CUBA ENTRE LO ASERTIVO Y LO SECTARIO

cuba si o noComo Cuba parece estar de moda en las conversaciones más comunes (y no únicamente por Chanel), pues parece imposible llegar a un lugar donde estén reunidos más de tres extranjeros, y que uno de ellos no te pregunte qué va a pasar en la isla.

No sé qué tenemos los cubanos que nos siguen viendo cara de profetas, cuando en nuestro caso los pronósticos vinculados el proceso político que se vive desde 1959 ha sido un impresionante surtidor de malentendidos. Aún así, medio siglo después, todavía hay gente que insiste en hablar como si a Batista lo hubiesen sacado del poder ayer, y todo lo que representa Fidel Castro fuese a desaparecer de un día para otro, tan solo porque Barack Obama visitó la isla hace unos meses.

Si le prestáramos más atención a la Historia, es probable que entendiéramos un poco mejor por qué las revoluciones son inevitables y dejan su impronta, para bien o para mal, al margen de sus líderes. Y es que allí donde existan relaciones de poder siempre estará latente la posibilidad de una revolución, de un cambio radical del orden de las cosas. A su manera lo explicaba Mark Twain mucho antes que se iniciara en Cuba un proceso comunista: “Dicen que soy revolucionario por simpatías, nacimiento, crianza y principios. Me pongo siempre del lado de los revolucionarios porque jamás existió una revolución sin que existieran previamente circunstancias opresivas e intolerables contra las que rebelarse”.

Pero las revoluciones necesitan ser criticadas, o de lo contrario se convierten en un rígido orden revolucionario en función de determinados grupos. En el caso de Cuba, según el grupo que hable, casi siempre la están dibujando desde los polos: o es el Paraíso o es el Infierno. Y admito que hay cubanos con historias de vida donde es honesto reconocer que tienen toda la razón para pensar en el Apocalipsis. Como también existen norteamericanos que ahora mismo no le ven salida a sus vidas, y viven abrumados con las deudas del día a día: eso también puede parecerse al infierno.

Por suerte, por el medio siempre quedarán los matices que enriquecen. Para nosotros, como nación, va a ser difícil que logremos apreciar de inmediato esos variados tonos: somos adictos a las visiones sectarias de la realidad. Lo paradójico es que el sectarismo fue denunciado por Fidel Castro desde bien temprano como una de los grandes peligros para la revolución que se iniciaba. Allí están sus discursos, sus críticas públicas, como aquella del 13 de marzo de 1962, cuando el homenaje a los mártires del asalto al Palacio Presidencial, donde cuestionaría la manipulación que se hiciera en el acto del testamento político de José Antonio Echevarría, solo porque en aquel momento mencionar a Dios no parecía políticamente correcto.

Es curioso que esta parte de la Historia de la revolución cubana apenas se les enseñe a los jóvenes cuando hoy los educan en nuestras escuelas. Para el grueso de los jóvenes, lo que se ha vivido en Cuba desde el 59 ha sido un proceso de uniformidad intelectual absoluta, donde los disensos dentro del campo revolucionario no han existido, y si se describen, es para satanizar a quienes decidieron mostrar públicamente sus diferencias, o sencillamente anularlos, invisibilizalos, hacerlos lucir como desechos.

Como entre nosotros la memoria histórica integral no existe (es decir, existe la memoria histórica de una forma selectiva, porque así es que se garantiza una unidad monolítica que solo consta en la mente de quienes la invocan), entonces estos episodios dolorosos, que deberían asumirse como lecciones históricas que nos ayudan a crecer a todos, pasan al olvido, permitiendo que lo mismo que se criticó en su momento con dureza renazca todavía con más fuerza.

Pregúntenles a algunos de nuestros jóvenes qué saben del sectarismo en Cuba, y se verá que se conoce aún menos que del Qinquenio Gris. De allí que nuestra cultura de la polémica sea tan mala. O que encontremos a cada rato esas olvidables disputas intelectuales que no son tales, sino en todo caso ejercicios de poder donde cada grupo se esfuerza en anular al otro de acuerdo a las reglas que ya consideraron legítimas en sus respectivas facciones, e interpretando que cualquier signo de construcción de consenso sobre el cual pretender análisis superiores sería en verdad un signo de debilidad.

Para el pensamiento sectario solo hay un modo legítimo de discutir: pensando como él. No es que el sectario sea un burdo reduccionista, y ni siquiera tiene que ser asociado a la extrema izquierda. Conozco individuos que se autotitulan liberales con tal fuerza y pasión, que excluyen de su diálogo a todos aquellos que puedan diferir de las visiones que ellos ya tienen de la libertad y la democracia. Al final, estos “demócratas” son más sectarios que los sectarios más altisonantes.

Como historiador que ha querido revisar sin prejuicios el contexto en que se ha desarrollado el cine cubano revolucionario, y entender sus contradicciones, me interesa ir a las raíces de esos fenómenos que ahora mismo nos pueden estar afectando (tal vez porque el cine cubano revolucionario ha sido ejemplar a la hora de combatir los sectarismos).

Y lo único que encuentro a mano para lidiar con ese sectario que muchas veces llevamos dentro es la inteligencia asertiva, que sería aquella modalidad donde el individuo expresa sus convicciones sin miedo a recibir represalias, pero expresadas con respeto y sabiendo que sus ideas son tan discutibles como las de su oponente. Con el pensamiento asertivo nadie renuncia a sus convicciones, al contrario, pero hay respeto hacia el individuo que expone las ideas, por encontradas que puedan estar con las nuestras. Solo así ayudaremos a crear ese escenario nacional donde no son dos o tres con sus “brillantes ideas” (en una orilla u otra) los que se muestran activos, sino toda la comunidad imaginada entendida como nación.

Eso, por cierto, exige pensar lo “revolucionario” de una manera mucho más expandida que la que solo toma en cuenta un perfil de la realidad. En ese discurso del que vengo hablando, Fidel Castro fustigaría con bastante dureza la simplificación que se hace del término revolucionario al apuntar: “¡Por ese camino, habría que abolir el concepto de revolucionario desde Espartaco hasta Martí! ¡Por esa concepción miope, sectaria, estúpida y manca, negadora de la historia y negadora del marxismo, habría que caer en la negación de todos los valores, en la negación de toda la historia, en la negación de nuestras propias raíces!.

Y más adelante:

Aquí hay muchos que se creen más revolucionarios que nadie, y creen que la Revolución está en gritar, y creen que la Revolución está en decir: “Izquierda, izquierda.” No les quiero hacer ninguna crítica a los Jóvenes Rebeldes, desde luego, porque ellos han rectificado algunas de sus consignas. Por ejemplo, ellos decían: “Somos socialistas, pa’lante y pa’lante, y al que no le guste, que tome purgante.” A mí no me gustaba, sinceramente, esa consigna, porque no era positiva. La cambiaron: Somos socialistas, pa’alante y pa’alante, y el que esté de acuerdo, la mano levante”. Esa es positiva, esa consigna (APLAUSOS); lo otro, es presentar el marxismo como un purgante: “Y al que no le guste, que tome purgante.” No está invitando a nadie a estudiar, no está invitando a nadie a convertirse al marxismo; le dice “te lo tragas, si quieres y si no quieres; si no te gusta, toma purgante.” ¿A quién van a conquistar con eso? “Izquierda, izquierda, izquierda siempre izquierda”, eso no es el socialismo, eso puede ser Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.

Regreso a lo que decía al principio de este breve post: Cuba está de moda. Y eso resulta estimulante para algunos, pero al mismo tiempo lo veo como un gran peligro, porque la moda podrá ser encantadora, pero es demasiado leve, y puede convertir a la isla en algo tan baladí, que la memoria histórica integral en realidad sea una invitación al olvido sistemático, siempre construido desde los más diversos y excluyentes sectarismos.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el mayo 24, 2016 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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