WIFI, INTERNET Y SUS USOS EN CUBA

Este artículo del joven profesor de la Universidad de Camagüey, José Raúl Gallego Ramos, me entusiasma por varias razones. La fundamental: se trata de una aproximación al fenómeno del wifi en Cuba que deja a un lado el impresionismo rápido y quejoso, para examinarlo desde una perspectiva culturológica y proponer una agenda práctica donde se estimula su uso creativo.

¿Qué tiene que ver esto con el mundo del audiovisual cubano, preguntarán algunos? Pues que hoy, cuando hablamos del uso de wifi en Cuba, estamos hablando de una práctica cultural emergente que podría beneficiar nuestras políticas públicas relacionadas con la cultura y su promoción.

Lo leo, y no puedo dejar de asumirlo como una prolongación de las intervenciones que pudimos escuchar en el pasado Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, desarrollado en el mes de febrero en Camagüey.

Juan Antonio García Borrero

WIFI, INTERNET Y SUS USOS EN CUBA.

Por: José Raúl Gallego Ramos

Hace unos días leí sobre un estudio realizado por alumnos de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, en el cual daban cuenta de que Zapya e Imo eran las dos aplicaciones móviles más usadas en Cuba. Aunque el texto no abundaba en las características de la investigación, creo que su resultado es poco discutible y basta con “mirar” los teléfonos de personas cercanas o prestar un poco de atención en las zonas Wifi para comprobar que así es.

Y mientras leía no pude evitar que vinieran a mi mente las tantas veces que he escuchado a amigos, intelectuales e incluso funcionarios estatales y gubernamentales quejarse sobre “los usos” que se da a internet en las zonas wifi. Este estudio estoy seguro que le confirmaría a muchos de ellos que la gente está usando internet y los dispositivos móviles fundamentalmente para “chatear y pasarse videítos y juegos”, sin dudas posibilidades muy reducidas entre las múltiples que ofrecen las redes virtuales. Sin embargo, esa no es mi preocupación, en lo absoluto. Mi preocupación es: ¿para qué otra cosa la pueden a usar?

Me explico: las condiciones condicionan el uso. Así, por redundante que suene. Si usted crea un parque en una zona intrincada, no le pone luces ni diseña para ese sitio una programación sociocutural; pues es mucho más probable que este sea usado para realizar actividades ilícitas o no bien vistas públicamente, que como un lugar de esparcimiento familiar. Las condiciones, condicionan el uso. Lo mismo pasa con el internet que se “ofrece” en las zonas wifi en Cuba.

En primer lugar, el acceso a internet a la intemperie, desde dispositivos con pantallas y teclados pequeños, que además se tornan borrosos cuando inciden en ellos los rayos del sol hace bien difícil usar la red de redes para actividades que requieran de un mínimo de concentración y comodidad. Créanme que es casi imposible recopilar información y analizarla para una tesis, por ejemplo, mientras se está sentado al sol, incómodo, vigilando el tiempo porque “se te acaban los 2 CUC que pagaste” y con Yuneisy a tu lado chateando con su primo “El Tati” en Roma sobre cómo conseguir una visa; que dicho sea de paso, es para ella tan importante como la investigación para mí. Por tanto, es entendible que sean conversar y otras actividades más cercanas al esparcimiento, a la información menos densa, las que ocupen la mayor parte del tiempo de quienes acuden a las zonas wifi.

Por otra parte, está el precio. La cuota de 2 CUC por hora –que muchas veces se convierte en 3 ya que el suministro de tarjetas es altamente ineficiente- en un país donde el salario promedio no rebasa los 700 MN (menos de 30 CUC) pues hace comprensible también que las personas destinen ese dinero a lo que consideren más importante, que la mayoría de las veces es hablar con sus seres queridos –no importan si se hayan ido del país en lancha o estén combatiendo el ébola en África, son sus seres queridos- y que la mayoría de las veces son ellos mismos quienes les facilitan esos 2 CUC con los cuales se conectan en las zonas wifi.

Que dicho sea de paso, no son “zonas WI-FI públicas”, como les llama ETECSA. Por definición público es lo que es de todos, sin restricciones. Las zonas wifi implementadas por ETECSA tienen la restricción de que su acceso cuesta 2 CUC por hora, si no, no puedes usar el servicio. Públicas son las plazas en las que están instaladas, a las que podemos entrar todos libremente y sin costo alguno; pero el uso de los puntos de acceso no lo es. De lo contrario, el Habana Libre también sería un hotel público, porque todos (teniendo el dinero, claro, lo cual es otro tema bien complejo) podemos acceder a él.

Entonces la pregunta es: en estas condiciones, ¿qué otro uso es posible darle a internet? Tengo amigos que mantienen sus blogs con altos contenidos políticos desde estos lugares, a pleno sol, con laptops sobre las piernas y a cuenta de su menguada billetera se empecinan en discutir con otros sobre el destino de Cuba, criticar lo que consideran que debe cambiarse; pero una vez más, créanme, no es nada fácil y se necesitan altas dosis de motivación y otras tantas de empecinamiento. Y curiosamente, ese “uso” tampoco es muy bien visto por algunos funcionarios y decisores a quienes de seguro les agradaría más que emplearan su “tiempo de máquina” chateando con los socios o luchando una visa, como Yuneisy.

Si me preguntaran para qué debe usar la gente internet en Cuba mi respuesta sería muy sencilla: Para lo que consideren necesario, o dicho en buen cubano, para lo que les dé la gana siempre y cuando no sea nocivo para otras personas. Es su derecho.

Ahora, si me preguntaran para qué me gustaría que la gente usara internet en Cuba, mi respuesta sería también muy sencilla: Para lo mismo que lo están usando ahora, para compartir información y comunicarse, solo que con una mayor diversidad de contenidos. Me gustaría que los cubanos explotáramos dos de las principales características de las redes: la conexión y la generación de contenidos.

Que además de usar los perfiles de Facebook para colgar fotos de nuestra última salida, los usemos para coordinar acciones, para denunciar malos tratos o reproducir una acción o iniciativa digna de imitar, para masificar la recogida de firmas, por ejemplo, para que la Asamblea Nacional del Poder Popular de una vez y por todas trabaje en la elaboración de una Ley de Protección Animal (Cuba es de los pocos países en América Latina que no la tiene) o para sugerirle a los funcionarios los temas que le interesan a los ciudadanos que traten en sus informes de gobierno. Que por Zapya no solo circulen vídeos musicales y juegos, también las conferencias de Juan Triana sobre la economía cubana que poca veces salen en los medios oficiales (que son a los que tenemos acceso la mayoría), en fin, que estos canales se conviertan en medios que faciliten el acceso a la información, al diálogo, al debate, a la búsqueda de soluciones comunes, en fin, que constituyan herramientas que contribuyan el empoderamiento popular, a la democracia real y no a la formal, que son las aspiraciones por las que debe trabajar todo proyecto revolucionario y socialista.

Lamentablemente, con el escenario actual esta es una realidad que pinta a utopía. Sin embargo, hay cosas que pueden hacerse para romper la inercia y propiciar otros usos de internet u otras finalidades para los mismos usos. Pensando en un escenario donde se amplíe el acceso de internet, como se proyectó hacer para el 2020, estas pudieran ser algunas acciones a tomar:

1- Acercar cada vez más internet a las condiciones normales de su uso, a las viviendas, o su uso en dispositivos móviles sin restricciones a puntos demasiado específicos.

2- Fijar precios accesibles acordes con el salario real de los cubanos y establecer planes de consumo que mediante el pago de una cuota fija permitan un acceso ilimitado.

3- Reflejar en la Constitución la cuestión del acceso a Internet y a la información como un derecho, al igual que la educación y la salud, tal y como han hecho ya varios países. Según informó recientemente el presidente del país Raúl Castro, se avecina una actualización de la Constitución cubana y es necesario que esta sea una Carta Magna del siglo XXI, que no puede estar de espaldas a estas cuestiones. Reconocer el acceso y uso de internet como un derecho implicaría terminar con la práctica de retirarle las cuentas de internet a estudiantes y profesionales, cuando las emplean “para usos ajenos a aquellos para los que se les fueron otorgadas”

4- Poner la capacidad científica del país en función de acelerar la creación de herramientas informáticas que faciliten el ejercicio democrático ciudadano de manera efectiva y facilitar capacitación para su uso. Cuánto significaría para el país que dichas transformaciones a la Constitución, o el actual Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, puedan ser debatidos y analizados en red más allá de la discusión en los centros laborales o de estudio donde solo podemos saber lo que piensan esas 30 personas o lo que dice el informe “que bajó de arriba”. Y sobre todo, que estas herramientas permitan saber cuántas más personas piensan lo mismo, y son capaces de expresar y proponer soluciones, como un primer paso para salir del inmovilismo que generalmente nos acompaña.

5- Respetar de manera real el derecho ciudadano recogido en la Constitución a la expresión libre de las ideas, aun cuando no estemos de acuerdo con ellas. Suprimir la práctica demasiado extendida de “llamar a contar” por un artículo, post, “retweet” o incluso “like” que a “alguien” le pareció “incorrecto”, “fuera de lugar”, “ingenuo” o “falto de madurez política”.

No obstante, como esto del acceso a internet depende de más factores externos e infraestructurales de los que uno deseara, podemos pensar también en un grupo de cuestiones que aprovechen las posibilidades de las herramientas de conectividad off-line que ya poseemos, muchas de las cuales están creadas y que solo habría que potenciar su uso:

1- Mantener los puntos 3, 4 y 5 anteriores, que nada tienen que ver con el bloqueo ni con recursos materiales.

2- Crear zonas wifi públicas (ahora sí, públicas) que permitan el acceso a una intranet nacional, ya sea desde dispositivos móviles o desde las casas, en la cual se comparta información necesaria para las personas (mucho más que el famoso y aún limitado Portal Ciudadano); las instituciones y las personas generen contenidos y se pongan en línea herramientas que faciliten el ejercicio del poder y el control ciudadanos.

3- Cuba tiene registradas más de tres millones de líneas de celular, muchas de ellas usadas en teléfonos inteligentes que tienen la capacidad de ejecutar aplicaciones como Zapya o para acceder a redes sociales alojadas no en internet, sino en intranet. Ya existen algunas creadas en universidades del país o por los Joven Club. Su acceso gratuito por señal wifi –tecnología que no es tan costosa a nivel mundial- podría potenciar que estas se convirtieran en foros de discusión y solución de problemas, sobre todo si tenemos en cuenta que los canales tradicionales de comunicación ciudadanía-gobierno no son eficientes ni para trasladar la mayoría de las preocupaciones y mucho menos para darles respuestas. Por supuesto, que es imprescindible que el uso de estas redes y la participación ciudadana en ellas no se convierta en un problema para los usuarios (Punto 5 de la propuesta anterior)

4- Eliminar las restricciones aduanales a la libre importación por personas naturales de dispositivos como los rúters, módems, antenas wifi y otros que permitan la creación de redes ciudadanas. Cuba está llena de redes, basta encender la wifi de un celular en la mayoría de las capitales de provincia para que aparezcan decenas de ellas a través de las cuales se comparte “el paquete” o se hacen torneos de FIFA16 o Dota. ¿Por qué no aprovechar esas redes ya creadas y potenciar el surgimiento de otras como herramientas para la articulación vecinal, ciudadana?

5- También existen en Cuba redes de distribución de contenidos digitales, algunas undergrounds como “El Paquete”, otras oficiales como “Mi Mochila”. Aprovechar esos espacios para incluir otros contenidos de interés social y que faciliten la interacción entre las personas, la conexión de ideas, la movilización para lograr determinados fines.

6- Informatizar los órganos de gobierno a todos los niveles y conectarlos con la ciudadanía de manera efectiva. Me encantaría ver una zona wifi gratuita frente a cada Asamblea del Poder Popular u Órgano del Partido, a la cual las personas puedan conectarse para dar cuenta de sus quejas, discutir propuestas y planes que se encuentren en línea, hacer saber sus estados de opinión, valorar la gestión de los dirigentes, proponer soluciones a problemáticas puntuales del territorio. Esto no solo sería una herramienta que ayudaría muchísimo al trabajo de estas instituciones, sino que también constituirían mecanismos de presión (en el mejor sentido de la palabra) que harían más difícil que los funcionarios y gobernantes se desentiendan de sus funciones, como lamentablemente ocurre más de lo que se quisiera.

Lo que aquí estoy proponiendo no es sustituir los mecanismos físicos de participación, sino complementarlos, ya que las nuevas tecnologías amplían considerablemente el alcance, pero sobre todo, constituyen también un eslabón intermedio para encauzar acciones más allá del universo digital. Los mecanismos de interacción físicos, de rendición de cuentas en persona deben ser mejorados, sustituidos, adecuados, para que cumplan con su función; obviarlos en una propuesta que aspire a un perfeccionamiento del ejercicio democrático sería fatal, sobre un todo en un país en el que tener un celular sigue siendo para muchos un lujo e internet, un enigma. Por otra parte, tampoco la tecnología es una vara mágica que cambiará de la noche a la mañana los problemas que existen en Cuba con la cultura del debate y la participación, pero es una herramienta más que podemos utilizar para ir “practicando”, ya que la práctica, es el criterio de la verdad, además de que hace al maestro.

La tecnología avanza, y va marcando caminos que el mundo ha asumido, y que además ha mostrado que pueden ser empleados para las mejores causas –también para las peores, por desgracia- y nosotros no podemos darle la espalda al mundo, hay que dialogar con él. Los cambios en los usos de las tecnologías van a ocurrir, ya sea cuando pase el deslumbramiento inicial ingenuo, cuando el desarrollo tecnológico haga el acceso cada vez más fácil y menos costoso o cuando las personas se den cuenta de que necesitan usarlos para unirse y lograr lo que no pueden lograr separados. Depende de nosotros, la manera en que se dé ese cambio y sus resultados.

Hay que reconocer que hoy las cosas en Cuba no están bien, que los niveles de participación ciudadana no son los que necesita un proyecto socialista, que las agendas públicas, mediáticas y políticas andan muchas veces por caminos diferentes como han señalado casi todos los estudios de agenda realizados en las universidades del país. Y como dijo Einstein, no se puede resolver un problema pensando de la misma manera en que lo creamos; hay que buscar alternativas, y las alternativas estoy convencido de que están en la participación ciudadana real, por las vías que sea.

Y repito, no se trata de crear “buzones de quejas y sugerencias” digitales, eso sería más de lo mismo, sino de estimular la creación de redes que potencian las interacciones, el trabajo colectivo en la identificación y solución de los problemas, y sobre todo que nos permitan dialogar, debatir, conocernos, saber qué piensan los demás y cuántos piensan así, visibilizar el consenso o el disenso para de esa forma tener una idea de cuál es nuestro poder como ciudadanos. Se trata, en fin, de crear redes sociales, y utilizando el título de uno de los libros de Manuel Castells, espero que sean más redes de esperanza, que de indignación… aunque a veces, una lleva la otra.

Publicado el julio 12, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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