TREINTA AÑOS DE UN “NUEVO MUNDO” EN CAMAGÜEY

Hoy es el cumpleaños de Nuevo Mundo, espacio que como los lectores habituales del blog conocen, considero como una suerte de casa intelectual. Allí me formé como espectador, como alguien a quien le interesa no solo ver las películas, sino pensar críticamente todo lo que va asociado a esa práctica. Como digo por allá abajo en este texto que comparto con los amigos, “varias cosas me hacen sentir orgulloso de vivir en Camagüey, y una de ellas es saber que, treinta años después de su creación, el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo existe como si hubiese empezado ayer”.

TREINTA AÑOS DE UN “NUEVO MUNDO” EN CAMAGÜEY

Aquel 30 de octubre de 1986, los primeros camagüeyanos que entraron a la Sala Video “Nuevo Mundo” (todavía sin ese nombre, pues durante un año se estaría anunciando en la prensa como Sala Video Nro.1), llegaron atraídos por la novedad que significaba ver en un televisor una película que reproducía ese aparato entonces extraño que llamaban “Betamax”.

Hay que ubicarse en el contexto en que nace la idea de construir una sala de apenas cuarenta lunetas (siete espectadores más de los que reunieron los Lumiere en su primera proyección en el “Salon Indien du Grand Café”), donde se veían las películas en una pantalla televisiva que no excedía las veinte pulgadas. Todavía el cine Casablanca era el gran coloso al cual acudía en masa el público para ver por esos días cintas como Una novia para David, y muchos hablaban de aquello como una curiosidad intrascendente, que jamás pondría en peligro la asistencia del público a las salas grandes.

Me atrevo a decir que a los que en aquellos momentos fuimos cautivados por la novedad, nos movía el mismo interés que Erwin Panofsky describe de los primeros espectadores del cinematógrafo en Style and Medium in the Motion Picture:

La base primordial del disfrute de las imágenes en movimiento no era el interés objetivo por algún tema, y mucho menos el interés estético por la presentación de este tema, sino el mero deleite por el hecho de que las cosas parecían moverse, sin importar de qué se tratara”.

O nos pasaba algo similar a lo que apunta Edgar Morin en El cine o el hombre imaginario hablando de los asistentes a las primeras proyecciones de los Lumiére: “La gente no se apretujaba en el Salón Indien por lo real, sino por la imagen de la real”.

Nosotros tampoco, al principio, acudíamos a Nuevo Mundo en busca de películas con altos valores estéticos (basta recordar que la cinta seleccionada para abrir la sala fue El gran maestro, de Jackie Chan). Esa búsqueda del placer artístico llegaría después, cuando comienza a funcionar el Cine-Club Francois Truffaut bajo el liderazgo de Luciano Castillo. Pero primero íbamos a Nuevo Mundo porque queríamos ser parte de aquel juego casi infantil que permitía congelar la imagen, rebobinar, adelantar, o lo que es lo mismo, romper para siempre con la dictadura de un proyeccionista que tradicionalmente, desde una cabina con equipos de 35 mm, nos obligaba a vivir las historias que se proyectaban acorde a la prisa o la pereza del narrador de turno.

En este sentido, Nuevo Mundo fue el espacio que inauguró entre nosotros (y al ser la primera sala creada en el país, amplío su influencia a la nación) un régimen de consumo audiovisual que hoy advertimos como natural. Pero no se quedó en esa primera renovación: también fue la primera sala estatal en proyectar al público (en el marco del XIX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica) películas en ·3D.[1] Y ahora acaba de convertirse en la primera sala de su tipo en acoger una Red Wifi con el fin de ofrecer servicios culturales informatizados a la comunidad camagüeyana, entre ellos, servicios de Cinemateca Wifi y exposiciones de fotos de pequeño formato, aprovechando los Códigos QR.

Es decir, que este cumpleaños 30 de Nuevo Mundo (convertido desde el 2014 en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo) vuelve a colocar a la institución en una posición de vanguardia a nivel nacional, en tanto que gracias a ese camino que acaba de abrir, favorece el uso creativo de las tecnologías, a la par que defiende el legado que ya nos ha dejado el cine en su primer siglo de vida.

En lo personal, veo en la historia de Nuevo Mundo (que es nuestra historia compartida de la fascinación sucesiva provocada por las apariciones del Beta, el VHS, el DVD, los dispositivos electrónicos de almacenamiento, y ahora el Wifi que sirve para descargar archivos y disfrutar la experiencia cinematográfica de un modo interactivo) una verdadera narrativa de la conformación y reconfiguración de nuestros gustos y hábitos asociados al audiovisual más contemporáneo.

Hay allí una historia institucional intensa a la que, por suerte, se podrá acceder documentalmente cuando en el próximo mes pongamos a disposición de los usuarios que se conecten a la red Wifi “El Callejón de los Milagros” (con sede central en Nuevo Mundo), nuestro primer libro electrónico con documentos, fotografías, videos, que hablan de su ininterrumpida actividad como anfitriona de las más importantes personalidades cinematográficas que han visitado a la ciudad.

Varias cosas me hacen sentir orgulloso de vivir en Camagüey, y una de ellas es saber que, treinta años después de su creación, el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo existe como si hubiese empezado ayer.

Juan Antonio García Borrero

Nota:

Publicado el octubre 30, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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