EL ÚLTIMO BOHEMIO (2016), de Carlos León

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Ayer un grupo de personas nos reunimos en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo para ver El último bohemio (2016), documental de Carlos León que aborda la figura del trovador camagüeyano Miguel Escalona (1949- 2001).

Hay que agradecerle al cantautor Silvio Rodríguez la iniciativa. Definitivamente Camagüey tiene en el juglar uno de los más efectivos promotores de sus principales valores. No solo estoy hablando de que bastaría escuchar los primeros acordes de “El Mayor” para pensar de inmediato en este región cubana, sino que en varias ocasiones Silvio ha hablado en público de personalidades agramontinas, como el escritor José Rodríguez Lastre (Nikitín), que lamentablemente no alcanzan en nuestro medio toda la visibilidad que se merecen.

Es bueno que, de pronto, el mapa cultural de Camagüey se esté expandiendo gracias al audiovisual: me refiero a esas acciones cinematográficas que van recuperando a protagonistas relegados por diversas circunstancias a las sombras. Pensemos en Severo Sarduy, rescatado por Oneyda González y Gustavo Pérez. ¿Cuánto terreno no queda aún por explorar?

En el caso de El último bohemio, digamos que los objetivos estaban bien claros en términos audiovisuales: traer ante nuestros ojos el legado de un creador que durante un buen tiempo inyectó vitalidad a nuestro panorama cultural. La evocación que dentro del filme hacen los amigos se agradece, porque nos ayuda a humanizar a una figura que en vida fue controvertida, irreverente.

Confieso que gracias al documental pude recuperar a un Miguel Escalona que se me había quedado en la memoria con una tonalidad más bien única, amable. Tuve la suerte de conocerlo hacia el final de su vida, de escuchar su trova con trago y sin trago. Y no sé por qué siempre que lo evocaba terminaba imponiéndose la imagen del trovador bonachón, todo el tiempo abierto a las bromas, con el respaldo de su inseparable guitarra.

Nada sabía de su pasado “incómodo”. Esa canción dedicada al Festival de la Música Popular del año 70, a la que Silvio Rodríguez alude en el documental, para mí era sencillamente impensable en su repertorio. Trato de imaginar un canto como esa en una fecha como aquella, y me erizo. Como lamento ahora no haberle preguntado a Escalona sobre esa época vivida, sobre sus encontronazos con el pensamiento sectario, y sobre todo, sobre su resistencia….

Ojalá que El último bohemio nos permita abrir ventanas a un mundo que permanece ignorado en Camagüey, sumergido. Y sobre todo que nos devuelva al Escalona que a través de la música, nos hablaba de su inmenso amor a la vida.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 21, 2017 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ, DOCUMENTALES CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Miguel Lafuente

    Hola Juany, sabés que una tarde en la UNEAC (de Camagüey) estuvimos con Miguel Escalona. Tipo estupendo, no solo como trovador sino   con gran sentido del humor.

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