arábiga”. Fue creado como parte de los festejos por los 500 años de la fundación de la villa, y es uno de los tantos espacios que conforman el Paseo Temático del Cine diseñado en esa zona.

Al principio estaba ambientado con fotogramas del hoy famoso documental Coffea Arábiga, rodado en 1968, y se vendían diferentes modalidades de café, y había una foto inmensa de Nicolasito, donde al igual que algunos de los personajes que habitan sus películas se empecinaba en mirar fijo a la cámara. Es decir: se empecinaba en desafiarnos con su mirada cuando nos colocábamos frente a él.

Poco a poco las imágenes impresas se fueron desvaneciendo, y hoy ya nada puede apreciarse en las paredes. Al final, lo que quiso ser recuperación de una parte de la memoria cultural de la ciudad, o sea, memoria de uno de los grandes artistas que ha tenido la nación y Camagüey, ha terminado por reinstalar a su protagonista en el pedestal de los fantasmas donde también pernoctan Severo Sarduy y Carlos Victoria, por mencionar otros dos rehenes de las sombras culturales de la ciudad.

Hoy quien entra al “Coffea Arábiga” de Camagüey apenas tiene idea de quién fue ese individuo que inventó el mundo cuyo nombre identifica al espacio, el mismo individuo que sabemos comenzó a descubrir su vocación cinematográfica muy temprano en esta ciudad, de acuerdo a lo que apuntara alguna vez:

(…) yo cuando adolescente traté de hacer una película en 16 milímetros con un grupo de muchachos de Camagüey. Pero no se realizó porque no teníamos manera de editar. Mi madre, recuerdo, me compró una editora de esas corta-y-pega. Pero no pudimos editar la película. Conseguimos una cámara. Pero no se logró hacer el filme”.

Lo curioso es que paralelo a la creciente indiferencia local en la que se reinstala la figura de Guillén Landrián, su obra experimenta en los círculos académicos de la isla y más allá de ella, un interés cada vez más creciente. Podría fijarse en el año 2000 la fecha de su resurrección en Cuba, con la exhibición de Ociel del Toa y Coffea Arábiga en la primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven, aunque es en la Segunda Muestra de Nuevos Realizadores que se prepararía el ciclo que permitió apreciar buena parte de su obra, incluyendo el estreno de Los del baile (1965), Reportaje (1966), o Desde La Habana, 1969, ¡Recordar! (1972).

Hasta ese momento Nicolás Guillén Landrián era una suerte de nombre asociado al enemigo rumor que siempre propicia la leyenda negra. Y si, como dice Lezama, “el rumor es como la mancha de lo que no se ve”, ello es lo que explica lo poco que vimos y supimos durante tanto tiempo de su obra.

Casi todo descansaba en la evaluación superficial de una personalidad irreverente, incómoda, que se prestaba para la maledicencia, el sarcasmo, y la evaluación y/o descalificación psicológica. De acuerdo a esas apreciaciones, el cineasta sería una suerte de lobo estepario, desequilibrado desde el punto de vista mental, y con dificultades para relacionarse con los otros, algo a lo que el director de fotografía Livio Delgado le ha opuesto los siguientes matices:

No estaba loco. Se habla mucha mierda de Nicolás. Era un hombre inteligentísimo. Iba contra todas las banderas. Lo que le gustaba era joder. Un jodedor de verdad. A veces era el día entero jodiendo. Dormía y jodía. A Titón lo volvía loco, porque lo choteaba, lo jodía, aunque lo quería mucho”.

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Publicado el enero 26, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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