CULTURA AUDIOVISUAL, TECNOLOGÍAS EDUCATIVAS Y HÁBITOS DIGITALES

Hoy a las seis de la tarde, un grupo de amigos nos reuniremos en la Cafetería Cine-Café, ubicada al final de “El Callejón de los Milagros” de Camagüey, con el fin de conversar sobre la cultura audiovisual y las tecnologías educativas. Comparto con ustedes algunas de las ideas que, a modo de provocación, quisiera introducir en ese encuentro.

CULTURA AUDIOVISUAL, TECNOLOGÍAS EDUCATIVAS Y HÁBITOS DIGITALES

En Cuba, el vínculo entre la cultura audiovisual y las tecnologías educativas, todavía espera por un análisis profundo. En sentido general, en nuestras escuelas se toma en cuenta a la cultura audiovisual (fundamentalmente el cine), como la herramienta que permite exponer un contenido que ha sido previamente pensado como parte de un programa de enseñanza.

Pongamos uno de los ejemplos más notorios: se estudia la obra literaria “Cecilia Valdés”, de Cirilo Villaverde, y luego se proyecta el filme de Humberto Solás, sin que alumnos y profesores se enteren de las peculiaridades de la cinta o las ideas estéticas que impulsaron la creatividad del realizador. Sencillamente se ha “usado” al cine como simple complemento de una idea que ya se tenía. En lo que a cultura audiovisual se refiere, ni educadores ni educandos han construido algún conocimiento nuevo: sencillamente han memorizado algo que se viene repitiendo desde que “Cecilia Valdés” se estudia en las escuelas.

El hecho de que en plena era digital, las escuelas cubanas sigan pensando a las tecnologías digitales como meros complementos de una gestión curricular, y no como senda que nos conecta directamente con un futuro que ya habita entre nosotros de manera informal, nos habla de lo mucho que faltaría por corregir en nuestras estrategias educativas.

Desde luego, esa carencia no se cubre de modo automático con la adquisición de tecnologías e imposición autoritaria de nuevos métodos. Antes tendríamos que trabajar en la formación de comunidades de usuarios y la estimulación de hábitos digitales. Como ya había apuntado en los noventa Antonio M. Battro en su libro La educación digital. Una nueva era del conocimiento:

La escuela, especialmente en este fin de siglo y en las comunidades más avanzadas, ha dejado de ser el espacio privilegiado y único para aprender y enseñar. Su importancia relativa en la transmisión del saber ha comenzado a mermar en forma significativa al perder el monopolio del conocimiento. Este cambio de roles es positivo porque la escuela del futuro, desligada de muchas imposiciones curriculares, gracias a un mejor empleo de las nuevas tecnologías digitales a distancia para impartir conocimientos, será cada vez más importante en el proceso de socialización de los niños y adolescentes. Se convertirá en un ámbito de encuentro más creativo y abierto al mundo. Su mayor privilegio será, precisamente, el de poder reunir a algunos para comunicarse con muchos”.

Pero para que las tecnologías educativas sostenidas por la revolución digital jueguen un papel realmente eficaz, se necesita que los maestros aprendamos a usar estos nuevos medios. O como afirma Battro, necesitamos aprender a enseñar aprendiendo. Y sobre todo necesitamos construir un hábitat digital, que nos permita naturalizar los nuevos hábitos de aprendizaje.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el noviembre 24, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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