DIME CON QUIÉN TE CONECTAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES.

Hay un aforismo muy divertido de Oscar Wilde (como casi todos los de ese gran genio) que dice así: “Habla siempre bien de ti mismo, que algún día olvidarán la fuente”.

En realidad nunca he conocido a alguien que le guste hablar mal de sí mismo. A todos nos encanta que nos reconozcan algo. Y hacemos lo posible y lo imposible para que, incluso cuando nos empeñamos en ser los más modestos, nos reconozcan esa virtud. Por eso sigue siendo tan genial aquella observación que hiciera Sócrates a los cínicos, cuando les señalara que a través de los huecos de sus vestimentas, podía ver sus vanidades.

En el caso de los que escribimos, o de los artistas en sentido general, esa adicción al reconocimiento público puede rayar con lo patológico. Para algunos, no ser mencionado en los medios es como no existir. Si aluden a ti en el periódico Granma o Juventud Rebelde, o te entrevistan en cualquier espacio de la televisión, diciendo cualquier cosa en treinta segundos que, a su vez, han sido editados, pues tendrás garantizados tus quince minutos de fama en la aldea. Pero esto está cambiando de un modo radical, incluso en un país como Cuba, donde la penetración de Internet es todavía tan precaria. Trataré de argumentar esa impresión a partir de una experiencia personal, cercana en el tiempo.

Resulta que acabo de pasarme casi dos meses en los Estados Unidos, participando en un grupo de eventos académicos, gracias a amigos como Jennifer Lambe, Alex Halkin, los organizadores de LASA y Cuba Posible, entre otros. Para mí fue una experiencia mágica, donde adquirí conocimientos que me habría encantado transmitir a otros, sobre todo en el Camagüey donde vivo.

Sin embargo, sospechando que nada de eso tendría un interés, digamos, periodístico, decidí apelar a Wilde y contar mis historias personales en Facebook. Pues bien, resulta que desde que regresé me han parado en la calle más de veinte personas, para comentarme que estaban al tanto de lo que hice por aquellas tierras. Y no solo eso: para intercambiar con algunas de las ideas que propuse en los brevísimos textos que fui colgando (me entusiasmó mucho que el que habla de la falta de un programa público que incentive en Cuba el uso creativo de la tecnología, fuese comentado por uno de mis interlocutores con verdadera pasión).

Más allá de la broma de Wilde, pensemos en cuánto están desaprovechando nuestros creadores e instituciones culturales el uso de todas esas redes sociales que están al alcance de nuestras manos, y que no utilizamos de un modo inteligente o creativo. En Camagüey, cada vez hay más personas conectadas al Facebook y leyendo menos periódicos, pero nosotros insistimos en un tipo de promoción cultural nacida en el siglo XIX.

En lo personal, esta vez aprendí algo. Que es bueno que los medios hablen de lo que hacemos, pero que si no lo hacen, tampoco importa mucho. Siempre quedará la alternativa de hablar bien de uno mismo, sabiendo que la gente algún día olvidará que lo leyó en Facebook.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el junio 28, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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