LA CULTURA CUBANA, LOS EMPRENDEDORES Y LA CREATIVIDAD

El mundo de las aplicaciones informáticas vinculadas a las instituciones culturales cubanas, todavía está por descubrirse entre nosotros. Nos constan los descomunales esfuerzos emprendidos por Cubarte con el fin de convertir en natural el uso creativo de las tecnologías en función de un mejor servicio cultural, pero no hay que engañarse: las instituciones culturales cubanas aún no han incorporado a su lógica creativa este filón, de allí que convenga en llamar la atención una y otra vez sobre esta carencia.

Cuando pienso en el uso creativo de las tecnologías en función de la cultura cubana, llega a mi mente un escenario donde es posible apreciar una comunidad de prosumidores interactuando a partir de una motivación colectiva. La creatividad y la motivación humana están tan íntimamente ligadas, que muchas veces pensamos en ellas como si se tratara de la misma cosa. Pero hay millones de gente “creando” sin motivación, tan solo porque tienen que cumplir con los planes diseñados por los otros, en los que el resultado (por inútil o perfectamente olvidable) nos pone en evidencia que la creación y la motivación andaban definitivamente divorciadas.

En asuntos culturales, la creatividad sin motivación individual siempre será un bluff que, tarde o temprano, es desenmascarado. El verdadero creador sabe que la motivación se lleva dentro, sin importar las precariedades del contexto donde vive, la incomprensión, resistencia o apatía de quienes le rodean, o la inexistencia de leyes y escenarios que estimulen su gestión. Si un individuo pierde la motivación, sabe que lo ha perdido todo, aunque mañana lo pongan en la más confortable de las oficinas, y con el salario más estimulante que se pueda soñar.

La motivación se ha estudiado de modo bastante exhaustivo, y quienes mejor ponen de manifiesto su valor son aquellos que en la terminología de Schumpeter se conocería como un emprendedor. De acuerdo con dicha teoría, el emprendedor es ese individuo que no es exactamente un genio científico, sino alguien que encuentra la gratificación (no exclusivamente económica), en crear mercados para los inventos de los genios.

El emprendedor es un tipo que no repara en los riesgos con tal de llevar hasta sus últimas consecuencias lo que ha soñado. El éxito o el fracaso serían la cara y cruz de una misma moneda que, para el caso, tiene idéntico valor. Lo que importa es poner a prueba lo que se ha soñado, por lo que creatividad y motivación se fusionan hasta convertirse en algo único.

Hago esta reflexión pensando en un contexto como el nuestro, donde el mercado ha estado tan sistemáticamente demonizado, y la palabra emprendedor por lo general se vincula al individualismo, o al interés más egoísta.

¿No será hora de que pensemos en aprovechar esa fuerza creadora que está presente en ciertos individuos que, más allá del sistema institucional, están consiguiendo revolucionar nuestro mundo cotidiano con un sinfín de aplicaciones tecnológicas que ya funcionan en lo informal?, ¿no se estaría beneficiando la comunidad, y con ella, nuestra cultura cubana en sentido general?

Juan Antonio García Borrero

Publicado el junio 17, 2016 en CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Hola Juan Antonio! Necesito contactarte, podrías enviarme tu e-mail por favor? Gracias!!!

  1. Pingback: Artxiomas: otro puente cultural entre Cuba y EE.UU | Cayo Hueso

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