GARCÍA-ESPINOSA SOBRE LA MADUREZ DEL CINE CUBANO

He leído con interés el obituario firmado por el crítico Joel del Río en On Cuba, a propósito de la reciente muerte del cineasta Julio García-Espinosa. Y me emociona esa cita que hacia los finales nos deja, y en la que Julio habla sobre la necesidad del debate desprejuiciado.

Siempre me ha interesado leer la historia del cine cubano como un proceso todo el tiempo en movimiento, antes que como una sucesión de fotos fijas. Lamentablemente la modalidad de comentar la Historia aislando temporalmente aquello que se estudia y fijándola en unos pocos párrafos, suele llevar ventaja. Por eso seguimos hablando de PM o Alicia en el pueblo de Maravillas como si fueran cosas caídas del cielo, sin vínculo alguno con esa realidad humana que propiciara su existencia.

El Julio que comenta esto que cita Joel del Río no era el mismo que hizo El Mégano o Aventuras de Juan Quinquin, pero sí era el mismo pensador incómodo de siempre. Por eso cuando descubro a alguien así me doy el lujo de pensar en voz alta con él, y automáticamente, me siento menos solo.

Juan Antonio García Borrero

“He tenido que llegar a la conclusión de que el momento de mayor madurez en el cine cubano fue cuando se logró crear un ambiente de debate, a partir del principio de no dar por sentado que los militantes del Partido Comunista tenían la verdad absoluta desde el punto de vista político. Y de aceptar que los no militantes podían demostrar con su obra si los asistía alguna una razón política consecuente. Todo ello generó un universo político en el cual había directores dogmáticos y otros liberales, pero todos eran respetados y así se lograron algunas buenas obras desde el punto de vista artístico y político. Se respetó la posición de cada cual, en lugar de silenciarlo y echarlo a un lado. Esas posiciones se confrontaban, por eso el debate nuestro nunca fue meramente estético, sino también ideológico y político en los sentidos más altos de esas palabras. Ese fue el ambiente que propició la unidad en cuanto a la defensa de la soberanía. Los cineastas que se quedaron en Cuba a veces ni siquiera estaban a favor del proyecto socialista, pero todos veían que el proyecto social de la Revolución era la garantía de una posición consecuentemente antiimperialista, y esa era la base de la unidad en el ICAIC. Me duele que se haya perdido esa atmósfera de debate, porque estoy seguro que ahí radica la base para que entre diez películas resulten buenas por lo menos tres. No es un problema de conseguir buenos guiones sino de tener un proyecto común que alimente una diversidad consecuente y coherente. Cuando no se obedece a un proyecto común se atomiza la creación y todo el mundo anda con su guión bajo el brazo tratando de conseguir financiamiento. Eso es lo que creo que está ocurriendo hoy” (Julio García-Espinosa)

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Publicado el abril 26, 2016 en Julio García-Espinosa. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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