RÁPIDO Y FURIOSO EN LA HABANA

rapido-furioso-podria-rodarse-cuba-foto-difusionAlgo de vergüenza cae sobre mí al reconocer en público que jamás he podido terminar de ver ni una sola de las siete entregas de Rápido y furioso. Lo he intentado, pero sencillamente no es el tipo de cine que me engancha. Y no se trata de que sea Hollywood, porque la saga de El Padrino es, para mí, imprescindible. Así que admitir que pertenezco a ese uno por ciento de humanos anormales que se aburre con “tanta acción”, no es exactamente cómodo.

Por eso cuando acá en los Estados Unidos me preguntaron sobre qué pensaba de la filmación en La Habana de una parte de la octava entrega de Rápido y furioso, yo sencillamente callé. Creo, como expresé hace un par de días en Bloomfield College, que Cuba ahora mismo está de moda, pero moda al fin, los cubanos corremos el peligro de terminar convertidos en caricaturas a las que, desde el exterior, se miraría como mismo se asiste a la lectura de un cómic.

No es que ahora yo esté pidiendo para los cubanos un modelo de representación que los nacidos en Cuba no practican cuando miran a los extranjeros. Pregúntele al cubano de pie cómo se imaginan a los norteamericanos (a los yumas) o a los españoles (los gallegos), y se comprobará que los argumentos para las quejas se corresponden: también nosotros simplificamos, y fomentamos la economía del juicio.Rapidos-Furiosos-Foto-Entertainment-Weekly_NACIMA20160107_0039_6

Entonces, lo más que podríamos hacer es mantenernos alertas ante lo que vendrá. Leo que según la revista Variety, estas son las ventajas que invitan a rodar en Cuba películas como Rápido y furioso: “las playas y montañas, carreteras, ferrocarriles y algo de una infraestructura de transporte. El país también tiene una industria del entretenimiento con profesionales capacitados. La comida es barata y la mano de obra es sustancialmente menos costosa de lo que sería en los EE.UU”.

La verdad es que yo no sé qué parte de Cuba es la que están describiendo de ese modo. Al menos no es la Cuba que me ha tocado vivir a mí, donde, para empezar, la comida que hay que luchar todos los días (que es lo básico) ni es barata ni es fácil de buscar.

A mí me parece excelente que las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos se normalicen. La cultura, en sentido general, y la audiovisual en particular, pueden ser los dispositivos que mejor contribuyan a que el reconocimiento entre ciudadanos de ambas naciones fluya de un modo natural. Pero para ello es preciso construir escenarios donde la Cuba real, poliédrica, salga a la luz en todo su esplendor.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el abril 21, 2016 en CUBA Y ESTADOS UNIDOS EN EL CINE, LA MIRADA DE LOS OTROS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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