CINE, POLÍTICA Y ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS

Comparto con los amigos un artículo publicado en el sitio Progreso Semanal, a propósito de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.

EE.UU.: LA ESPECTACULARIDAD CINEMATOGRÁFICA EN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

Si bien en los años cincuenta, el cine y la televisión comenzaban a apoderarse del imaginario de la gente común, todavía la imagen del mundo político estaba fuertemente condicionada por lo que se leía u oía.

Los periódicos y la radio eran los más fuertes aliados de aquellos que aspiraban a crear estados de opinión que los llevaran al poder, mientras que el cine y la televisión, en cambio, se asociaban al espectáculo moralizante (que es el modo más sutil de consolidar el poder político a través de la hegemonía cultural). Sin embargo, esto cambiaría de un modo drástico en los años sesenta, y suele hablarse del documental Primary (1960), de Robert Drew y Richard Leacock, como el que va a marcar el rotundo punto de giro.

En Primary podemos seguir las peripecias de los dos candidatos demócratas (John F. Kennedy y Hubert Humphrey) empeñados en ganar en Wisconsin las elecciones primarias a la presidencia de los Estados Unidos. Mas, en vez de registrar ese proceso político de un modo tradicional, es decir, de acuerdo a lo que institucionalmente estaba planteado para la práctica documental, la cinta proponía la ruptura más radical, pues, como ha apuntado la investigadora María Luisa Ortega:

Frente al periodismo clásico, el film mostraba lo que éste no hacía, las bambalinas de la campaña electoral, incluyendo los procesos de construcción de las imágenes públicas de los candidatos que consumían los “otros” medios (sesiones fotográficas, preparación de comparecencias televisivas), y penetraba en los espacios privados logrando una cercanía y una cotidianidad inéditas. Y a diferencia del cine clásico, no eludía el tedio y la redundancia del día al día de los candidatos, los soporíferos discursos de Humphrey ante los aburridos rostros de los granjeros, los silencios y la espera que precedían a la acción, respirándose en ocasiones un tiempo concreto tan poco significativo como el de la vida cotidiana”.

Hasta ese momento, las ficciones cinematográficas de Hollywood se habían aproximado al universo de las campañas presidenciales con una perspectiva más bien moralista. En una película como Decepción (All the King’s Men/ 1949), de Robert Rossen, y magistralmente interpretada por Broderick Crawford (quien se llevó el Oscar a la mejor actuación de su año), se sentaron las bases de un modelo de representación (introducción de personaje, ascenso, y caída) que sigue funcionando muy bien en términos comunicativos.

Así, la figura del Presidente o de los que aspiran a ocupar ese puesto, ha conocido de la idealización, el sarcasmo, la ironía, en cintas tan diversas como pueden ser Mr. Smith Goes to Washington (1939), de Frank Capra, The Best Man (1964), de Franklin Schaffner, The Candidate (1972), de Michael Ritchie, The American President (1995), de Rob Reiner, Wag the Dog (1997) y Man of the Year (2006), ambas de Barry Levinson, o Primary Colors (1998), de Mike Nichols, por mencionar apenas algunas de un nutrido cuerpo.

Pero Primary, como documental,introdujo algo nuevo: lo puramente observacional. Para sus realizadores, lo importante era registrar lo incontrolado, lo imprevisto, y hacer realidad ese cine directo que prometía mostrarle a los espectadores la parte oculta del acontecimiento político que la prensa común no hacía más que comentar apelando a lo visible, a lo superficial. Para estos documentalistas, lo fundamental no era “intervenir”, sino observar lo que iba ocurriendo delante de la cámara, “disfrazado como una mosca en la pared”.

Técnicamente eso era posible porque los realizadores apelaban a cámaras pequeñas y ligeras, sincronizadas con el equipo de sonido, y que se podían llevar sobre el hombro. Por otro lado, se apelaba a las maneras de concebir las noticias y los reportajes en televisión, enfatizando cierta concepción amateur en el registro, lo cual contribuía a romper con la construcción de la imagen perfecta del cine clásico, como si el que estuviera filmando no fuera en verdad un profesional, sino un aficionado.

De alguna manera, Primary y el cine directo contribuyeron a que, en lo adelante, la vida de los políticos norteamericanos adquiriese visos similares a los que, por entonces, comenzaban a mostrar las estrellas del mundo musical: gracias a esas películas, la política norteamericana fue trasformada en espectáculo de masas. De allí que no parezca casual que el mismo Don Allan Pennebaker que ganara notoriedad con su documental sobre Bob Dylan, Dont Look Back (1967), sea el que en el año 1994 realiza The War Room, otro documental nominado al Oscar que describe la frenética campaña electoral que llevaría a Bill Clinton por primera vez a la Casa Blanca.

El hecho de que la política, gracias al cine, incorporase las tácticas de la espectacularidad a sus estrategias de seducción de un público, ha dejado en manos de los ciudadanos del siglo XXI un desafío tremendo. Al abolirse las antiguas fronteras que nos advertían que estábamos en presencia de una ficción o un documental, lo que quedará en nuestros sentidos será la habilidad de los protagonistas públicos de estos eventos para impactar con sus gestos más aparatosos ante las audiencias, gestos que no necesariamente serán los más responsables en la práctica.

Como advertía Platón, “en los tribunales, en efecto, la gente no se inquieta lo más mínimo por decir la verdad, sino por persuadir, y la persuasión depende de la verosimilitud”. En el caso de la política norteamericana, es fácil advertir cuánto deben los debates que los candidatos a la presidencia de la nación protagonizan en los principales medios, a esas estrategias de representación que el cine hegemónico ha legitimado en nuestros imaginarios.

Ese cine ha condicionado nuestras maneras de construir esta realidad que, a la larga, no sería más que una caricatura pedestre de “lo real”, y ha conseguido establecer la dictadura del verosímil (la dictadura de lo que parece). Y es en la política donde podrían apreciarse, tal vez, sus mayores influencias. ¿Tendrá que ver eso con el anuncio de que los resultados de las próximas elecciones estadounidenses podrán seguirse en algunos cines de los Estados Unidos?.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el noviembre 8, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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