MI AMIGA DISLEY ORAMA

Disley OramaComo la vida es un constante canje de ganancias y pérdidas, no ha dejado de afectarme la noticia de que Disley Orama Esquivel, directora del Centro Provincial del Cine de Camagüey en lo últimos diez años, acaba de pedir la renuncia a su cargo por razones de salud.

Desde el año pasado ya no trabajo allí, pero siento su salida como si todavía fuese su subordinado. A mi juicio, el Centro de Cine de Camagüey ha conocido dos períodos realmente brillantes, gracias a que en ambos momentos sus respectivos directores (Armando Pérez Padrón y Disley Orama) han sido genuinos líderes de la gestión cultural, y han sabido conformar equipos de trabajo sumamente eficientes. No quiero que se me acuse de chauvinista, ni de establecer absurdas comparaciones, pero no conozco en el resto del país otro Centro donde la defensa del cine como arte haya tenido tanta sistematicidad.

Si escribo este post hoy es porque corremos el riesgo de que lo realizado por Disley al frente del Centro caiga pronto en el olvido. Disley hizo su tesis de Maestría con el título de “Historia de la fundación y primeros años del teatro Ramón Virgilio Guerrero de la ciudad de Camagüey”, pero como los otros somos los que escribimos los libros publicados en editoriales nacionales, o tenemos un perfil más o menos público dentro del sistema de la cultura, pues enseguida se asocia todo lo realizado en Camagüey, en lo que a cine se refiere, exclusivamente a Luciano Castillo, Armando Pérez Padrón, o el que firma esto.

No le quito méritos a nadie, pero lo que intento es que no caigan en el olvido esas decisiones del directivo principal, sin las cuales hoy Camagüey sería otra de las tantas ciudades que carecen de cines, o en donde a pocos les importa la suerte final de esta zona de nuestra vida: honrar, ya lo han dicho muchas veces, honra.

Como se va advirtiendo, Disley Orama no solo fue mi jefa en todo ese tiempo que trabajamos juntos. Terminamos siendo grandes amigos, y por allí están las fotos en la que ambos estamos en esos cines todavía sin terminar preparando mezclas de cemento y arena o galones de pintura.

Sin la decisión muy personal de Disley, lo he dicho otras veces, el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, que pronto celebrará sus treinta años de creado, ahora no existiría. Pero no solo estoy agradecido en la parte administrativa. Disley fue ese “cuadro” que en varias ocasiones decidió asumir riesgos intelectuales, como cuando le propuse exhibir El super en la Sala Nuevo Mundo, e hicimos un conversatorio sobre el cine realizado por cubanos más allá de la isla. Creo que hasta ahora eso no ha sucedido en ningún otro cine del país.

Yo sé que en Cuba muchas veces confundimos “el puesto” con la persona. Y suele suceder que cuando las personas se desplazan hacia otros sitios o responsabilidades, es como si fuera obligatorio comenzar un nuevo ciclo. Pienso que en realidad deberíamos trabajar con miras a construir un país donde funcionen y sean importantes las instituciones como tal, y no solo las personas que están al frente de ellas.

Por suerte en el Centro del Cine de Camagüey en los últimos tiempos se consiguió conformar un formidable equipo, y ello, habrá que recordarlo siempre, es mérito exclusivo de Disley Orama Esquivel.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el mayo 18, 2016 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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