REGRESO A CAMAGÜEY: CON MÁS LUCES QUE SOMBRAS A LA VISTA

Si dijera que, luego de dos meses de ausencia, ya estoy de nuevo en Camagüey, estaría diciendo verdades y mentiras a partes iguales. Cuando viajamos por un largo tiempo, uno nunca consigue regresar del todo, pues en el viaje vamos dejando partes de nosotros mismos, e incorporamos sensibilidades inéditas que nos retornan al lugar de origen con buena dosis de extrañeza. Dicho por lo claro, que el cuerpo llega íntegro, pero la cabeza sigue levitando por otras partes.

La extrañeza es recomendable porque coloca entre nuestros ojos y ese objeto del deseo que hasta ayer apreciábamos como único (en mi caso Camagüey), una distancia crítica que nos ayuda a ver de un modo más equilibrado las luces y las sombras del lugar donde vivimos, y que por resultar tan esencial, quisiéramos en la plenitud de su desarrollo.

Por otro lado, como mi reciente viaje a los Estados Unidos obedeció a la invitación extendida por la Universidad de Brown (Providence) a través de la académica Jennifer Lambe, pero fue tramitado por la UNEAC, pienso que lo elemental sería compartir algunas de las experiencias vividas con mis colegas cubanos, toda vez que es de ese intercambio sistemático (suerte de prórroga del último Congreso en el que debatimos tantas cosas) que como intelectuales pudiéramos contribuir a que la comunidad que nos rodea y mira como creadores, se beneficie de nuestras acciones y desplazamientos más allá de la isla.

En uno de los encuentros que tuve la posibilidad de participar en calidad de oyente (“Cuba y los desafíos actuales”), una inquietante pregunta sirvió de eje a la intervención de varios panelistas: ¿Puede aspirar Cuba a ser un país desarrollado en 2030? Me parece una pregunta legítima y necesaria no solo para los ciudadanos que somos ahora mismo, sino también por la responsabilidad que implica pensar la nación que estamos dejando a quienes vienen detrás. Sin embargo, quisiera ser más modesto en esta indagación futurológica, y luego de haber vivido varias experiencias sobre todo en Nueva York, preguntar: ¿Puede aspirar ahora mismo Camagüey a ser una ciudad donde pasemos del consumo activo de las tecnologías al consumo creativo vinculado a lo audiovisual?

Cualquier respuesta que busquemos para lo anterior, chocará con la dificultad que implica examinar el asunto desde un país donde todavía se sigue pensando la realidad en términos analógicos, y se carece de una política pública verdaderamente eficiente a la hora de conjugar de modo interactivo las áreas de Cultura, Educación y Nuevas Tecnologías.

Ello trae como consecuencia que no se asume la tecnología como algo que ya está formando parte de la vida cotidiana, sino que se le piensa como un conjunto de dispositivos que se puede domesticar y poner en función de lo tradicional, siempre lo tradicional. Primera dificultad entonces: necesitamos una revolución en lo subjetivo, una revolución que nos ponga a la altura de lo que las prácticas culturales emergentes ya están diseñando de modo informal.

Es obvio que se pudiera lograr un mayor desarrollo si tuviésemos más recursos y el acceso a Internet fuese generalizado y económico para el ciudadano común. Pero el acceso a Internet no garantiza de modo automático que se incremente el consumo creativo, que sería lo que debería importarle impulsar al Estado, toda vez que ello podría beneficiar la calidad de vida de los miembros de la comunidad. Segunda dificultad entonces: ni siquiera nos hemos planteado el debate sistemático de lo que podría ser una Política pública dirigida a fomentar la creatividad ciudadana vinculada al uso de las tecnologías.

De allí que entre nosotros abunden los que fetichizan a Internet, ora para considerarlo el emblema de la libertad absoluta, o viceversa, el paradigma del mayor peligro al que se pudiera enfrentar la humanidad. Entre estos dos polos encontraremos una inmensa masa de usuarios de estas tecnologías que se dejan llevar de modo acrítico por la corriente, conformando una ciudadanía de nuevo tipo (pensemos en todos los que alguna vez vamos a las plazas y parques para conectarnos al Wifi de Etecsa) de la que, académicamente, no tenemos la más mínima noción. Tercera dificultad: hasta ahora no ha existido intervención pública por parte del Estado que permita fomentar alternativas a ese uso que se viene configurando entre los ciudadanos (Facebook, correos electrónicos, etc) como si se tratara del único posible.

Pondré un ejemplo de algo que vi en Nueva York, y que, de existir una voluntad institucional donde las áreas de Cultura, Educación y Nuevas Tecnologías se fusionen en el superobjetivo, podría funcionar acá en Camagüey: hablo del Museo de la Imagen en Movimiento. Se trata de un espacio ubicado en Astoria, al lado de los famosos Estudios Kaufman, y en el que es posible encontrar buena parte de la historia del proceso creador de la imagen en movimiento, narrada a través de aparatos e informaciones relacionadas con el mismo. Pero lo interesante es que no hablamos de un depósito frío de objetos históricos, sino que hay trazada toda una estrategia para que los visitantes (muchos de ellos muy jóvenes) puedan interactuar y crear sus propias versiones del hecho fílmico.

Preguntémonos ahora qué es lo que impide que en nuestro Paseo Temático del Cine de Camagüey exista algo parecido. Tenemos en nuestro poder las instituciones, las calles, las pantallas, los recursos (que podrán ser precarios, pero existen), y el talento de mucha gente que ama el cine y es capaz de organizar Talleres de la Crítica Cinematográfica, ediciones de El Almacén de la Imagen, festivales de Videoarte, Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, entre otras acciones más.

¿Qué falta entonces? Probablemente la conciencia de que estamos viviendo una época donde la insularidad creativa se paga caro. Obviamente, un cambio de mentalidad no se consigue de la noche a la mañana. Pero el día que logremos alejarnos un poquito, no de Camagüey como espacio físico, sino de Camagüey pensada como conjunto de islitas poco conectadas entre sí, ese día esta ciudad será el punto de referencia insoslayable de la creatividad audiovisual en Cuba.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el junio 8, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Juan me gustan tus ideas aquí expresadas, son reales, y nos toca decirlo y ayudar a ser mejores RRomero

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