PENSANDO EN NUEVA YORK, CAMAGÜEY, Y LOS MILAGROS

Desde hace algunas semanas ando con el cuerpo en Nueva York y la cabeza en Camagüey. O dicho de otro modo: con el lado izquierdo del cerebro en La Gran Manzana, y el derecho en “El Callejón de los Milagros” de nuestro Paseo Temático vinculado al cine.El Callejon de los Milagros

No importa que la despampanante publicidad que viene sobre uno mientras se camina la Quinta Avenida o Broadway, me recuerde de un modo más bien brutal que vivimos en un lugar marcado por el subdesarrollo. Y no importa que admitamos que la precariedad tecnológica y la disponibilidad de recursos financieros van a impedir que muchos de los sueños de animación de ese lugar se cumplan de inmediato. Pero si sigo soñando con impulsar en Camagüey este proyecto de animación socio-cultural “El Callejón de los Milagros”, es porque siento que con su desarrollo, estaríamos impulsando no un proyecto más, sino en todo caso, un conjunto de actitudes creativas que beneficiaría a la comunidad.

Se nos ha dicho miles de veces que los cubanos debemos cambiar nuestra mentalidad, y adaptarnos a las condiciones actuales. Para mí ese es el gran desafío que vivimos ahora mismo en Cuba, donde a diario tiene lugar lo que llamo una transición cultural, y el sistema de instituciones, sin embargo, no reacciona a la misma velocidad: en sentido general, se sigue asumiendo la cultura (sobre todo su consumo) de la misma manera en que se interpretaba hace veinte años.

De lo que hablo es de la necesidad de entrenarnos en el uso creativo de las tecnologías que tenemos a la mano, más que en la acumulación de dispositivos sofisticados a los que, probablemente, nunca llegaremos a explotar en el plano cultural creando nuestros propios contenidos.

Cada vez que acá en Nueva York llego a un lugar donde la tecnología se muestra en todo su esplendor, obviamente quedo deslumbrado. Pero pasado ese primer instante, me pongo a observar a las personas que están haciendo uso de esas tecnologías, y siento como si estuviera en presencia de personajes que se replican en un molde interminable. Como si el comportamiento público estuviera obligado a reaccionar del modo en que los aparatos indican, y no a la inversa.

Esta observación de campo me permitió entender mucho mejor lo que Barack Obama, el presidente de la nación más poderosa del mundo actual, anotaba en aquel discurso que ofreciera en el mes de enero, al hablar del estado de la Unión. Entonces mencionó el tema de la creatividad tecnológica, que es, a mi juicio, uno de los asuntos menos atendidos en los programas públicos que se establecen en Cuba.

Allí las políticas generales buscan proteger, al menos en el texto, los derechos asociados a la justicia social y a la igualdad. Y hay miles de jóvenes talentosos graduados en ramas vinculadas a las ciencias tecnológicas. Pero, ¿basta con garantizar el simple acceso a esos saberes? ¿Basta con graduarlos? ¿De qué manera podríamos garantizar que quienes concluyen sus carreras sientan que la creatividad personal la puede ejercer allí, en su comunidad, en vez de apostar con su talento en otros lugares que están fuera de Cuba?

El discurso de Obama, obviamente, está pensado desde su posición (que es la del gran Poder), y uno sabe que nunca estará aludiendo a las grandes contradicciones que genera el sistema, y al montón de perdedores que sencillamente no participan de esas ganancias que él expone orgulloso, como si fueran representativas de todos los que viven acá. Pero lo que me interesa resaltar ahora son las maneras en que promueve a los emprendedores.

“Hemos defendido un Internet abierto y tomado nuevas medidas ingeniosas para que cada vez más estudiantes y estadounidenses de bajos ingresos tengan acceso a Internet”, dice en su discurso, y añade: “Hemos establecido una serie de centros de fabricación de última generación y herramientas en línea que proporcionan a los emprendedores todo lo que necesitan para crear una empresa en un solo día”.

Otras veces he apuntado que no es únicamente el acceso libre a Internet lo que garantizaría que el neoanalfabetismo funcional se liquide. Con la Internet libre garantizamos el acceso a la información, que es un derecho universal, pero la información por sí sola no estimula la creatividad. Al contrario, puede acomodar a los individuos en su papel de simples consumidores de los que otros dicen, escriben, o filman, y no los incita a desarrollar un pensamiento crítico y creativo que esté en función de sus proyectos personales o comunitarios.

El proyecto de Camagüey intenta partir de esa convicción. De allí que nos parezca importante el trabajo con niños y adolescentes, no con el fin de obligarlos a que vean en sus dispositivos contenidos que a los adultos nos parecería correcto o recomendables, sino precisamente a estimular en ellos ese uso crítico. Y es allí donde se necesitaría un cambio de mentalidad que deje atrás las insularidades que hasta ahora nos han estado asediando, para impregnar al proyecto de sinergias donde lo creativo sea el resultado de la interactividad, y no de las prácticas aisladas.

Sé que este desafío para algunos suena a novela de Julio Verne, precisamente porque seguimos atados a los hábitos mentales de la época analógica heredada del siglo XIX. Y no acabamos de comprender que la revolución electrónica nos está facilitando el acceso a esa creatividad. Las diferencias en términos de posesiones siguen siendo abismales, y, lamentablemente, se acentúan cada vez más. Pero yo hablo de la posibilidad de crear con lo que tenemos a mano, y que puede poner a la par a alguien que vive en Camagüey y usa la Internet de la UNEAC (con todo y lo pésimo de la conexión), y el emprendedor que en algún garaje escondido de Nueva York ahora mismo, sin un centavo en su bolsillo, crea determinadas aplicaciones que pronto introducirá en el mercado. A nosotros nos interesaría introducir esas ventajas en la comunidad, con beneficios para la educación y la cultura en primer lugar.

Por fortuna en Camagüey no todos son escépticos, y desde allá me llegan noticias alentadoras. Como que el proyecto “El Callejón de los Milagros” está siendo finalmente respaldado por la AHS, el Centro de Cine, el Sectorial de Cultura, y la Universidad de Camagüey. Y esta otra que me alegra muchísimo: que tendremos una segunda edición del “Encuentro de Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” en el mes de abril.

Con esas noticias, ¿quién no tiene deseos de seguir soñando en Camagüey? No importa que los sueños sean difíciles de lograr, o que no se logren. Lo importante es soñar, que es la base de la creatividad.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el mayo 17, 2016 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ, CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: