ERNESTO DARANAS SOBRE LA CULTURA DEL DEBATE EN CUBA

Cuba Posible ha convocado a un grupo de intelectuales cubanos, con el fin de “reflexionar sobre la necesidad de debate, y sus mejores caminos, en el actual contexto nacional”. Las respuestas que por el momento han ofrecido en esta primera entrega Aurelio Alonso, Jesús Arboleya, Guillermo Rodríguez Rivera, Francisco López Segrera, y Ernesto Daranas, han estado a la altura de las interrogantes planteadas.

Comparto las respuestas concedidas por el cineasta Ernesto Daranas. Creo que si en los momentos actuales un gremio ha sabido mantener en alto el papel del intelectual crítico, que habría que verlo siempre asociado al deber de intervenir en lo público, es precisamente el de los cineastas cubanos. En este sentido, Daranas sería apenas uno de los tantos creadores del sector que vienen defendiendo con muchísima energía la necesidad de ese debate en el actual contexto nacional.

JAGB

ERNESTO DARANAS: “NECESITAMOS TRANSFORMACIONES QUE GARANTICEN INTERCAMBIOS MÁS ABIERTOS, CONSTANTES Y DIVERSOS”.

En las circunstancias actuales de Cuba y del mundo, el interés por buscar y encontrar formas renovadas de hacer posibles los anhelos históricos y contemporáneos del país constituye un empeño de diferentes actores, colectivos y personas con vocación por pensar la nación sin desconocer sus diversidades. Esa voluntad plantea desafíos de diferente orden; quizás uno de los más grandes es el de repensar las necesidades de debate que, desde diferentes espacios, tributen a un mayor y mejor entendimiento de los presentes y los futuros plausibles y deseados. Con el propósito de contribuir con ello, Cuba Posible ha invitado a intelectuales cubanos a reflexionar sobre la necesidad de debate, y sus mejores caminos, en el actual contexto nacional. Estas son solo algunas voces de las muchas que pueden encontrarse en Cuba, que acompañan y construyen ideas y propuestas para nuestro país.

En esta entrega, compartimos los criterios del reconocido director de cine Ernesto Daranas.

¿En qué medida la política cubana actual identifica la necesidad del debate sistemático y público de nuestros problemas? ¿Escucha propuestas para solucionarlos?

En el VII Congreso del PCC se insistió en la necesidad de un socialismo más democrático y participativo, pero por el momento siguen presentes el verticalismo, el control de los escenarios de debate, la estigmatización de los criterios opuestos y el secretismo en muchos de los temas esenciales para los cubanos.

El VI Congreso había estado precedido de una amplia consulta popular entre varios millones de ciudadanos. El acceso que tuvimos al resultado de un proceso tan importante fueron “los lineamientos”, donde quedaron codificados los intereses del pueblo y del Estado. A partir de ahí se han dictado un conjunto de medidas destinadas a revertir un grupo de restricciones anacrónicas, sin que se empiecen a observar aún los resultados esperados en lo referente a la mejora del nivel de vida de la mayor parte de los cubanos.

El VII Congreso, en cambio, motivó protestas entre la propia militancia por la falta de debates previos, cobrando fuerza el reclamo de que ese nuevo socialismo sea construido con el concurso de la inteligencia nacional. El presidente Raúl consideró justas estas preocupaciones y determinó que documentos de la importancia de la Conceptualización del Modelo de Socialismo y las bases del Plan de Desarrollo fueran sometidos a una consulta más abierta, antes de ser aprobados. Tal vez, como nunca antes, se hizo patente la necesidad de aprender a gobernar dentro de la complejidad que entraña todo consenso verdadero, así como la importancia de que las transformaciones emprendidas tengan realmente en cuenta el criterio de un creciente espectro de actores sociales, en particular de nuestros sectores más humildes, quienes, hasta ahora, no han sido precisamente los más favorecidos por los cambios ocurridos entre ambos Congresos.

¿Cuáles son los temas que más se debaten? ¿Cómo evalúa la calidad de esos debates, su diversidad o representatividad? ¿Cuáles son los principales foros donde se discuten los problemas actuales del país? ¿Qué características tienen? ¿Sus cualidades y limitaciones?

Eso depende de a cuál escenario nos estemos refiriendo. En la calle la gente habla de la subsistencia, de las carencias y necesidades del día a día, de la disparidad entre los salarios y el costo de la vida, de emigrar, de los cambios que tienen lugar y de su esperanza de que se comiencen a apreciar los resultados que ellos realmente están esperando.

Por su parte, el creciente sector independiente genera nuevos intereses e inquietudes. ¿Por qué un inversor extranjero, protegido por una ley del Estado, puede tener acceso a oportunidades a las que los cubanos no tienen derecho? ¿De qué manera sintonizar la propiedad social sobre los medios de producción y los servicios estratégicos, con la necesidad de potenciar al máximo la iniciativa económica y social de nuestro pueblo? ¿Cómo integrarse a ese nuevo modelo económico de manera que el crecimiento de cada empresario sea consecuencia de su talento y de su capacidad de generar beneficios sociales?

En el ámbito de los estudios sociales hay una efervescencia de análisis y propuestas concretas para estos y otros problemas, pero no sólo no se les saca el partido necesario, sino que se apela a la vieja táctica de estigmatizar algunas de sus plataformas de trabajo.

En cuanto a la prensa, buena parte de ella replica el modelo oficial de los debates controlados, donde algunas voces y temas realmente incómodos y necesarios siguen sin encontrar espacios permanentes. En contraste, las nuevas tecnologías abren sus puertas a otro periodismo al que aún no tiene acceso la mayor parte de la gente. El gobierno no es ajeno a todo esto, sabe que debe actualizar sus dinámicas e insiste en la importancia del diálogo, pero no concreta aún con claridad las transformaciones que garanticen intercambios más abiertos, constantes y diversos. Todo esto genera un debate segmentado, que atomiza los anhelos de los diferentes interlocutores sociales, a la vez que dificulta que sean abordados con el conocimiento de causa y la urgencia que merecen.

¿Cree que esos foros son aprovechados por la política? ¿Por la sociedad? ¿Qué propondría para hacerlos más útiles?

Muchos de esos foros están demostrando no sólo la importancia, sino la posibilidad de establecer un debate a la altura de la complejidad de nuestros problemas. Algunos de ellos están labrando el camino de ese socialismo participativo por el que se aboga y van demostrando que son posibles los consensos entre miradas necesariamente diversas. Pero aún existe la tendencia a desacreditar a esas voces, en una práctica que, a estas alturas, descalifica, sobre todo, a quien la aplica.

Un ejemplo es la asamblea de cineastas, consecuencia de reclamos acumulados durante años y que fueron presentados en tiempo y forma a nuestras autoridades culturales y al gobierno. Nuestra decisión de organizarnos y ser parte activa de los cambios que nuestro cine necesita no ha estado exenta de silencios y tergiversaciones, a pesar de que hemos trabajo junto al ICAIC, el MINCULT y la propia Comisión de Implementación de los Lineamientos. Finalmente, el VII Congreso ha emitido un lineamiento para la “culminación e implementación de la transformación del cine, el audiovisual y el ICAIC”. ¿Era necesario esperar a que se agravaran de este modo los problemas? ¿Había algo concreto que objetar a nuestros reclamos y propuestas? ¿O lo que ha molestado ha sido nuestra decisión de organizarnos para abordar temas que nos atañen y tienen un hondo impacto en la cultura nacional? Y lo que es más importante, ¿en cuántas otras esferas de la vida nacional están teniendo lugar situaciones como la nuestra?

No puede haber un socialismo realmente participativo que silencie, ignore o desacredite los reclamos de un todo un gremio o de un grupo social cualquiera. Tienen que habilitarse las vías que permitan que la voz de los que realmente conocen sus problemas sea parte activa de cada una de las decisiones que les atañen. Sin esa suma de voluntades e inteligencias la propia conceptualización del modelo de socialismo cubano sería una entelequia.

Publicado el junio 27, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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