MILAGROS QUE NO SON MILAGROS

Los colegas de la UNEAC de Santiago de Cuba, me han extendido una invitación para que les hable sobre el proyecto “El Callejón de los Milagros” en el Concurso Félix B. Caignet que celebrarán en unos días.

Agradezco la invitación, desde luego, porque es una manera de darle visibilidad, no a un proyecto puntual, sino a una acción que en definitiva puede funcionar horizontalmente a lo largo del país: hablamos de construir una Política Pública que tome en cuenta la enseñanza y apreciación del audiovisual como algo primordial en la formación de nuestros ciudadanos.

Pero el Proyecto “El Callejón de los Milagros”, si bien en los últimos meses es que ha adquirido visibilidad nacional en los medios, no nació ayer, ni ha llegado hasta aquí porque un individuo lo impulsó. Eso es un mito que tendríamos que combatir con todas las fuerzas, en tanto en este país no necesitamos tanto de personas que se promuevan como el ombligo del mundo (por mucho talento que tengan), como de alianzas, interactividad, intercreatividad, y mucho pensamiento crítico, puestos en función del bienestar comunitario.

Lo que quiero decir es que el Proyecto “El Callejón de los Milagros” tal vez no existiría si en aquella Asamblea de la UNEAC del 2011 no se hubiese desatado un debate donde se abordó la necesidad de proteger en Camagüey todo lo que tuviese que ver con el audiovisual, incluyendo los cines. O si la Oficina del Historiador no hubiese convocado un poco después a Armando Pérez Padrón y al que suscribe para el asesoramiento de lo que finalmente sería el Paseo Temático. O si no se hubiese celebrado el Primer Foro de Consumo Audiovisual en La Habana. O si Disley Orama, entonces directora del Centro de Cine de Camagüey no hubiera decidido dedicar recursos a reconstruir el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, ese que el próximo 27 de octubre cumplirá 30 años de creado. Si faltara uno solo de esos elementos (y otros que ahora no menciono) sencillamente no estaríamos aquí.

Ahora bien, más que caer una y otra vez en el repaso de lo que se ha hecho, el verdadero desafío está en pensar en el uso creativo que podamos hacer de todos esos recursos y espacios que ahora tenemos en nuestras manos. Y eso sí necesita de la complicidad de muchísima gente. Y de una voluntad política que la acompañe.

Por suerte, esa voluntad existe en Camagüey en este mismo instante. Y si a eso hay que llamarlo milagro, entonces tendríamos que hablar de un milagro hecho entre muchos.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el octubre 13, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Miguel Lafuente

    Que lindo sería estar en Camagüey y en el “Callejón de los Milagros”.Chau, un abrazo,Miguel

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