LOS PRIMEROS TREINTA AÑOS DE UN NUEVO MUNDO EN CAMAGÜEY

Tres décadas de actividad es, para cualquier institución cultural, motivo de celebración, de jolgorio, y el próximo 30 de octubre el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo estará de fiesta, pues ese día la institución cumplirá 30 años de creada.

Es por ello que, como parte del plan de acciones del proyecto “El Callejón de los Milagros”, un proyecto dirigido a animar e informatizar el Paseo Temático del Cine en Camagüey, y tomando en cuenta la importancia histórica de “Nuevo Mundo” como institución vinculada a la promoción, pensamiento y debate del audiovisual, se ha decidido que allí radique el nodo principal de la red wifi que ofrecerá servicios culturales gratuitos en las tres calles que conforman el Paseo.

Lo de la importancia histórica de la institución comienza a adivinarse con tan solo leer la tarja colocada en su fachada el 17 de marzo del 2017, como parte de las actividades del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica celebrado aquel año, y cuya leyenda reza: “Sala de Video Nuevo Mundo. Primera institución de su tipo creada en el país el 30 de octubre de 1986”.

Aquel lejano jueves, las autoridades de la ciudad dejaron inaugurado un local de apenas cuarenta lunetas, mientras que el domingo 2 de noviembre, con la exhibición del filme El joven maestro (The Young Master/ 1980), de Jackie Chan, el público accedería por primera vez al sitio. Como se ha dicho en otras ocasiones, la iniciativa correspondió al entonces presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, Juan Antonio Bravo, quien la dejaría creada mucho antes que la surgida unos meses después en las calles L y 23 de La Habana.

Vendrá ahora la etapa más compleja para los anfitriones de Nuevo Mundo, que es aprender a manejar esta herramienta con un sentido creativo, y ponerla en función de un servicio cultural que ofrecerá a la comunidad, de modo gratuito, contenidos valiosos y alternativos a lo que es hegemónico.

De manera que Nuevo Mundo se convierte una vez más en pionera de una actividad pública que facilitaría al individuo que accede a su Mediateca, o disfruta de los servicios de las diversas instituciones (desde los cines hasta las tiendas y cafeterías) que conforman el Paseo, el acceso a lo mejor de la cultura y pensamiento audiovisual.

Es decir, que las posibilidades para seguir creando nuevos mundos a partir de estas circunstancias tecnológicas inéditas dentro de la comunidad son ilimitadas: los eventos culturales ganarían un nuevo soporte para su promoción, los alumnos y profesores podrían tener foros de debates interactivos; los cineclubistas obtendrían los catálogos, carteleras, libros, e información general accediendo por sus propios medios al servidor…

Pero nada de esto tendrá sentido si junto a la informatización de estos servicios culturales, no estimulamos la creatividad individual y el pensamiento crítico, que no es algo que se encuentre ya hecho dentro de una máquina inteligente, sino que necesitamos provocar en los individuos que la usan. Es preciso que la pretensión de un humanismo tecnológico (que es lo que más importa) nunca llegue a ser reemplazada por el fetichismo tecnológico, pues como apuntaba en su época Elbert Hubbard: “Una máquina puede hacer el trabajo de cincuenta hombres vulgares. Ninguna máquina puede hacer el trabajo de un hombre extraordinario”.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el octubre 2, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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